Reseña. Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina

Laura Cardona
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9 de septiembre de 2018  

Porque no tiene dirección, ni principio ni fin, "no es un trabajo lo que hago, es una tarea", afirma el narrador de Un andar solitario entre la gente, la nueva novela del español Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956), el autor de El jinete polaco y Sefarad.

Crédito: Sebastián Dufour

La tarea de escribir algo aunque no se sepa todavía qué forma tendrá, que la irá adquiriendo a medida que se escriba, parece inspirarse en James Joyce, firma de uno de los epígrafes del libro. Muñoz Molina sale a caminar por las calles de distintas ciudades -Madrid, París, Londres, Nueva York, Luxemburgo o Lisboa- para capturar imágenes y sonidos. Escucha con los oídos y con los ojos lo que se anuncia en pantallas, en carteles, lo que se dice por celulares: es una grabadora en marcha y una cámara. Podría considerárselo un flâneur en la tradición de Charles Baudelaire y Walter Benjamin (aquellos con los que más se asocia la idea del paseante solitario), pero también de Thomas de Quincey, Herman Melville, Fernando Pessoa o el propio Joyce, escritores que "están en la base de la visión de la ciudad que tenemos hoy, los que quieren escribir la ciudad tal y como es". Con todos ellos dialoga y reconstruye un anecdotario. Los piensa como parte de una disciplina, la Deambulología, que atiende no solo al trazado de los itinerarios sino a las minucias determinantes para el proceso creativo.

Muñoz Molina busca dar forma a un collage que reúna imágenes (no demasiadas) con un texto híbrido que funcione como diario de sus recorridos; libreta de anotaciones, de reflexiones personales y estéticas; transcripción de noticias de diarios a veces distribuidas como poemas; un ensayo que imagina a Benjamin como un personaje con quien dialoga el narrador y le dice que el gran poema de este siglo solo podrá ser escrito con materiales de desecho.

El narrador se presenta entonces como un coleccionista escrupuloso de paquetes de cigarrillos, papeles, anuncios de cualquier tipo: eróticos, laborales, turísticos, mánticos, todo lo que pueda ofrecerse y venderse. Predomina la voz en primera persona aunque también alterna una tercera, que se desdobla en un personaje caminante que recoge "basura": folletos, volantes, tarjetas, prospectos, cartulinas, para después recortarlos en su casa y unir las palabras en encuentros sorprendentes. De estos recortes han salido los subtítulos, que en general no tienen relación directa con el contenido y pueden leerse lúdicamente en clave de cadáver exquisito, aquel juego combinatorio inventado por los surrealistas. Los Pokémon Go, la violencia, la frivolidad, los hallazgos científicos, el terrorismo, el amor de una mujer: todo se amontona en el sucederse de titulares o frases, grabaciones en la calle o en cualquier lugar público. Desde el presente, la narración va hacia el pasado: la ciudad en general se vuelve un palimpsesto en el que todos los tiempos coexisten.

Sin embargo, no es en las referencias al mundo actual vertiginoso y acuciante ni en el intento de encontrar un lenguaje nuevo que cuente la novedad de estos tiempos donde se juega lo más interesante del libro. Aunque puede leerse de corrido, por su carácter fragmentario necesita menos del "lector seguido" -el que espera una trama y un desenlace- que de la clase de abordaje que puede hacer el "lector salteado" que proponía Macedonio Fernández, aquel capaz de leer en todo momento y encontrar una trama en la totalidad de sus lecturas. Macedoniano sin saberlo, Muñoz Molina sería él mismo un lector salteado que escribe "liberado de las obligaciones y los cepos del argumento" y, como una puesta en abismo, es también el lector leído por nosotros.

Muñoz Molina ha escrito este largo libro después de una depresión, enfermedad a la que se refiere hacia el final: "Vuelvo de una ausencia, de una oscuridad [?]. Vuelvo debilitado y agradecido y temeroso como un convaleciente. De algo que no tiene nombre". Escribir para sanar y nombrar para celebrar la luminosidad del mundo y mostrar también su lado desmesurado y oscuro es el secreto mejor escondido de Un andar solitario entre la gente.

Un andar solitario entre la gente, Antonio Muñoz Molina, Seix Barral, 496 págs./$ 550

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