srcset

Saberes ancestrales: dónde aprender a hacer tintes naturales con plantas

(0)
5 de septiembre de 2018  • 16:11

En el frío invierno de 2001, un grupo de mujeres tejía en torno a una gran chimenea. Entre ellas, Milagros Álvarez Colodrero tomaba la lana y las agujas por primera vez. Desde entonces no pudo parar de tejer, primero con dos agujas; luego, fue incorporando distintas técnicas textiles: el telar, el tapiz, el crochet, el fieltro, el bordado y la cestería con fibras blandas, entre otras. "Encontré algo de lo que no me podía despegar y empecé a hacerme mi camino, buscando quién podía enseñarme, sentándome al lado de las tejedoras del Norte a tejer, a mirar, a preguntar", cuenta Milagros. También asistiendo a encuentros textiles, donde en 2007 descubrió un taller de tintes naturales. "Junté mi pasión por las plantas con el textil. Hice el taller y se abrió un nuevo mundo".

Hojas de gingko y eucalipto para teñir y algunos de los tintes que se logran en el mortero
Hojas de gingko y eucalipto para teñir y algunos de los tintes que se logran en el mortero Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Hace unos siete años abrió un local en la zona de Florida. Es un espacio dedicado a los oficios textiles tradicionales y contemporáneos. Es su taller personal, lugar de encuentro y dictado de talleres de telar, bordado, cestería, hilado, fieltro, tapiz y un laboratorio de tintes naturales. Pero es también una tienda de artesanías, donde se venden piezas de diferentes artesanos del país, además de la propia producción, con el objetivo de poner en valor el trabajo artesanal.

Milagros Álvarez Colodrero, al frente de Ñandutí, un espacio dedicado al rescate de los oficios textiles
Milagros Álvarez Colodrero, al frente de Ñandutí, un espacio dedicado al rescate de los oficios textiles Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Los tintes vegetales se hacen con las plantas. El color sale de las hojas, las vainas, las cáscaras, las cortezas, las semillas
Milagros Colodrero

Así nació Ñandutí, que en lengua guaraní significa "telaraña". "Mi idea es difundir técnicas desde su origen, desde la necesidad básica de la que surgieron, como los cestos para contener y transportar, o los tejidos como urgencia de abrigo. Después, cada uno va apropiándose de las técnicas y se va generando un cruce interesante entre lo tradicional y lo contemporáneo". También busca revalorizar los materiales nobles y autóctonos, y ese primer eslabón de la cadena: los hilados artesanales de las manos de las hilanderas.

Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Las fibras naturales, de origen animal o vegetal, son las que permiten que los tintes funcionen. "Los tintes vegetales se hacen con las plantas. El color sale de las hojas, las vainas, las cáscaras, las cortezas, las semillas. El resultado generalmente sorprende ya que no es el que vemos por fuera del elemento tintóreo. Es realmente una alquimia". Todo se vuelve un potencial tinte: las flores que aparecen en el camino, el agua donde se hierven las remolachas, los restos de una poda. El material recolectado se hierve y luego se saca del fuego. Puede colarse o no. Se suman los hilados o las telas que antes pasaron por un proceso para fijar el color y se dejan allí hasta teñirse, una hora como mínimo. Milagros no sigue un esquema para repetir colores, disfruta del proceso, de la cocina. Aunque ya sabe que el rojo lo dan las cochinillas de las pencas de la tuna, el amarillo lo da la cáscara de la cebolla. Pero la aventura es seguir probando, sumando material vegetal para sorprenderse con nuevos e inesperados colores.

Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

En los talleres de cestería blanda se utiliza también material de la naturaleza, como formio y flor de papiro, e hilados como fique, sisal, yute y cáñamo, entre otros. Se trata de una técnica de entrelazado en la que una fibra fina sostiene a varias o a una más gruesa. Se comienza haciendo cuencos para acercarse a la técnica, pero luego pueden transformarse en bolsos, lámparas, alfombras. Es cuestión de animarse a experimentar.

Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Todo se vuelve un potencial tinte: las flores que aparecen en el camino, el agua donde se hierven las remolachas, los restos de una poda. El material recolectado se hierve y luego se saca del fuego

"Me fui formando al ritmo de mi curiosidad, intentando encontrar dónde aprender determinadas cosas y después las seguía desarrollando sola". Es por esto que Ñandutí es un espacio de reflexión e investigación constantes. A través de la conexión con los materiales más nobles y las técnicas textiles más antiguas se mantiene la huella de la historia, mientras se forja una nueva cultura sobre la base de un entramado social que incorpora la sabiduría ancestral.

Ñandutí queda en

Güemes 1790, Florida, Vicente López

Teléfono 5634 1451

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios