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Guiños náuticos en un refugio de 48m2 en la costa de Liguria

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5 de septiembre de 2018  

Las montañas caen a pique en la costa del Mediterráneo. Pero eso nunca detuvo a los pueblos que durante milenios se alimentaron de él en cuerpo y alma. Sorteando acantilados filosos, la arquitectura se amarró fuertemente a las rocas, en un trazado físicamente evidente, pero mentalmente imposible para el extranjero a ese espíritu obstinado. Horadar la piedra, encontrar un plano elemental en el que apoyarse, acarrear materiales, trazar delgados laberintos de comunicación con el resto. Maravilla.

Todavía el canto de las sirenas atrae a los hombres a estas playas. Más allá de las sordas oleadas turísticas, hay quienes deciden que estos barrancos serán su hogar permanente. Como un artista inglés, que descubrió una morada desvencijada, un refugio mínimo de apenas 48m2, enclavado en la costa de Liguria, Italia, y la quiso para sí. Pero en esta versión contemporánea de los hechos, decidió que su nave sería prístina; espartana, pero con discretos toques de lujo. Los arquitectos Emil Humbert y Christophe Poyet, expertos en el manejo de proyectos sofisticados, se embarcaron con gusto en la gran aventura que desde siempre fue unir fantasía y realidad.

Como en los antiguos viajes transatlánticos, la cabaña se convirtió en un camarote en el que todas las necesidades de la vida marina están contempladas dentro del menor espacio posible.
Como en los antiguos viajes transatlánticos, la cabaña se convirtió en un camarote en el que todas las necesidades de la vida marina están contempladas dentro del menor espacio posible. Crédito: Francis Amiand

Living, comedor, cocina, calor. El espacio se maximizó abrevando en el largo saber de la arquitectura naval.

En su pequeñez, la cocina tiene el toque espléndido de una breve mesada de mármol de Carrara, y bacha en diagonal con grifería de bronce.

Perpendiculares, dos ventanas batientes con apertura telescópica toman el rincón con vista. Para asimilarlas al clima de hogar, cenefas que ocultan las persianas de madera.
Perpendiculares, dos ventanas batientes con apertura telescópica toman el rincón con vista. Para asimilarlas al clima de hogar, cenefas que ocultan las persianas de madera. Crédito: Francis Amiand

El sillón en L hecho a medida por el estudio Humbert & Poyet tiene toda la comodidad de gruesas colchonetas (es el único lugar para sentarse) y el ingenio de cajones en la base, para multiplicar el espacio de guardado.

Pequeños detalles de color contrastan con el blanco reinante en el ambiente.
Pequeños detalles de color contrastan con el blanco reinante en el ambiente. Crédito: Francis Amiand

En el ascenso, notamos los delicados guiños náuticos en las campanas, los apliques de luz y las arandelas de las alacenas.
En el ascenso, notamos los delicados guiños náuticos en las campanas, los apliques de luz y las arandelas de las alacenas. Crédito: Francis Amiand

La alzada del anafe es de bronce, material clásico de tantos accesorios marineros y cuyo dorado vuelve delicadamente en la virola de la vajilla. Por su parte, la escalera conduce a los dos dormitorios que hábilmente los arquitectos supieron extraerle a la minúscula cabaña original.

Este dormitorio, como el resto del espacio, fue revestido con madera pintada de blanco para una sensación de pulcritud general y también de desahogo a pesar de lo bajo del cielo raso.
Este dormitorio, como el resto del espacio, fue revestido con madera pintada de blanco para una sensación de pulcritud general y también de desahogo a pesar de lo bajo del cielo raso. Crédito: Francis Amiand

Como el resto de los apliques de pared y techo, las lámparas amuradas pertenecen a la colección 'Nautic' de la firma belga Tekna.
Como el resto de los apliques de pared y techo, las lámparas amuradas pertenecen a la colección 'Nautic' de la firma belga Tekna. Crédito: Francis Amiand

El dormitorio principal tiene el mismo espíritu zen del anterior, su misma cálida y alegre austeridad. El colchón se apoya sobre una impoluta tarima de madera con cajones en la base. La nota de color, la manta africana y el espejo antiguo dorado a la hoja que vemos en la foto de abajo.

Tras una puerta corrediza, uno de los dos baños construidos a nuevo.
Tras una puerta corrediza, uno de los dos baños construidos a nuevo. Crédito: Francis Amiand

En la baño dan la nota el espejo de ferrocarril vintage -con ganchos para colgar y parrilla para apoyar toallas- y la bacha de bronce hecha a medida.

La terraza se siente amplia a pesar de sus 3m2: está expandida por el horizonte.
La terraza se siente amplia a pesar de sus 3m2: está expandida por el horizonte. Crédito: Francis Amiand

En una recreación estilizada de un escenario a lo Robinson Crusoe, las tablas del piso se cortaron de maderas encontradas en diversas playas y el piano vertical se trajo desde la sede parisina de Emaús, lecho de tesoros hundidos si los hay. La mesa tiene una pata central y los muebles son a medida (Humbert & Poyet).

El blanco en los exteriores se eligió para mimetizarse con la multitud de pequeñas casas que puntean la sección más rústica y retirada de esta costa.

Aunque se tenga la mejor vista, siempre nos tienta trepar un poco más alto para no perdernos de nada.
Aunque se tenga la mejor vista, siempre nos tienta trepar un poco más alto para no perdernos de nada. Crédito: Francis Amiand

En la foto de la izquierda, una hamaca que cuelga de un tronco crudo; en la de la derecha, una antigua silla-hamaca comprada en un mercado de pulgas hace de singular torre del vigía.

Esta nota es parte de nuestro especial de Refugios Mínimos.
Esta nota es parte de nuestro especial de Refugios Mínimos.

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