Nike, patria y deporte

Ezequiel Fernández Moores
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4 de septiembre de 2018  • 22:45

Furiosos, los aficionados viralizan en las redes la quema de sus zapatillas Nike. Lo había avisado Michael Jordan: "los republicanos también compran zapatillas". El ex astro de Chicago Bulls usó esa excusa en 1998 cuando le pidieron que su palabra ayudara a frenar la reelección del senador por Carolina del Norte Jesse Helms, un político racista, homofóbico, amigo de las dictaduras latinoamericanas, del Ku Klux Klan y del apartheid sudafricano. Jordan tenía un contrato de 20 millones de dólares con Nike. Evitó criticar a Helms para no ofender a los conservadores que pudieran comprar sus zapatillas. Helms fue reelegido con más de un millón de votos. Y Nike consolidó con Jordan el matrimonio más rentable en la historia del marketing deportivo mundial. Casi treinta años después, el presidente de Estados Unidos se llama Donald Trump. Y la nueva imagen de Nike es Colin Kaepernick.

Viejos votantes ayer de Helms, hoy de Trump, no soportan a Kaepernick, el jugador que en 2016 inició una rebelión histórica al arrodillarse en señal de protesta cada vez que sonaba el himno de Estados Unidos antes de un partido. Indignados, miles de usuarios gritan que la patria está antes que la zapatilla y piden boicotear a Nike. Sucede a solo horas del inicio este jueves de una nueva temporada de la National Football League (NFL), la liga del fútbol americano, la más millonaria del deporte mundial. En la pretemporada Kenny Stills, de los Dolphins, jugador modelo dentro y fuera del campo por su intenso trabajo social con comunidades de Miami, rezó arrodillado en plena ejecución del himno, apoyado por su compañero de equipo Albert Wilson. Otros jugadores protestaron cerrando sus puños y varios más eligieron esperar en el túnel hasta que finalizara el himno, como sucedió con cuatro jugadores de los Jaguars y tres más de los Sehawks.

Demaryus Thomas y Brandon Marshall (de los Broncos) se arrodillaron en cambio dentro del vestuario. Thomas, que creció en una iglesia tras el arresto de su madre y se tatuó la palabra "Familia", firmó un contrato de 70 millones de dólares. "La Bestia" Marshall, que tiene un historial de trabajo social y escándalos callejeros, firmó por 32 millones. Todos los jugadores rebeldes ganan fortunas. Privilegiados, pero solidarios, le responden al presidente Donald Trump que ellos sí saben por qué protestan. No contra el himno. Sino porque en Estados Unidos hay cuarenta millones de pobres. Y porque 2018 suma ya casi setecientos nuevos muertos por balas policiales. Y porque la mayoría de las víctimas, y también la mayor parte de los presos, son negros.

Trump dijo que los jugadores rebeldes deberían irse de Estados Unidos. Una funcionaria republicana los llamó "baboons" (babuinos, monos) y pidió que se fueran a Africa. La NFL, corazón conservador, teme a la ira de Trump. Por eso echó primero a Kaepernick y luego a Eric Reid. Y en mayo prohibió protestas dentro del campo, bajo amenaza de multa. Patrones millonarios como Jerry Jones (Dallas Cowboys), gran donante de Trump, amenazaron con expulsar al jugador que proteste aún dentro del vestuario. Kaepernick, que recibió la más alta distinción de Amnistía Internacional, sigue sin hablar, pero posó con una remera con el nombre de Kunta Kinte.

"Cree en algo. Incluso si eso significa sacrificar todo". El comercial de Kaepernick que irritó a miles forma parte del trigésimo aniversario de la campaña "Just do it". Nike, sponsor oficial de la NFL, con un contrato de mil millones de dólares, lanzó su comercial en el Labor Day (el Día del Trabajo en Estados Unidos). Dos días después de que la justicia aceptara la demanda laboral que Kaepernick presentó contra la NFL. Las partes, como siempre ha sucedido, podrían haber llegado a un acuerdo extrajudicial. No lo hicieron porque discuten de algo más que dinero. Muchos critican a Kaepernick porque Nike es una corporación históricamente cuestionada por sus prácticas laborales en fábricas de Asia y acusada de sexismo. No dicen que la NFL, como bien denunció tiempo atrás el fallecido senador John McCain, comenzó a obligar a los jugadores a escuchar el himno solo después de recibir dinero del Pentágono. Patriotas por negocio.

Kaepernick, sin su contrato de 126 millones, amenazado de muerte y volcado a causas sociales, sabe que arriesga. Nike vende zapatillas con los rebeldes, pero sofoca sus rebeliones internas. "¿La revolución será comercializada?", ironizan algunos. Los rebeldes piden que deje de malinterpretarse deliberadamente su protesta. Que el problema es la desigualdad. ¿Y si fuera al revés? ¿Si la misma desigualdad afectara a los blancos o a alguno de los miembros millonarios del gabinete de Trump o patrones NFL? "Si fuera así ni siquiera tocarían el himno", dice en una carta abierta Kareem Abdul-Jabbar. La vieja gloria de la NBA citó los numerosos problemas que está sufriendo la NFL, desde sus jugadores arruinados por los golpes hasta Kaepernick. Kareem ironizó recordando un célebre incidente en el Superbowl de 2004 "¿Recuerdan cuando el gran problema era que se le había visto un pezón a Janet Jackson?". Janet, por suerte, no estaba cantando el himno.

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