Enrico Robotti, cirujano plástico: "La nariz de Barbie que se usaba en los '90 no va más"

Enrico Robotti, uno de los mejores cirujanos plásticos del mundo
Enrico Robotti, uno de los mejores cirujanos plásticos del mundo Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Soledad Vallejos
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7 de septiembre de 2018  • 12:37

"La mejor cirugía de nariz es la que no se nota -sentencia el cirujano plástico italiano Enrico Robotti, que llegó a Buenos Aires para disertar en el 23° Simposio Internacional de Cirugía Plástica "Siglo XXI", que termina hoy en el Four Seasons-. La nariz de Barbie que se usaba en los '90 no va más". Considerado como uno de los mejores especialistas en rinoplastia, Robotti recibe pacientes de todo el mundo, y asegura que la tendencia hoy está en la naturalidad. "Eso no significa que los cambios sean mínimos, más bien todo lo contrario. Y cuanto más natural sea el resultado, más complejos se vuelven los procedimientos quirúrgicos"

Tabiques rectos, de forma más bien ancha antes que ultra finita y sin puntas respingadas. Esas son las premisas que establece el jefe del departamento de Cirugía Plástica Papa Giovanni XXII, en Bérgamo, Italia, y que acompaña en una de sus exposiciones con decenas de fotos de pacientes que han pasado por sus manos. Llamativamente, no hay tantas más mujeres que hombres en ese catálogo donde las imágenes del antes y después ayudan a explicar cuáles son las técnicas utilizadas por el experto. "Hace diez años, el 20 por ciento de mis pacientes eran hombres. Hoy son cuatro de cada diez, y creo que en poco tiempo ya no habrá diferencias", predice Robotti, que desde hace más de una década decidió innovar con distintas técnicas para convertirse en uno de los máximos referentes de su especialidad.

"Aquí está mi Parque Jurásico", dice risueño cuando pasa una de las fotos de un arsenal quirúrgico en desuso, donde se ven distintos tipos de pinzas, limas, tijeras y, principalmente, martillos, utilizados tradicionalmente para fracturar el hueso de la nariz. "No toco un martillo ya desde hace siete años", cuenta el especialista, que es uno de los impulsores en Europa de la última novedad con respecto a las cirugías de nariz: la rinoplastia ultrasónica. Sin martillo ni escolpo, esta intervención (denominada Piezo por su marca comercial) se realiza mediante un aparato de ultrasonido que permite limar y movilizar los huesos nasales con una mayor precisión, respetando los tejidos blandos y sin que apenas se produzca sangrado.

"Piezo es una técnica de ultrasonido, que utiliza microvibraciones para cortar el hueso y dar forma. Como si uno trabajara en una escultura. Se utilizaba mucho en intervenciones maxilofaciales, pero desde hace unos cinco años comenzó a implementarse en rinoplastias, con el doctor Oliver Gerbault, en París, como su precursor. La diferencia de precisión es grande, pero también hay mucho márketing detrás. Tiene grandes ventajas, es cierto, como la ventaja de no dejar irregularidades en el tabique, porque la precisión es muy alta, pero creo que lo mejor es una combinación de distintos métodos".

Hombres, más demandantes e impacientes

Para ambos, la indicación es la misma. Narices moldeadas que den una imagen lo más natural posible, y que armonicen con los rasgos de cada persona. Sin embargo, Robotti marca algunas diferencias entre ambos sexos, que exceden las cuestiones de la forma y la anatomía. "No me gusta generalizar, pero los hombres que deciden someterse a una operación estética suelen ser mucho más demandantes y narcisistas que las mujeres. También son más impacientes. Tengo colegas en Estados Unidos que han decidido no operar más a los varones. Es que realmente son difíciles", observa Robotti, que disertó junto a otros colegas internacionales en el simposio Siglo XXI, presidido por el cirujano plástico argentino, Carlos Pestalardo, de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires.

Una rinoplastía, en promedio, le lleva al doctor Robotti unas tres horas de trabajo en el quirófano. "Y si se trata de una operación secundaria, o terciaria [derivadas de malas prácticas anteriores] puede ser una intervención de hasta seis horas, y lamentablemente el 50 por ciento de mi trabajo son segundas cirugías", señala, y advierte que con la intención de lucrar hay muchos médicos que, sin ser especialistas, promocionan "cambios mágicos" y muy riesgosos.

"Lo peor que un paciente puede hacer es buscar hacerse una cirugía plástica por el precio. En Europa hacen publicidades de rinoplastía con antestesia local y en 30 minutos -advierte-. La consulta con un profesional tampoco puede ser gratuita ni durar diez minutos. Hay que sospechar de este tipo de promociones y estar atentos, porque los riesgos pueden ser muy altos".

En Europa, una rinoplastía puede rondar entre los 6000 y los 10.000 euros. La misma operación en Buenos Aires varía entre los 2000 y los 6000 dólares, siempre a manos de especialistas acreditados y miembros de alguna de las sociedades científicas que los agrupan.

Intrusismo

Uno de los últimos oradores del simposio que se refirió a la defensa de la especialidad fue Denis Calazans, secretario general de la Sociedad Brasilera de Cirugía Plástica. Al igual que sucede en nuestro país, el intrusismo, que es el ejercicio fraudulento de una especialidad sin la experiencia, acreditación y certificación necesaria, es cada vez más frecuente. "La cirugía plástica es la especialidad médica más afectada en Brasil. Alrededor de 30.000 médicos se reciben cada año en nuestro país, y la ley vigente, de 1957, otorga a médicos recién formados el derecho de actuar en cualquier área de la medicina. Una irresponsabilidad muy grande que habilita a un competente ginecólogo, por ejemplo, a realizar una cirugía cardíaca. Pero como la estética es un negocio lucrativo muy tentador, muchos profesionales incautos se presentan como supuestos cirujanos plásticos, realizando prácticas muy riesgosas, como sucedió la semana pasada con una paciente que murió tras recibir un tratamiento donde se le inyectó silicona para aumentar sus glúteos".

Para Calazans, hay que desconfiar de las publicidades que prometen resultados milagrosos y a bajos costos que se difunden muchas veces por Whatsapp, Facebook o Instagram. "Hay una inversión de valores promovida por las resdes sociales. Un médico no es buscado por su competencia científica y calificación profesional sino por el número de "likes" y la cantidad de seguidores", apunta, y sugiere "buscar siempre un profesional cualificado, un médico portador de su título de especialista".

Con el objetivo de conocer cuál es la percepción de riesgo que tienen las mujeres argentinas acerca de las cirugías estéticas, el Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE realizó una encuesta el año pasado, donde entrevistó a 608 mujeres de entre 18 a 40 años. En los últimos cinco años, dice el informe, en la Argentina los procedimientos quirúrgicos aumentaron un 17%, y los no invasivos se incrementaron un 44 por ciento. Según la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) nuestro país está entre los 20 primeros del mundo en donde se realizan más cirugías estéticas, con alrededor de 270 mil procedimientos por año, y es el segundo que más lo hace en Sudamérica, luego de Brasil. Las intervenciones de aumento mamario son una de las operaciones más elegidas por las argentinas: en los últimos dos años se realizaron un promedio de 53 diarias.

¿Por qué se operan? Cuatro de cada diez llegan al quirófano por un fin estético, y una de cada tres lo hace para superar su baja autoestima. Con respecto a qué priorizan las mujeres al momento de realizarse una cirugía estética, el 54,4% de las entrevistadas manifestó que lo más importante es la reputación del cirujano; el 21,3% se fija en la calidad de las prótesis y del instrumento quirúrgico; el 17,9% prioriza la infraestructura del centro médico y para el 6,4% todo es importante. A raíz de la pregunta anterior, se les planteó la siguiente situación hipotética: "Si a usted le ofrecen una operación de cirugía mamaria significativamente más económica de lo habitual a realizarse en una clínica de baja complejidad. ¿Se operaría bajo estas condiciones?" El 98% dijo que no.

Pestalardo, que fue discípulo del reconocido cirujano brasileño Ivo Pitanguy, agrega: "No hay cifras oficiales en la Argentina, pero según la información reunida por las distintas sociedades científicas, por cada intervención estética a manos de un profesional acreditado, se realizan otras tres prácticas de manera intrusiva. La mayoría se relaciona con la aplicación de rellenos y el uso de tecnología láser o de ultrasonido, que parecen técnicas más sencillas, pero que de ser mal administradas pueden traer serias complicaciones".

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