Pundonor: una potente clase magistral

Gran trabajo interpretativo de Andrea Garrote
Gran trabajo interpretativo de Andrea Garrote Crédito: Sandra Cartaso
Jazmín Carbonell
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7 de septiembre de 2018  

Pundonor / Libro y actuación: Andrea Garrote / Dirección: Andrea Garrote y Rafael Spregelburd / Escenografía e iluminación: Santiago Badillo / Vestuario: Lara Sol Gaudini / Música original: Federico Marquestó / Asistente de dirección: Juan Seré / Producción: Carolina Stegmayer / Teatro: Espacio Callejón, Humahuaca 3759 / Funciones: sábados, a las 20.30 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: excelente

Aula magistral, una clase teórica, alumnos como espectadores que juzgan y que, de manera inquisidora, esperan el fracaso de quien tienen enfrente. Por soberbia, porque quien está ahí es un semidiós que también los juzgará, y de muy mal modo, en la instancia final y porque qué mejor escena que ver en vivo el desmoronamiento de aquel que tiene poder. Y entonces Pundonor se muestra en su esplendor. Porque Andrea Garrote, autora, intérprete y codirectora de la pieza (comparte este rol con Rafael Spregelburd, dupla que viene trabajando desde la década del 90) decide que la platea se convierta en el alumnado y la sala teatral en un aula y su personaje, en una profesora, "la Pérez Espinosa", en un momento muy particular. El despliegue teatral está instalado. El unipersonal cobrará sentido porque el público es necesario para que suceda el soliloquio de esta docente en vías de extinción.

Para aquellos que hayan circulado por los pasillos de cualquier facultad, el clima propuesto se tornará familiar y tendrá doble sabor: el de recordarse como alumnos y reencontrase con esa triste desconexión entre aquellos que a la hora de enseñar se esmeran por alejarse lo más posible de los estudiantes. Para quienes no, poco importa, porque aquí de lo que se trata es de ver cómo la mirada ajena y el miedo a perder ese estatus de supuesto saber que han conseguido logran hacer estragos. Y esta sensación es universal. Solo que aquí, y de manera certera, se ubica en la relación docente-alumno para marcar hasta qué punto esta mujer, que representa el poder en esta relación de entrada despareja, pierde su punto de honor en el momento mismo en que aparece la idea de convertirse en un video viral o que su saber se reduzca a un meme del cual, claro, no habrá retorno.

¿Cómo hacer para mostrar que no estamos locos cuando esa idea está ya instalada en quienes nos rodean? Esa es la proeza a la que se enfrenta Claudia Pérez Espinosa cuando decide, pese a un papelón pasado que la inhabilitó como docente, volver al aula. Está a prueba. Le confirieron este cuatrimestre para mostrar su cordura. "No vine un tiempo", dice de entrada, y abre la puerta de la duda. Arranca con la materia, se interrumpe, prosigue y vuelve a frenar. Hay algo que la molesta. Es esa mirada que juzga, de ella, de los alumnos, de los otros profesores. Y es capaz de todo, hasta de abrir su cartera y mostrar su mundo para que no quepa duda de su lucidez. Y en ese intento quedará al descubierto su desesperanza: está en desventaja y no hay vuelta atrás.

Las referencias académicas son oro puro. Con una precisión que es de no creer, Garrote compone esta doctora en Sociología, autoritaria pero brillante, que cita a Foucault, a Camus, a Derrida, sin perder el hilo narrativo que implica poner de relieve que el tema central aquí es intentar recuperar esa honra perdida o al menos no volverse una broma virtual.

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