Las negociaciones truncas con la UCR

Fuente: Archivo
Los sondeos con Sanz, Prat-Gay y Lousteau para sumarlos al gabinete fueron accidentados y terminaron en nada
Laura Serra
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4 de septiembre de 2018  

"Si te fijás, el nuevo gabinete es el reflejo fiel de la Fundación Pensar. Es Pro puro", se lamentaba ayer un encumbrado dirigente de Cambiemos una vez que se frustraron las negociaciones para que tres figuras de peso del radicalismo - Ernesto Sanz , Alfonso Prat-Gay y el recién llegado Martín Lousteau - ingresen en el nuevo elenco gubernamental de Mauricio Macri.

En rigor, en aquellas negociaciones nunca hubo un ofrecimiento formal en boca del Presidente hacia Sanz, Prat-Gay, Lousteau u otro dirigente radical para integrar su gabinete. Fueron sondeados a través de intermediarios en las infinitas reuniones que tuvieron lugar el pasado fin de semana en Olivos. A quien primero se tanteó fue a Prat-Gay, eyectado de mala manera del Gobierno a fines de 2016 como ministro de Hacienda y Finanzas. El llamado partió el sábado pasado de Rogelio Frigerio, ministro del Interior: le sugirió la posibilidad de reemplazar a Jorge Faurie en la Cancillería. Prat-Gay no cerró la puerta, pero consideró que su ingreso debía ser acompañado de una mayor participación de la UCR en el gabinete, convencido de que en un momento de crisis la gestión debía ganar en volumen político.

Al día siguiente, desembarcaron en Olivos los tres gobernadores radicales -Alfredo Cornejo, presidente de la UCR; Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes)-, junto a los presidentes de los interbloques Mario Negri y Luis Naidenoff. Con ellos iba Sanz. En Olivos los esperaban el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal; el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis.

Los radicales no vieron a Macri hasta bien entrada la noche, cuando finalizó el partido entre Boca y Vélez. Solo en ese momento el Presidente le preguntó a Sanz si ingresaría como ministro de Defensa.

El mendocino repitió lo que ya les había dicho a sus interlocutores de Pro cuando le insinuaron esa posibilidad. "Yo no vengo a ocupar ningún cargo, además no sé nada de Defensa y ese puesto ya lo ocupa un radical [por Oscar Aguad]", fue la respuesta de Sanz. Frigerio ofreció su cargo; entendió que el único puesto que podía calzar al mendocino era el de ministro del Interior.

Los radicales partieron a la casa de Prat-Gay para deliberar. Allí estaba Lousteau: Rodríguez Larreta había lanzado su nombre para ocupar el Ministerio de Educación. Las malas lenguas sugieren que fue una jugada del jefe de gobierno porteño para desembarazarse de su rival en la pelea electoral por la gobernación de la Capital en 2019.

Pero Lousteau contaba con un veto: el de Elisa Carrió. La líder de la Coalición Cívica no iba a tolerar que un ahijado de Coti Nosiglia -su enemigo político en la ciudad- desembarcara en el gabinete nacional.

Así transcurrió la afiebrada tarde del domingo, en medio de conciliábulos y elucubraciones políticas que, en definitiva, no llegarían a nada.

Se llegó a ese desenlace cuando el radicalismo comprobó que el Presidente no tenía intención de cambiar su esquema de toma de decisiones, máxime al confirmar a Peña como su lugarteniente. Tampoco de convocar al PJ Federal a un acuerdo amplio de gobernabilidad.

"No teníamos garantías de que el gabinete fuera a tener una presencia política más fuerte, de que finalmente se iba a confluir hacia una coalición de gobierno", sintetizó uno de los presentes.

Igualmente el radicalismo no descarta que, en un futuro y pasada la tormenta financiera, el Presidente decida incorporar nuevos nombres en su elenco.

"Para nada está descartado que Alfonso [Prat-Gay] ingrese en el gabinete como canciller. Una vez que concluya la reunión del G-20, a fines de noviembre", indicaron.

Otros radicales son escépticos. "Todo depende de Macri. Por ahora las señales son más de lo mismo", se lamentan.

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