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Entre julio y agosto, se redujo del 46 al 16% la oposición familiar a la donación de órganos

Fuente: Archivo
Nora Bär
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4 de septiembre de 2018  • 18:50

Aunque muchas veces se cree lo contrario, en el país la mayoría de las familias acepta de buen grado la donación de órganos de un integrante fallecido. "No hay conflicto", dice el doctor Alberto Maceira, director del Incucai. De hecho, eso sucede cada vez más: entre julio y agosto la oposición en esos casos se redujo del 46% al 16%. Según las autoridades del Incucai, éste sería un efecto positivo de la nueva ley de donación y trasplante de órganos recientemente aprobada.

"Los números de donación de agosto son maravillosos; un récord", destacó Maceira, durante un taller sobre el tema hecho entre el Incucai y la Red Argentina de Periodistas Científicos. Pero reconoce que todavía queda mucho por avanzar.

En la Argentina, mueren anualmente alrededor de 330.000 personas. Sin embargo, para ser donante de órganos el deceso debe ocurrir en una sala de terapia intensiva, donde se pueden constatar la muerte encefálica y mantener oxigenados los órganos por medio de la respiración asistida. El año pasado, de 4457 donantes potenciales detectados por el sistema, se concretaron 593 procesos de donación de órganos y 520 de tejidos.

Actualmente, 7701 personas esperan un órgano y 2826, un trasplante de córneas. Aunque la nueva norma dispone que todos somos donantes a menos que se deje constancia de lo contrario, esto solo no basta para hacer crecer las donaciones. Se requiere también mejorar la comunicación con la familia para que acceda al procedimiento que involucra a más de 150 personas. Por otro lado, la experiencia internacional indica que entre los aspectos críticos que pueden mejorar las tasas de donación (número de donantes cada 100.000 habitantes), se encuentra la creación de servicios de procuración en cada hospital, algo que prevé la ley que, en estos momentos, está en proceso de reglamentación.

"En la actualidad, el Incucai posee alrededor de 120 coordinadores en otros tantos hospitales, pero lo ideal sería tener un servicio de procuración en cada uno -explica Maceira-. Para hacerse una idea de lo que significa, solo en la provincia de Buenos Aires hay 76 hospitales." Si tuviera mayor capacidad operativa, el Incucai también podría ampliar las donaciones de órganos aceptando a personas que mueren por "parada cardíaca", que hace más compleja la obtención del órgano. Además, se está incorporando como donantes a personas hasta ahora excluidas del sistema, como los portadores de hepatitis B o C, cuyos órganos se pueden trasplantar a pacientes con las mismas patologías.

En cuanto a la edad, "no hay límite para la donación de órganos -subrayó Alejandro Yankowski, jefe de guardia médica operativa del Incucai-. El único límite que existe es la funcionalidad del órgano, porque incluso los provenientes de individuos mayores de 60, 70 u 80 años pueden ofrecerse a personas de edad similar".

Un proceso transparente

Los criterios de asignación y atribución de órganos y tejidos se realizan de acuerdo con consensos elaborados por los jefes de equipos especialmente habilitados y luego son aprobados por la Comisión Federal de Trasplantes. Por cada fallecido, se genera una lista de posibles receptores de acuerdo con su dolencia, estado clínico y compatibilidad genética.

Para evitar cualquier tipo de manipulación, un algoritmo determina el orden de la lista (quién está en primer lugar y quién, último). "El órgano no se obtiene hasta que está asignado y una vez que el paciente lo aceptó, es suyo -detalla Maceira-. Cada médico ve la lista de sus pacientes y, con un número de registro, cada paciente puede ver la lista y verficar en cuántos 'operativos' participó (en cuántos casos su nombre fue evaluado para recibir un órgano). Son todos datos públicos que están en el sistema informático Sintra. La lista tiene un triple control: del Incucai, del médico y del paciente".

Los criterios de muerte encefálica o cerebral que habilitan el trasplante son muy estrictos y aprobados internacionalmente. "Implica el cese irreversible de todas las funciones del tronco encefálico, la mayor ruta de comunicación entre el cerebro anterior, la médula espinal y los nervios periféricos. Todo esto explica porqué, más allá de las fabulaciones, en toda la historia nunca hubo una denuncia por robo de órganos", señala Yankowski.

El que más falta en el país es el riñón: hay 30.000 personas que se dializan. En particular para estos pacientes, la nueva norma admite donantes vivos de familiares hasta en cuarto grado sin autorización judicial. También se admite la donación "cruzada". Pero lo que no permite la nueva ley son los pedidos de órganos y tejidos para personas individuales en los medios de comunicación: "Tienen un impacto negativo -dicen Maceira y Yankowski-, porque transmiten la falsa impresión de que solo accede al trasplante el que llega a los medios. Y en realidad, la selección, como se dijo, la realiza un algoritmo computacional".

Cada dos horas ingresa un nuevo paciente a la lista de espera, informe Walter Espinoza, coordinador de Comunicación Social del organismo. Todos podemos manifestar nuestra voluntad de ser donantes en el sitio del Incucai, completando un formulario online en "Mi Argentina".

El protocolo

De la ablación al trasplante

Inicio del proceso: Cuando un paciente muere en una unidad de terapia intensiva, el médico a cargo es el que inicia el proceso de donación de órganos y tejidos

Certificación de la muerte: Se constata la muerte de la persona y se certifica el fallecimiento bajo criterios neurológicos

Selección y cuidado de los órganos: Los cuidados intensivos están destinados a mantener la oxigenación de los órganos para garantizar su viabilidad. También se realizan estudios de laboratorio para determinar qué órganos son viables para el trasplante y garantizar la ausencia de enfermedades infectocontagiosas

La expresión de la voluntad: Para saber si el paciente fallecido dejó constancia expresa de su voluntad de donar, se consulta en el Registro Nacional de Expresiones de Voluntad para la Donación.

  • Si la persona manifestó su voluntad afirmativa, se comunica a la familia y se procede a la ablación.
  • Si manifestó su voluntad negativa, se comunica a la familia y se suspende el proceso.
  • Si no hay constancia expresa, se presume que el fallecido era donante y se realiza la verificación de ausencia negativa

Búsqueda de receptores: Con las características biológicas y grupo sanguíneo del donante se inicia la búsqueda de los posibles receptores a través de un sistema informático denominado Sintra. Se toma en cuenta el grado de urgencia de los receptores, la compatibilidad biológica entre donante y receptor, y la antigüedad en lista de espera

Asignación y ablación: Una vez asignados los órganos, los centros de trasplante preparan a sus pacientes para la intervención. Al mismo tiempo, en el hospital donde se encuentra el donante se inicia la ablación

Traslado de órganos: Se realiza con equipos que garantizan su total asepsia. Según el órgano puede conservarse de 4 a 36 horas hasta su implante

El trasplante: Los equipos médicos de los centros de trasplante implantan los órganos a los receptores en una intervención que puede durar entra dos y 10 horas

Por: Nora Bär

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