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Grandes Esperanzas

Embarazada, fue a la guardia por un dolor de espalda; quedó internada con un diagnóstico que jamás imaginó

Jimena Barrionuevo
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7 de septiembre de 2018  • 00:57

"Esto no es traumatológico, es algo del orden neurológico. Te derivo urgente con un especialista. Andá hoy mismo a verlo", le dijo el médico de guardia que atendió a Laura (35) esa tarde. Estaba atravesando sin dudas el mejor momento de su vida: su segundo embarazo cursaba la semana 26 y ya se acercaba la fecha en que iba a tener en brazos a Tatiana, su beba; su hijo Lucas de dos años era un chiquito saludable y feliz y tenía la vida con la que siempre había soñado. Excepto por esos dolores de cintura que se hacían cada vez más intensos y que la obligaban a caminar con la ayuda de alguien que la sostuviera.

"Todos atribuían los dolores al embarazo, pero a mí algo me hacía ruido. Con el correr de los meses la situación empeoró y para esa altura ya me agarraba de las paredes para caminar o me colgaba de mi marido. No lo voy a olvidar más: el 9 de noviembre del 2016 comenzó toda la odisea porque esa misma tarde que consulté con la neuróloga, me dejaron internada y me dieron la inyección para madurar los pulmones de la bebé. Pensar que mi bebé podía nacer con 26 semanas me paralizaba".

Siguieron una serie de estudios para investigar cuál era el problema con las piernas de Laura que no tenían la fuerza necesaria para que ella se desplazara. Hasta que llegó el primero de los muchos diagnósticos que luego vendrían: neuropatía periférica -que suele ser resultado de una lesión de los nervios periféricos y que a menudo provoca debilidad, entumecimiento o insensibilidad y dolor- y deficiencia de Vitamina B12. Laura se sometió a más exámenes hasta que llegó un nuevo diagnóstico: polimiositis, una enfermedad inflamatoria poco frecuente que causa debilidad muscular, y, de ese modo, afecta ambos lados del cuerpo. Tener esta enfermedad puede dificultar la capacidad para subir escaleras, pararse después de estar sentado, levantar objetos o alcanzar lugares que estén por encima de la cabeza.

35 semanas y contando

Habían pasado los días y, aunque Laura estaba asustada, había logrado que su embarazo siguiera su curso. Cuando alcanzó la semana 30 de gestación, el equipo que la atendía planteó la posibilidad de programar una cesárea para la semana 32. "¿Qué? De ninguna manera, ¡tengo fecha probable de parto para el 21 de febrero! ¡Mi hija no puede nacer tanto tiempo antes! Gracias a Dios, entre una cosa y otra, logramos llegar a la semana 35".

Finalmente, el 17 de enero del 2017 nació Tatiana. "Durante las dos semanas previas los nervios y miedos se apoderaron de nosotros, sabíamos que Tati iba a nacer prematura y que lo más probable era que tuviera que ir a cuidados especiales. Nos ocupamos de hablar con la neonatóloga para sacarnos dudas. Tati nacía antes, todo podía pasar". Laura entró a quirófano, cerró los ojos y pidió con fuerza al universo que su hijita naciera sin inconvenientes. "Te voy a levantar un poco la cabeza y voy a bajar el telón para que veas a tu hija", le dijo el obstetra. "Y ahí estaba ella, medio cuerpito afuera llorando con todas sus fuerzas. Mientras me suturaban, pasaron unos minutos que para mi fueron eternos y ¡llegó el milagro! Mami, quédate tranquila, la nena se va a la habitación con vos, ¡está perfecta!, escuché que me dijeron. Lo habíamos logrado, Tati no necesitaba neo, nació de 35 semanas con 2730 kg y en perfecto estado! 3 días y a casa los cuatro. En ese momento mi enfermedad pasó a segundo plano, ya tendríamos tiempo para ocuparnos, primero estaban mis hijos y mi marido".

Emoción y síntoma

Pasaron los meses y el marido de Laura le propuso tomarse unos días de vacaciones, para despejarse. "Yo dudaba, de sólo pensar todo lo que tenía por caminar y tener que ir a la playa con mi andador, que hoy es mi compañero de ruta, me aterraba. Pero tomamos coraje y partimos. Fueron días hermosos, no los voy a olvidar jamás". Pero la alegría se empañó cuando Laura notó que le había salido un bulto debajo de la axila. Pensó que era producto de la fuerza que hacía para desplazarse con el andador pero en cuanto estuvo de regreso fue a ver a su médico clínico.

"Necesito que te internes urgente, salieron unos ganglios que quiero biopsiar", le dijo el doctor. Y fue un 7 de febrero, el día del cumpleaños de su papá, que recibió una noticia devastadora: tenía cáncer de mama con metástasis en la axila. "Ingenua yo que pensaba que era una inflamación del músculo por el esfuerzo. Se me vino el mundo abajo".

Laura perdió el pelo por la quimioterapia pero no tuvo otros efectos secundarios
Laura perdió el pelo por la quimioterapia pero no tuvo otros efectos secundarios

Pero estaba dispuesta a darle batalla a la enfermedad. Laura decidió sumar a su tratamiento una terapia de biodescodificación (parte de la premisa de que toda enfermedad es programada por el cerebro, con lo cual, así como el cerebro la programa, la puede desprogramar) para descubrir cuál había sido la emoción que desencadenó el síntoma. Se reunió con el mastólogo y el oncólogo y juntos conversaron con el tratamiento de quimioterapia que debía realizar. "Yo sabía lo que no quería durante este período y trabajé para eso. No quería vomitar, no quería estar tirada y no poder disfrutar de mis hijos. Quería mi vida normal, con mis dificultades para caminar pero normal. Y así sucedió. No vómitos. No sentirme mal. Análisis de control de diez".

Además, decidió cambiar radicalmente su alimentación. Dejó el gluten, los lácteos y el azúcar refinado y se ajustó a un nuevo plan: "Tardé mucho tiempo en hacer el cambio, hacía mucho que ya me lo habían dicho pero mi cabeza no había hecho el click hasta ese momento. Había que aprender a comer otra vez, tenía que reeducarme, así que leyendo, preguntado, investigando, comencé. Lidiar con dos enfermedades no es fácil, pero se puede. Hoy, a casi siete meses del diagnóstico, terminé con quimioterapia, me sometí a una cirugía y me mantengo firme en mi proceso de cambio y búsqueda interior para sanar. No lo voy a negar, no es fácil y menos con 2 niños pequeños, pero se puede, le pongo garra por ellos".

Si tenés una historia propia, de algún familia o conocido y la querés compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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