Vance Joy habla de sus influencias y la presión de grabar su segundo disco después de tener un hit internacional

El autor de “Riptide” vuelve a Buenos Aires y reivindica el poder de la canción pop.

6 de septiembre de 2018  • 15:29

Vance Joy tocó en la Argentina en agosto de 2017 y todavía no sale de su asombro: “La gente en el Lollapalooza fue increíble. Desde el escenario, no hay nada que te pueda gustar más que un público entusiasta, porque vos también respondés a eso. Es la situación ideal”. Toda esa arenga parece chocar contra la paz que transmiten sus discos: Dream You Life Away (2014), el cual presentó aquella vez e incluye su megahit “Riptide”; y Nation of Two (2018), el que viene a mostrar en el show que tiene previsto para el 10 de octubre en el Teatro Vorterix. Pero a no confundirse: para el australiano (que en realidad se llama James Gabriel Keogh), acústico no es sinónimo de deprimente. “A una canción podés ponerle muchas capas o convertirla en algo eléctrico, pero si la tocás con una acústica y la canción sigue firme, eso quiere decir que tiene cimientos fuertes”, dice, sintiéndose parte de esa estirpe que sabe sacudir con lo que sale de la interacción de una guitarra, un papel y una birome.

Muchos cantautores empiezan sus carreras haciendo canciones simples y confesionales, pero cuando tienen éxito los llevan hacia estilos más “de moda”. ¿Sentiste alguna presión en ese sentido a la hora de hacer tu segundo disco?

Entiendo a lo que te referís. A veces te hacen cambiar el sonido, las letras, lo que sea. Pero siento que mi segundo disco es bastante similar al primero en estilo. Aunque hay cambios, sigo siendo yo tocando y cantando, y en los dos estoy yo explorando distintas maneras de componer canciones. La esencia sigue siendo yo y mi guitarra, las letras son sobre lo que yo quiero cantar con pasión. Intenté seguir fiel a mí mismo.

También es cierto que es difícil saber hasta dónde tenés margen de experimentar sin sentir que dejás de ser vos mismo y traicionás a lo que te hizo famoso...

Creo que... es gracioso porque estás solo con la guitarra, a veces sentís que ya hiciste todo, que estás limitado por tu propia habilidad: “siempre toco estos mismos acordes, siempre hago lo mismo”. Para superar eso decidí seguir con la guitarra pero colaborar con más gente. Eso te contagia una perspectiva diferente. Mi primer disco lo escribí todo solo, pero en éste trabajé con otros artistas en cinco o seis canciones. Así seguí sin cambiar mi estilo pero a la vez exploré, por ejemplo, distintas melodías. Esa es la magia de la colaboración.

Los cantautores, con sus diferencias, parecen cortados con la misma tijera. ¿Sentís que compartís una “raza” con gente como Bob Dylan o James Taylor?

¡Sí! Me gusta pensar en mí de esa forma. Es el nivel más básico: mi guitarra, un papel, una lapicera y yo. Y definitivamente hay cantautores que me inspiran. Si ves la obra de Bob Dylan, de James Taylor o de Bruce Springsteen, es increíble la cantidad de canciones que hicieron usando siempre los mismos ingredientes: una guitarra, su voz. Crean siempre algo nuevo con los mismos ingredientes. Eso me inspira. Si querés tener una larga carrera como cantautor, tenés que hacer música que conecte con la gente. Ellos son el mejor ejemplo de eso.

Dijiste que Nation of Two es más autobiográfico que tu primer disco. ¿Sentiste algún pudor en exhibirte?

Ahora sé que puedo escribir una canción que sea completamente autobiográfica. Cuando empecé a trabajar en este disco trabajaba en una canción llamada “Little Boy” que hablaba de cuando era chico, me caí de espaldas y terminé en el hospital. Un recuerdo de cuando tenía ocho o nueve años. Y me sorprendí porque nunca había escrito desde un recuerdo antes. Ahora me entusiasma pensar que cada recuerdo que tengo de cuando era adolescente puede llegar a terminar siendo parte de una canción. Nunca sabés cuándo va a pasar, pero el tema puede llegar. Creo que eso es parte de ganar experiencia componiendo. Eso pasó en este disco.

Debe haber sido muy loco ver crecer “Riptide”, de ser algo que escribiste en tu cuarto a un hit internacional. ¿Cómo viviste ese ascenso?

Es como que te caiga un rayo encima. Una oportunidad rarísima. Sabía que era especial cuando la escribí porque la gente siempre reaccionaba bien a ella. Despertaba algo en los que la oían, y eso es bueno. Un día mi discográfica posteó “Riptide” en el Soundcloud y en un día tenía 40 mil reproducciones. Y dije “guau, ¿40 mil en un día?”. Eso me dio una perspectiva de lo rápido que pueden pasar algunas cosas si estás en el lugar correcto en el momento indicado. Y desde ese momento nunca paró. Pasaron tres años desde aquello y me sigue abriendo puertas y le llega a más y más gente. Siento que tengo mucha suerte por ello y es un misterio cómo pasan esas cosas pero es la razón por la que hago lo que hago.

Saliste de gira nada menos que con Taylor Swift, abriendo sus shows. ¿Qué aprendiste de estar en contacto con la gran maquinaria del pop habiendo sacado un solo disco y recién empezando tu carrera?

Fue una gran oportunidad y estoy muy agradecido por eso. Y también, sí, yo recién empezaba en ese momento, sólo había tocado en clubes para no más de mil personas, y de repente me encontré tocando en estadios. Y fue... apabullante. Creo que eso me hizo mejor músico, porque tenía que congeniar con más gente. Me volvió más seguro para interactuar con la gente. Me sacó del cascarón.

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