Ovación, travesaño y asistencia: así fue el regreso de Darío Benedetto a la Bombonera

Benedetto, otra vez en la Bombonera Fuente: FotoBAIRES
3 de septiembre de 2018  • 07:30

Mucho tiempo esperó Darío Benedetto para vivir el momento que experimentó anoche en la victoria contundente de Boca a Vélez por 3-0. Posiblemente, desde aquel 19 de noviembre de 2017 tan frustrante, producto de la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha ante Racing. Su retorno a la Bombonera, otra vez con los cortos puestos, tal vez no fue idéntico a su sueño, pero muy satisfactoria.

No había puesto un pie en el campo de juego, cuando se disponía a reemplazar a Ramón Ábila a los 28 minutos del complemento, pero la parcialidad boquense ya había dejado en claro lo que el Pipa significa para ellos: una ovación tan estruendosa como conmovedora, entre gritos de emoción y aplausos interminables. El N°9, en tanto, lo vivía a través de una cara que variaba entre la concentración y la felicidad de sentir otra vez la sensación de estar en su lugar en el mundo.

La ovación a Benedetto cuando ingresó

Sin un gran nivel, sin ser el temible atacante que todos conocen, por una cuestión lógica que se explica a partir de su larga inactividad, igualmente él se las rebuscó para imponer su sello. Primero, Alexander Domínguez y el travesaño le negaron su reencuentro con el gol tras un disparo potente, pero luego, con un toque sutil de primera y con su pierna zurda, dejó a Sebastián Villa de cara al tercer gol que cerró la goleada ante los de Gabriel Heinze. Una característica con la que también se destacó ante Libertad, en Paraguay, por la Copa Libertadores.

Domínguez y el travesaño le dijo no al Pipa

La asistencia de Benedetto a Villa

Porque Boca no había arrancado bien su partido en tierras guaraníes, pero ahí apareció el goleador, en un rol inédito de asistidor. El xeneize lo igualó gracias a un movimiento inteligente suyo para quedar mano a mano, pero fue buen compañero y le cedió el gol a Cristian Pavón. Y lo dio vuelta con una vaselina pintoresca para que Mauro Zárate gritara el suyo. Una función con la que quizás el hincha, que prefiere volver a celebrar sus tantos, se deba familiarizar mientras él busca otra vez ser el de antes. Aunque, claro, no está nada mal para empezar.

Los de azul y oro ya sabían que los tres puntos se quedaban en casa, pero con su regreso al césped de la Bombonera, el Pipa decidió ponerle un gustito más dulce a la cuestión sobre el final para que la gente siga delirando con su retorno.