Boca sufrió, pero derrotó 2-0 a San Martín de Tucumán y pasó a los octavos de final de la Copa Argentina

7 de septiembre de 2018  • 18:00
Solo sobre el final encontró el gol y el desahogo Boca, que tuvo a Andrada como figura Crédito: twitterr CA

Boca sufrió. Y la pasó mal en el estadio Antonio Romero de Formosa. Pero hoy, más que nunca, consiguió la clasificación por su jerarquía: no mereció la victoria y mucho menos ganar 2-0 como lo hizo, pero un zapatazo de Edwin Cardona y el gol de Ramón Ábila de penal inclinaron a favor un trámite complicado que no fue adverso gracias a una excelente actuación de Esteban Andrada, la figura, que le quitó el sueño a San Martín de Tucumán. Así, transpirando mucho más de lo habitual, el conjunto de Guillermo Barros Schelotto consiguió el pase a los octavos de final de la Copa Argentina.

Los primeros 45 minutos fueron una verdadera pesadilla para el xeneize a raíz de varios factores. En lo ajeno, los tucumanos comenzaron jugando el partido como una verdadera final, despiertos en cada momento, con mucha más actitud y siendo directo en sus ataques. En lo propio, los hombres vestidos de azul y oro mostraron todo lo contrario. Dormidos, por momentos desordenados, con excesiva pasividad en las disputas del balón y, lo que era previsible, evidenciando una versión lenta: en defensa, extrañó la dinámica de Wilmar Barrios y en ataque, la explosión de Cristian Pavón, ambos afectados por sus citaciones a las respectivas selecciones.

Si no fue completamente todo del Santo tucumano fue por una genialidad de Fernando Gago, que produjo desde su delicadeza la única situación de su equipo, recién a los 25 minutos: asistencia inesperada con el exterior del pie para que Darío Benedetto definiera con una vaselina incómoda pero suficientemente precisa para exigir al arquero Arce, que con la punta de los dedos tocó una pelota que finalmente terminó sacando el travesaño.

El 1-0 de Cardona

Guillermo plantó un equipo con un mediocampo dedicado a tener la pelota, a partir de las presencias de Gago, Pablo Pérez y el juvenil Agustín Almendra. No obstante, el plan salió al revés. Si el Pipa concretaba con éxito aquella definición, se trataba de una injusticia muy grande. Porque el Santo le hizo sentir el rigor a un conjunto boquense que aguantó la embestida en las manos de Andrada: a los 12 minutos, el arquero achicó bien y rápido el mano a mano ante Espíndola; a los 33, le sacó a Arregui un remate desde afuera del área; y poco antes del entretiempo, rechazó con los puños un fuerte tiro libre de Bieler. Y hasta lo acompañó la fortuna, cuando su palo izquierdo le sacó al Taca una volea tan potente como magnífica que había dejado paralizado al ex hombre de Lanús.

El nerviosismo y el desconcierto en el xeneize se mantuvo en el amanecer del complemento: un tiro de esquina mal ejecutado, espacios grandes en el retroceso y hasta una pifia que no fue gol solo por una mal definición, algunos ejemplos de lo que mostró el bicampeón del fútbol argentino en gran parte del partido. Y esta vez no se puede argumentar que San Martín protagonizó uno de esos duelos que a Boca tanto le incomodan, con pierna fuerte, intensidad máxima y pocos espacios. El análisis es más simple: Rubén Forestello quiso que sus jugadores fueran a ganar el partido faltándole el respeto al rival, en el buen sentido, mientras que a los futbolistas de los Barros Schelotto les costó mucho encontrarle la vuelta al trámite, cuando tuvo la pelota y cuando no.

Todo lo que uno se puede imaginar con Boca no pesó. Ni las pinceladas del capitán, ni la individualidad de Mauro Zárate (fue el primero que salió del campo) ni el atrevimiento que de a poco se le conoce al chico Almendra. Y, encima, en una formación en el que los laterales debían tener un mayor protagonismo ante la ausencia de extremos, éstos tampoco aparecieron. El xeneize tampoco tuvo la capacidad de sacarle jugo al desgaste lógico del Ciruja, tras una primera mitad intensa.

El 2-0 de Ábila, de penal

Aunque sí apareció Cardona en el momento justo. Su técnica, hasta ese momento, no había desequilibrado, pero faltando un cuarto de hora enganchó de izquierda al medio y con un remate hacia el segundo palo, que incluyó un desvío en Giménez y una mala respuesta del N°1, abrió el marcador de un duro encuentro que iba camino a los penales.

A partir de ahí, los tucumanos se cayeron y Boca empezó a sentir el gustito de la clasificación. Más aún cuando sobre la hora Cahais derribó a Cristian Espinoza adentro del área y Wanchope convirtió el segundo tanto, de penal. De esta manera, el destino enfrentará a los Mellizos con Gimnasia y Esgrima de La Plata, el equipo de sus amores, en octavos de final.