Nueve años después, el romance con Del Potro continúa

José Luis Domínguez
Fuente: AFP
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4 de septiembre de 2018  • 22:56

NUEVA YORK - Luces de neón, torres que se pierden entre las nubes, multitudes aquí y allá. Y mucho cemento y ritmo vertiginoso. En la inmensidad de Nueva York, Juan Martín del Potro suele sentirse a sus anchas, como si fuera su otro lugar en el mundo, después de las sierras de Tandil. Siempre, desde pequeño, contradijo el mandato argentino de ser campeón en el polvo de ladrillo de Roland Garros y soñó con levantar la copa en la Gran Manzana. Una ilusión que trocó en realidad hace casi nueve años; a lo grande, con victorias sobre Roger Federer y Rafael Nadal , los mejores de aquel momento.

Después, los problemas físicos aparecieron y le costó volver. Solamente jugó cinco veces en las ocho temporadas siguientes. Recién en 2017 volvió a las semifinales, ya con Sebastián Prieto como flamante entrenador luego del exitoso ciclo con Franco Davin. Este año, luego de los dolores en la muñeca izquierda que aparecieron después de Wimbledon, eligió cuidarse y llegar aquí con varios días de anticipación. Además de su cuerpo técnico, desembarcó con un numeroso grupo de amigos se convirtieron también en atracción dentro de los partidos por los cánticos futboleros de apoyo. "Hay muchas cosas que hacen especial este torneo para mí, disfruto mucho la atmósfera que la gente genera en Nueva York, me hacen jugar mi mejor tenis", dijo antes de empezar este US Open que ya lo tiene en los cuatro mejores.

Aquí, su recorrido transitó directamente los grandes estadios, del flamante Louis Armstrong pasó al Arthur Ashe, el gigante de los sueños, acorde con su condición de excampeón, y preferido por el público, que lo ovacionó aun cuando se encargó de eliminar a John Isner, la última esperanza local.

El romance continúa. Los fans enloquecen con los mandobles de su derecha, la que trajo la comparación con el martillo de Thor, y su porte de gigante gentil. Nueve años después de su noche más feliz, Del Potro disfruta todo, incluso el fragor de una batalla tremenda contra Isner o Rafa Nadal. "No importa tanto el resultado final. Me gustan estos grandes partidos, sentirme competitivo, me hacen sentir vivo de nuevo", cuenta a corazón abierto. Y a dos partidos de abrazar la gloria de nuevo, tiene claro que no sabe si volverá alguna vez a levantar la copa de campeón del US Open, aunque le da lugar a la ilusión: "Estoy haciendo todo lo posible para lograrlo de nuevo".

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