La corrupción nos roba el futuro

Eduardo Costa
Eduardo Costa MEDIO:
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3 de septiembre de 2018  

Cuando se habla de corrupción y se muestran bolsos llenos de dólares entre empresarios arrepentidos y denuncias, entre declaraciones y testigos arrepentidos, entre funcionarios presos y denuncias cruzadas, suele perderse de vista la cuestión básica y quizá más importante: que ese dinero que se roban es dinero público, dinero que tenía que llegar a escuelas y hospitales, que fue aportado por los impuestos de los vecinos para cambiar nuestra realidad y que fue desviado por funcionarios corruptos a sus propios bolsillos.

La corrupción es la que nos roba el futuro y nos deja sin esperanzas, sin caminos, sin destino. Es la que nos impide crecer y nos pone un freno.

No se trata solo de funcionarios que se volvieron rápidamente millonarios, sino de ciudades enteras que se quedaron sin escuelas, sin salario para los maestros y sin gasas en los hospitales.

Santa Cruz lleva años de crisis financiera porque el kirchnerismo aplicó en la provincia un modelo económico basado en el empleo estatal y en el control de todos los movimientos económicos y financieros.

La provincia tiene hoy una dependencia impresionante del empleo público, con sueldos retrasados y prácticamente congelados desde hace más de dos años.

La corrupción impregnó en Santa Cruz todos los estratos del Estado.

Las principales empresas constructoras fueron compradas por Lázaro Báez y los amigos del poder para manejar las obras públicas, que, en muchos casos, no se concretaron, tenían increíbles sobreprecios o eran de pésima calidad.

Los cuadernos de Centeno dejan a la vista lo que en Santa Cruz era un secreto a voces: bolsos, sobreprecios, dineros públicos saqueados por una banda que estaba en el poder solo para llenarse los bolsillos.

Santa Cruz es el reflejo de un modelo que no buscaba el bien común, sino la acumulación de dólares para comprar poder y así permanecer. Ese era el único objetivo del kirchnerismo y ese sigue siendo el único objetivo del kirchnerismo hoy en Santa Cruz. No les importa mejorar la educación, transformar la provincia, crear empleo, mejorar la calidad de vida de los vecinos. Los prefieren dependientes, sumisos y callados. Por eso reprimen manifestaciones, castigan opositores y persiguen al que piensa distinto.

Cuando aparecen los bolsos repletos de dólares, las propiedades invaluables, los campos, los negocios, las empresas y los relatos de la corrupción solo quedan dos caminos: mirar para otro lado o trabajar para cambiar la realidad. Mirar para otro lado es una costumbre que se ha hecho carne en muchos momentos en mi provincia. Era más fácil no ver que sumarse a los pocos que denunciaban la instalación de un modelo que buscaba hacerse de los bienes públicos y usarlos como propios.

Mirar para otro lado no implica ser cómplice, pero sí implica no comprometerse con lo que pasa en nuestra comunidad. Era y sigue siendo el camino más fácil, el más transitado y el más rápido. Pero también es el más corto porque, tarde o temprano, eso que se están llevando afectará a los que no miran o no quieren ver, porque implicará menos recursos para salud y educación, menos desarrollo, menos crecimiento y menos libertades.

Los que se llevan millones de dólares de obras que no hacen o que tienen sobreprecios se están robando en esos bolsos el futuro de miles de vecinos que no van a tener oportunidades para desarrollarse y crecer, que no van a tener seguridad ni empleo, que no van a tener salarios dignos ni hospitales en condiciones.

Santa Cruz es una provincia rica, millonaria, llena de los mejores recursos naturales que el mundo demanda. Tiene un litoral marítimo increíble. Tiene oro y plata, recursos que la convierten en la provincia que más exporta estos minerales. Tiene petróleo y gas, y tiene los más bellos paisajes que sorprenden al mundo. Pero, al mismo tiempo, tiene graves problemas sociales, altos índices de pobreza y trabajadores que no llegan a fin de mes. Tiene hospitales sin insumos y falta de médicos. Tiene inseguridad y violencia en sus ciudades. No tiene escuelas ni universidades que formen a nuestros hijos pensando en el futuro y con una educación de calidad, porque los recursos no alcanzan para pagar sueldos dignos a los maestros, no hay clases y las escuelas no están en condiciones.

Santa Cruz tiene una desesperanza y una falta de motivación que la muestran anodina y cansada.

Senador nacional por Santa Cruz

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