Peronistas, del desierto a la crisis

Fuente: LA NACION Crédito: Alfredo Sabat
9 de septiembre de 2018  

El peronismo esconde sorpresas que desconoce. No sabe el nombre que lo puede conducir al poder una vez más, pero se convenció de que la posibilidad de volver trepida entre corridas cambiarias, inflación acelerada y una crisis económica que acentúa añejas desgracias sociales.

Solo la Argentina guarda giros tan inesperados que hagan posible volver a reinar a quien se estaba preparando para otros cuatro años en el desierto luego de dejar en 2015 una bomba que le acaba de estallar al macrismo.

La crisis de credibilidad en la economía tiene una dimensión que consolida una tendencia iniciada allá por abril, cuando al mismo tiempo que se disparaba el dólar los efectos de los aumentos tarifarios prendían las primeras luces de alarma en Cambiemos. Entonces era una posibilidad que se reabriera la pelea por el poder, el año próximo. Ahora la oposición tiene la certeza de que podrá competir con posibilidades de impedir la reelección de Mauricio Macri.

Por la misma razón que un semestre atrás el peronismo en todas sus formas se veía a si mismo desahuciado, tampoco puede dar por hecho que el ciclo de Macri tiene fecha de vencimiento. Para la oposición el asunto ahora es otro y para nada menor: cómo y con qué liderazgo construir una opción de poder.

La primera clave en ese camino es establecer si la división entre kirchneristas y peronistas clásicos se mantendrá como oferta electoral o si una de las dos fracciones se someterá a la otra.

El kirchnerismo tiene dos enormes problemas en su pasado y en los expedientes judiciales que incriminan a Cristina Kirchner y a gran parte de su estado mayor, pero a la vez suma la ventaja de un inalterable apoyo de la cuarta parte del electorado. Ese conglomerado de votos se parece mucho a una cápsula que le impide crecer más allá de su significativa legión de incondicionales.

En un incipiente "sálvese quien pueda" de principios de año, parte del peronismo había comenzado cierto acercamiento a Cristina que quedó paralizado por los cuadernos de las coimas y por el agravamiento de la crisis económica. Es ese peronismo de los gobernadores, de vastos sectores sindicales y de influencia en el Congreso, el que comenzó a imaginarse como una alternativa entre Cristina y Macri. ¿Y la responsabilidad por su participación en la construcción del desastre social? No sería la primera vez que el peronismo se desligue de su propio pasado con la complicidad de la falta de memoria colectiva que tan bien describe a los argentinos.

Ese peronismo que acuerda con el Gobierno y que no quiere ser descubierto empujándolo al abismo encontró en la crisis un escenario para sus expectativas. Ahora le falta encontrar un protagonista, cargado como está de actores que siempre cumplieron papeles secundarios. Es un problema no tener un candidato instalado entre una decena de aspirantes posibles, pero no es un dilema grave si se miran los antecedentes que muestran que muchos llegaron a la presidencia casi por sorpresa. Como Néstor Kirchner y Mauricio Macri, por ejemplo.

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