Una constante argentina: impuestos "transitorios" que llegan para quedarse

La vigencia temporal, una marca con la que nacieron Ganancias, el IVA y el impuesto al cheque
La vigencia temporal, una marca con la que nacieron Ganancias, el IVA y el impuesto al cheque
Silvia Stang
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3 de septiembre de 2018  • 18:01

Pensado al amparo de una situación de emergencia fiscal, el gravamen sobre los créditos y débitos bancarios, más conocido como impuesto al cheque, fue establecido por ley en 2001 para estar vigente hasta diciembre de 2002. Tras sucesivas prórrogas, y aunque amplió progresivamente y para algunos contribuyentes la posibilidad de tomar pagos a cuenta de otras obligaciones fiscales, 17 años y medio después el impuesto sigue en pie. Y en el primer semestre de este año su recaudación representó casi el 10% de los recursos tributarios totales del Estado nacional.

No es el único caso de un impuesto que nace con el rasgo de la temporalidad y que luego perdura por años. Razones como las emergencias económicas, las dificultades para tomar decisiones políticas que siempre caen mal en uno u otro sector de la sociedad, y también temas más formales como restricciones constitucionales, llevaron a establecer tributos con fecha de vencimiento. Pero la historia suele seguir con la extensión de los plazos de vigencia.

Así, el esquema transitorio de derechos a la exportación será un capítulo de esa dinámica de imposiciones dispuestas por un tiempo determinado. Según anunció hoy el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, hasta diciembre de 2020 se aplicará una carga de $4 por dólar en el caso de las exportaciones primarias y de servicios, y una de $3 por dólar en las ventas al exterior de otro tipo.

El impuesto que tiene la historia más extensa de prórrogas es el que grava los réditos y que fue creado en 1932, bajo la presidencia de Agustín P. Justo y con el telón de fondo de los efectos de la crisis económica mundial. Mucho más conocido ahora como Ganancias, se trata de un tributo que, en la teoría, no es considerado en general distorsivo por economistas y tributaristas (algo que sí ocurre con el tributo a los movimientos de dinero en el sistema bancario).

Sí es una realidad que en los últimos años quedó distorsionado por los efectos de la inflación sobre los ingresos y por la falta de una actualización adecuada que evitara una suba del peso de la carga fiscal. Recién a partir de este año, todos los parámetros del impuesto que afecta a los ingresos personales se ajustan en función de la evolución de un índice salarial.

Que el nacimiento de un tributo se produzca en una situación de emergencia no demuestra por sí mismo lo adecuada o inadecuada que puede llegar a ser para la economía. En el caso de Ganancias, el tributarista César Litvin explica que es un impuesto que existe en todo el mundo, y que el hecho de que fue creado con vigencia por un año respondió a las posibilidades de establecer normas en materia impositiva que tenía el gobierno nacional.

"A la Nación se le reservaron los impuestos al comercio exterior, mientras que los directos les corresponden a las provincias porque en ellas se producen los ingresos", comentaba en su momento Juan Bautista Alberdi respecto de la Constitución Nacional de 1853. La manera de salvar esa restricción, señala Litvin, fue establecer un impuesto por un tiempo determinado y justificado por un estado de emergencia. Luego el impuesto se fue prorrogando en forma continua (ahora, por caso, está vigente hasta diciembre de 2022).

"Ganancias es muy relevante, es un impuesto que ya está arraigado y tiene garantizada su continuidad; su recaudación en 2017 representó el 5,3% del PBI", sostiene el economista Nadin Argañaraz, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

Las distorsiones que sufrió este impuesto en los últimos años hicieron su aporte al incremento de la carga tributaria, medida como porcentaje de la recaudación de impuestos sobre el producto bruto interno (PBI). Sumando impuestos nacionales, provinciales y municipales y según datos aportados por el Iaraf, mientras que en 2001 (cuando se creó el impuesto al cheque) ese índice era del 21,4%, en tanto que en 2013 llegó a un pico de 33,8% y en 2017 fue de 32,7%.

Otro caso de temporalidad superada en la historia tributaria argentina es el del IVA. "El impuesto se creó en 1975 con una alícuota del 13% y en reemplazo del impuesto a las ventas, que era nacional, y del impuesto a la actividad lucrativa, de carácter provincial", explica Litvin. Al poco tiempo, agrega, las jurisdicciones crearon Ingresos Brutos (una suerte de regreso de aquella carga antes anulada) y la alícuota del IVA se incrementó. La última suba, que la llevó del 18% al 21%, se aprobó en 1995 y por un plazo de un año. Esa alícuota es la que hoy sigue vigente.

"Desde que asumió, este Gobierno puso eje en bajar la presión fiscal y una de las primeras medidas fue derogar retenciones; ahora vamos en sentido opuesto", afirma Litvin, que agrega que los exportadores se encuentran hoy con un dólar que "ni soñaban" y que desde el punto de vista de la situación de emergencia la decisión es justificable. Pero desde lo conceptual, considera que la carga sobre las exportaciones es mala porque afecta la competitividad de nuestra economía. "Y el argentino está incrédulo de que algo que se dice que es transitorio, sea así", concluye.

Argañaraz considera que lo positivo sería que haya un cambio sustancial para revertir el desequilibrio fiscal. "Quizá estemos ante un momento de sinceramiento y se tomen decisiones; ojalá el año que viene se discuta cómo vamos a resolver el problema fiscal", dice. Y agrega que sigue pendiente ese debate, que incluye al menos tres "cómos": cómo gastar eficientemente, cómo organizar el gasto a nivel Nación, provincias y municipios y cómo hacer para penalizar lo menos posible a la actividad privada.

Y analiza: "Este Gobierno, a dos años y ocho meses, tiene que cambiar el sentido de su política. que era de reducción de impuestos y recurrir a una imposición por una cuestión transitoria para financiar una reducción del déficit".

Con la colaboración de Andrés Krom

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