Suscriptor digital

Una crisis que arrancó por las dudas económicas, pero que hoy es impulsada por la incertidumbre política

Crédito: Shutterstock
Javier Blanco
(0)
4 de septiembre de 2018  • 18:20

Así como hace menos de un mes un tuit del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, bastó para voltear 14% a la lira turca en una rueda, el "fuerte respaldo" que el mismo mandatario hizo oficial hoy mediante un comunicado al Gobierno (luego de calificar incluso a la Argentina como un "socio estratégico", tras haber mantenido minutos antes un diálogo telefónico con Macri), no impidió que el peso se deprecie otro 1,6% frente al dólar.

El contraste no pasó desapercibido para los operadores más avezados del mercado que siguen de cerca, además, las febriles negociaciones que inició hoy en Washington la misión argentina que busca un nuevo aval "contante y sonante" del FMI que se traduzca en un adelantamiento de los fondos con que este organismo tenía previsto asistir al país en 2019.

En especial, porque si algo volvió a quedar a la vista es que la caída del peso (reflejada en otro avance de $38,99 a 39,69 del dólar minorista o de $38,20 a $38,88 del mayorista) hubiera sido aún mayor si el Banco Central (BCRA) no volvía a jugar fuerte (subastó US$358 millones en un mercado que negoció apenas US$393 millones, la cifra más baja en meses para una rueda normal) para limitarla. Esto demuestra que la plaza opera condicionada por "la percepción de que el billete mañana puede estar más caro, lo que hace que la oferta privada se mantenga retraída", observa el analista financiero Christian Buteler.

Y, porque, además las acciones argentinas, que insinuaron un rebote tras el comunicado de la Casa Blanca, no pudieron sostenerlo luego, lo que los llevó a cerrar con derrapes de dos dígitos (entre los papeles más negociados), los bonos de la deuda seguían en retroceso, la tasa de riesgo país en alza y los costos de un seguro contra un posible default volvían a coquetear con los máximos superiores a los 800 puntos ya alcanzados al fin de la semana pasada, es decir, antes que el Gobierno le "pida gancho" al mercado para ponerse a trabajar durante el fin de semana en el paquete de medidas anunciado ayer.

La escéptica reacción del mercado se verifica porque la crisis argentina, aunque tiene enormes consecuencias económicas y tuvo incluso esa raíz, pasó a ser política. "El programa anunciado, en general, es positivo. Pero las preocupaciones sobre el alcance de la recesión, la política y sus riesgos de implementación mantendrán los ánimos de los inversores bajos en los próximos meses", había advertido en un informe esta mañana Daniel Chodos, estratega de la banca de inversión Credit Suisse.

Y que a la sostenida desconfianza externa se suman las múltiples señalas sobre la desconfianza local, graficadas en un proceso de huida del peso que dejará a Maurico Macri, quebrando en breve el récord de fuga de capitales que mantenía Cristina Kirchner en un año (US$23.098 millones en 2008), ya que, en lo que va de 2018 (con datos a julio), esa cifra escaló hasta los US$20.027 millones.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?