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Pepe Fernández, "embajador" de los argentinos en París, homenajeado en BAphoto

Pepe Fernández Sin título (Carnac, Bretaña), 1984
Pepe Fernández Sin título (Carnac, Bretaña), 1984 Crédito: Gentileza BAphoto
Daniel Merle
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5 de septiembre de 2018  • 00:00

La vida profesional de un artista está atravesada por una cantidad de variables. La principal es su producción creativa. Pero luego hay un aspecto que puede ser determinante, que es la inserción en el campo en el que desempeña su trabajo artístico. Un espacio de acción social y de influencia, como diría Pierre Bourdieu. Sin el reconocimiento de sus pares primero, y de un círculo cada vez más amplio a medida que desarrolla su obra, su existencia como artista es, por lo menos, puesta en cuestión.

Francisco Medail, curador de la muestra homenaje auspiciada por IRSA en BAphoto , se propuso rescatar el trabajo de un artista que no trascendió en su momento en el campo de la fotografía. Se trata de Pepe Fernández (1928-2006), solo conocido por sus retratos de intelectuales y deportistas entre los años 60 y hasta principios de este siglo en París, donde vivió casi toda su vida.

Lo que sabemos de Pepe Fernández fotógrafo, hasta ahora, es más que nada su desempeño como corresponsal para editoriales argentinas, que le encargaban fotografiar a todo personaje argentino que pasara por París. Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, María Elena Walsh, Julio Cortázar, Copi, Lalo Schiffrin, Manuel Puig, Jorge Luis Borges, Guillermo Vilas, Carlos Monzón, y la lista sigue.

Pepe Fernández Sin título, 1980
Pepe Fernández Sin título, 1980 Crédito: Gentileza BAphoto

Pepe Fernández fue siempre un buen amigo de sus amigos, en una época de exilios románticos, o por lo menos no tan duros como los que vendrían después para los argentinos. En Buenos Aires, esta devoción tan sentimental por la amistad hizo que María Elena Walsh (vecina suya en la casa familiar de Ramos Mejía) se enamorara de él. También lo llevó a mantener una relación sentimental con el poeta Juan Rodolfo Wilcok, quien lo introdujo en la casa de Bioy Casares y Silvina Ocampo cuando todavía era un adolescente. Alicia Dujovne Ortiz lo recuerda en su obituario de 2006: "Cuando llegué a París en 1978, me apresuré a llamarlo. No porque lo conociera, sino porque Pepe Fernández representaba, para los argentinos, un papel de embajador. Imposible instalarse en esa ciudad sin apelar al inspirador de la Zamba para Pepe, de María Elena Walsh. Decir 'Pepe' significaba aludir a un símbolo: el de los compatriotas en París".

Pianista frustrado en su juventud, Fernández pasó por todos los trabajos imaginables hasta llegar a la fotografía. Ya convertido en un personaje del jet set parisino, comenzó a escribir crónicas periodísticas para Buenos Aires, y hacía además las fotografías de sus notas. Conoció a German Sopeña (uno de los más queridos secretarios de redacción que haya tenido LA NACION), que a principios de la década de 1970 trabajaba para la editorial Abril. Su cobertura periodística se amplió a las estrellas del deporte, y descubrió el mundo de los vestuarios masculinos. Ahí comenzó a fotografiar asiduamente. En poco tiempo tuvo una galería de desnudos de los deportistas más famosos de la época.

Hugo Beccacece (director del suplemento literario de LA NACION por más de diez años) lo visitó en París en la década de 1990. Fernández le contó acerca de sus modelos: "Son vanidosos. Con que elogies el modo que tienen de pararse frente al mundo, ya se sacan la ropa. ¡Lo toman como una obligación metafísica!".

Pepe Fernandez
Pepe Fernandez

Por primera vez, en esta muestra homenaje, se podrá observar una visión más abarcadora de la fotografía que desarrolló Fernández, ligada a sus relaciones personales y su sexualidad. En su texto curatorial, Medail fundamenta la necesidad de mostrar este aspecto inédito de la obra de Fernández: "En tiempos de retrocesos para la comunidad LGTBIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer), me parece importante poner un poco más de énfasis en esta perspectiva queer en la obra de Pepe Fernández. No sólo por la constante omisión de los medios hacia su sexualidad, sino porque también significa recuperar un perfil de artistas que no estaba presente en nuestra fotografía y darle así una continuidad histórica que lo hace predecesor a los desnudos lésbicos de Alicia D'amico, o inscribirlo en una tradición que luego continúa con las fotografías de Alejandro Kuropatwa en los años noventa"

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