El mercado da la hora en Córdoba

5 de septiembre de 2018  

Con la sexta edición de la Feria Mercado de Arte Contemporáneo, Córdoba consolida su posición estratégica como centro de comercialización, difusión y legitimación del arte actual en el interior del país.

Más de 65 galerías de la Argentina, Chile y Perú, y obras de 300 artistas fueron reunidas por el curador Elian Chali en el Cabildo histórico y en una gigantesca carpa que se levantó sobre la Plaza San Martín.

Una meca atractiva, poblada de cúpulas y con temperatura primaveral, para coleccionistas y nuevos compradores llegados de todas partes. La estrategia puesta en marcha hace unos días por el intendente Mestre, con su espada mayor en el área de cultura que es Pancho Marchiaro, tiene un objetivo claro: crear una alternancia sólida en el interior del país a la hegemónica arteBA, que durante el último cuarto de siglo lideró el mercado argentino en todos los frentes.

Hay algunas razones para pensar que la dupla Mestre-Marchiaro, con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación, ha dado en la tecla.

En primer lugar, Córdoba tiene un fuerte coleccionismo, arraigado y de larga data, con tres de las mejores colecciones argentinas en manos privadas. En la provincia, además, existe una tradición ligada al arte, desde los tiempos en que Fernando Fader se instaló a pintar en la zona de Ischilin, o Spilimbergo se mudó a Unquillo, en las afueras de la ciudad capital.

En Córdoba viven Carlos Alonso, Remo Bianchedi, Gustavo Piñero, Celeste Martínez, Javier Bellomo, Tulio Romano, Raúl Díaz, Dolores Cáceres y Ananké Asseff, entre muchos buenos artistas, y crece a pasos agigantados una de las más influyentes galerías del panorama nacional como es El Gran Vidrio.

Impulsada por el exgobernador José Manuel de la Sota, la oferta museológica se aggiornó con la puesta en valor del Museo Caraffa y la creación del Museo Evita-Palacio Ferreyra. En este escenario nació y creció MAC, una feria financiada por el municipio, con apoyo franco del ministro Pablo Avelluto y de su secretario de Cultura y Creatividad, Andrés Gribnicow.

Seis años de deberes bien hechos dan como resultado un mercado en expansión y una feria de calidad, con la excelente curaduría de alguien que conoce el paño como es Elian Chali.

Artistas de calado, apasionados coleccionistas y una red de museos que fortalece los vínculos con la comunidad forman el trípode ideal para expandir las ventas, aunque los números de la coyuntura argentina suenen agoreros.

Empresas locales, caso Tarjeta Naranja, apoyan la gestión de la feria, que tiene en el ascendente coleccionista José Luis Lorenzo un aliado de fuste.

Poco después del corte de cintas se cerraron las primeras ventas, en rango de precios muy diversos, que van de los 80 a los 30.000 dólares.

La política de ventas apunta a conquistar nuevos clientes para el mundo del arte.

"No queremos competir por el mismo perfil de comprador de arteBA, buscamos jugadores con más ganas que dólares para sumarlos a las filas del coleccionismo", declara Catalina Urtubey, directora de El Gran Vidrio. En eso están.

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