El independentismo catalán prepara la lucha y Sánchez propone referéndum

Sánchez defendió la celebración de un referéndum sobre el autogobierno en Cataluña para resolver la crisis independentista (DPA)
3 de septiembre de 2018  • 12:01

MADRID.- Arranca septiembre y, con la proximidad de la "fecha patria" catalana, el gobierno español se prepara para otra etapa conflictiva con su administración regional, que respalda el plan de lucha del radicalismo independentista y su anuncio paro y movilización generalizada.

"Esperemos que prime la inteligencia y que no se insista en los errores del pasado", previno el presidente español, Pedro Sánchez , en alusión al fallido intento independentista de hace ahora un año, que marcó el final para el gobierno del fugado ex presidente Carles Puigdemont .

En un intento por aplacar los ánimos, Sánchez acaba de ofrecer un "plebiscito" a los catalanes. Pero no sobre autodeterminación, como quieren los independentistas, sino sobre autogobierno, que es algo que -con mayor o menor dosis- ya tienen.

"Creo que la solución pasa por someter a votación una fórmula que "fortalezca" el autogobierno de la región", dijo Sánchez, en declaraciones radiales.

"Una votación no puede ser por la independencia o la autodeterminación, sino por un fortalecimiento del autogobierno de Cataluña", precisó.

Resistencias

Pero, al menos en sus primeras horas de andadura, la idea no parece haber convencido ni a independentistas ni al resto del arco constitucional.

La autonomía del gobierno catalán "no puede ampliarse más", porque ya no queda espacio para "descentralizar" ni tampoco se puede permitir que una comunidad "rompa con las demás el equilibrio de igualdad" con las demás, sentenció Pablo Casado, presidente del derechista Partido Popular (PP), el que mayor cantidad de bancas tiene en el Congreso.

La oferta de Sánchez intenta alimentar una "vía de diálogo y de solución política" para la irresuelta crisis catalana, en momentos en que las plataformas independentistas, con el aliento del gobierno regional, calientan motores para dos semanas que prometen ser tensas.

Los llamados Comités de Defensa de la República (CDR) anuncian movilizaciones, protestas callejeras y un "paro de país" para los próximos días, en coincidencia con la celebración, la semana que viene, del "Día de la Diada", considerada la "fecha patria" del nacionalismo catalán.

"Es hora de luchar contra el Estado español injusto", respaldó el presidente del gobierno autonómico, el independentista Joaquín "Quim" Torra.

El líder catalán -quien tomó el gobierno en reemplazo del fugado Puigdemont- reclama al gobierno nacional que "haga algo" y que "instruya al fiscal" en favor de la liberación de los líderes independentistas que, tras la frustrada declaración separatista, están presos por rebelión.

Efervescencia en Cataluña

En línea con el plan de lucha de las plataformas radicales, Torra amenaza con una "movilización permanente" y con "ir hasta el final".

Eso, en el caso de que -como es probable que suceda- haya sentencias condenatorias en la causa judicial que se abrió con el intento de referendo separatista del pasado primero de octubre, al que luego siguió la fallida declaración unilateral de república.

"Cualquier sentencia que no sea la absolución será injusta", sostuvo Torra que, en un lenguaje alejado del diálogo político y la pacificación que escenificó semanas atrás con su visita al presidente Sánchez en Madrid, propuso que el independentismo "recupere la iniciativa" política.

Se espera que en las próximas horas Torra de a conocer la agenda política del curso político que arranca esta semana, en coincidencia con el final del período formal de vacaciones en España.

El discurso del Rey

El panorama no es alentador para el diálogo político que viene ofreciendo Moncloa.

Los CDR anuncian movilización intensa, sobre todo, entre el 11 de septiembre -Día de la Diada- hasta el 3 de Octubre, en que se cumple un año del discurso en el que el rey Felipe VI acusó a la Generalitat catalana de "deslealtad inadmisible" hacia los poderes del Estado y la Constitución jurada por los españoles.

Aquel discurso, que en Madrid se celebró como un gesto de claridad y firmeza constitucional, marcó una ruptura con el independentismo catalán, que -sin éxito- exigió al Rey que "pidiera disculpas" por sus "exabruptos".

En esa ocasión Felipe sostuvo que, con su ruptura unilateral, el independentismo catalán había obrado "de modo irresponsable", situándose "al margen de la democracia"

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