Del operativo "repatriación" a la fallida renovación

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
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4 de septiembre de 2018  

La secuencia del fin de semana más crítico desde que el macrismo llegó al poder se inició el sábado a la mañana con una reunión cerrada del núcleo embrionario del oficialismo. Mauricio Macri, Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta tomaron allí dos decisiones esenciales. Una, que pese a los reparos presidenciales se debía avanzar en una reformulación profunda del equipo gubernamental para ser anunciada antes de la apertura de los mercados, debido a la emergencia política y económica. La otra, que ninguna variante podría incluir la salida del jefe de Gabinete, considerado por Macri la esencia de su gobierno. Si él partía, cambiaba el ADN del Gobierno.

Lo que siguió después fue una frenética secuencia de reuniones y gestiones totalmente descoordinadas, en varios pasajes con Macri ausente, que al final del camino terminaron transformando lo que iba a ser una amplia renovación política para oxigenar el Gobierno en un simple recorte del número de ministerios.

La mayoría de los actores que tuvieron participación activa en las negociaciones terminaron extenuados y desilusionados. La foto de ayer con once funcionarios que ya integraban el gabinete no era lo que habían imaginado. Algo falló entre esa cumbre del sábado a la mañana y la foto consuelo de ayer al mediodía. Y peor aún: varios referentes importantes de Cambiemos están convencidos de que esa imagen es transitoria, ya que la endeblez de la nueva conformación ministerial no está en condiciones de soportar nuevos vendavales. "Dentro de pocos días vamos a tener otra crisis", pronosticó uno de los ellos. Tampoco Vidal y Rodríguez Larreta, dos de los principales promotores de los cambios, quedaron conformes.

Una de las razones principales del fallido movimiento fue lo que anoche denominaban "operativo repatriación". Carlos Melconian, Alfonso Prat-Gay, Martín Lousteau y Ernesto Sanz fueron parte del equipo de Macri y la mayoría de ellos se fueron por discrepancias con Peña, el único inamovible. "Era incompatible. Los llamaron para ofrecerles consolidar la continuidad de Peña", relató uno de los partícipes de Olivos. Pese a ello, la posibilidad de que Prat-Gay finalmente se integre sigue en pie. "Necesita un tiempo de maduración", explicaron. Hay quienes dicen que lo de Melconian en Economía tampoco estaría del todo caído. "Pidió diez días", aseguró una fuente. En el entorno del economista lo niegan. A la misma hora, Nicolás Dujovne embarcaba hacia Washington para renegociar el acuerdo con el FMI.

El otro inconveniente fue la dinámica de la negociación con el radicalismo. Prat-Gay y Lousteau habían sido sondeados el sábado directamente desde el Gobierno en un intento por darle mayor volumen al gabinete. Ambos se mostraron sorprendidos por cierta desprolijidad y declinaron amablemente, Prat-Gay dejando alguna expectativa abierta y Lousteau sin ningún interés en hacerse cargo de Educación. Cuando el domingo se abrió la conversación orgánica con el radicalismo, Sanz rechazó hacerse cargo de Defensa porque no es su área y porque para él no tenía sentido hacer un mero cambio de nombres para mantener la presencia de la UCR. Sin embargo, se mostró interesado en reemplazar a Rogelio Frigerio en Interior.

El macrismo le pidió entonces a la comitiva liderada por Alfredo Cornejo una propuesta más integral. Los radicales se retiraron de Olivos y cuando volvieron ofrecieron junto con Sanz a Prat-Gay y a Lousteau, pese a que estos dos últimos no estaban de acuerdo. Finalmente todo se cayó. Los radicales tampoco tuvieron éxito en su presión para que Salud mantuviera su estatus. "Las únicas veces que se eliminó el Ministerio de Salud fue con dos dictaduras que derrocaron a gobiernos radicales: Uriburu y Onganía", recordó uno de los negociadores. Gerardo Morales también bregó sin éxito por sostener Trabajo. Pese a todo, los radicales creyeron haber logrado un ligero avance: por primera vez sintieron que estaban cerca de la cocina de las decisiones. Pero la relación entre el núcleo macrista y la UCR quedó dañada. Las desprolijidades del fin de semana consolidaron los prejuicios mutuos. Elisa Carrió contribuyó a ello, disgustada con sus excorreligionarios.

En este nuevo gabinete de transición se prevé una dinámica diferente. La salida de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui implica el final del sistema de control sobre los ministros, esa creación de Macri que tantos roces generó. En su primer mensaje al "nuevo viejo" equipo, el Presidente planteó su idea de revalorizar a cada funcionario sin tanta dependencia de la Jefatura de Gabinete. "Se habló de tener una relación más directa con Mauricio, no más controllers", reseñó uno de ellos. Una visión más clásica. Pero el problema mayor no es de funcionamiento, sino de autoestima: de los once ministros que quedaron, solo tres estuvieron firmes en sus cargos durante todo el fin de semana. Saben que son un blanco móvil.

El gabinete no solo no se amplió políticamente, sino que emergió del fin de semana más devaluado. Lo mismo que le pasó a Macri.

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