Madrid para caminantes: un barrio con todas Las Letras

El triángulo delimitado por la Calle de Alcalá, la de Atocha y el Paseo del Prado es un delicioso circuito entre grandes obras y pequeñas anécdotas de Cervantes, Lope de Vega y otras plumas del Siglo de Oro Fuente: LA NACION
9 de septiembre de 2018  

La recordada movida madrileña, en los años 80, está lejos de haber sido la única en la historia de esta ciudad. Unos cuantos siglos antes, la capital española -capital entonces de un imperio que cruzaba el Atlántico y se imponía en el Nuevo Mundo con el Evangelio y con la espada, pero también con el idioma- fue el epicentro de una movida literaria que hoy se estudia con un nombre pomposo: el Siglo de Oro.

Por entonces no era un movimiento de manuales de literatura: era una movida hecha por hombres de carne y hueso, escritores geniales, pero también maestros en la rivalidad a toda prueba. Aquella historia se puede reconstruir paseando por el Barrio de las Huertas, mejor conocido como Barrio de las Musas o de las Letras. Lo atraviesa la Calle de las Huertas, que antiguamente llevaba del centro de las huertas del Prado y hoy exhibe en el pavimento citas de los grandes autores españoles, de Gustavo Adolfo Bécquer a Jacinto Benavente.

Enemigos y vecinos

Quiere la ironía que en la Calle de Cervantes se encuentre la Casa de Lope de Vega: es que los dos eran enemigos poco cordiales. La antigua morada del fénix de los ingenios es un museo que revive hoy la vida tal como era en el Siglo de Oro, huerto incluido.

Menos suerte tuvo la antigua casa de Cervantes: en 1833 fue demolida por su propietario y ni el rey Fernando VII pudo convencerlo de dejarla en pie. Lo que queda es una placa que recuerda al autor del Quijote, y el nombre mismo que se le dio a la calle. Por las dudas, su enemigo literario también tiene una con su nombre, pero para evitar cruces indeseados, las calles de Cervantes y Lope de Vega son paralelas.

En esta última hay otro lugar clave de esta ruta literaria: es el Convento de las Trinitarias Descalzas. Como fueron los monjes trinitarios quienes reunieron el dinero para rescatar a Cervantes de su prisión en Argel, el novelista pediría en señal de agradecimiento ser enterrado en esta iglesia. Allí fueron hallados sus restos y se encuentra su tumba.

Y en este mismo convento vivió Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega: se cuenta que, a la muerte de su padre, el cortejo fúnebre pasó al pie del monasterio para que, desde una ventana, su hija pudiera darle su último adiós.

Mentideros y teatros

Muy cerca, un nuevo hito: la imprenta de Juan de la Cuesta, donde se imprimió en 1605 la primera edición del Quijote. Allí funciona hoy la Sociedad Cervantina, que exhibe una réplica de la imprenta de tipos móviles utilizada para aquella impresión.

Si Cervantes y Lope de Vega se detestaban, Quevedo y Góngora no les iban muy atrás. El Manco de Lepanto admiraba a Góngora, pero no se puede decir que lo mismo hiciera Quevedo, que en 1620 adquirió en Madrid un piso en la entonces Calle del Niño y echó al inquilino con ganas: era precisamente Luis de Góngora. Los dimes y diretes de aquella generación y las anteriores se alimentaban sin duda en el Mentidero de Representantes, el significativo nombre que se le daba a una suerte de tertulia de actores, directores y autores de teatro que funcionó desde el siglo XVI hasta el XIX.

Siempre en el Barrio de las Letras, se encuentran el Teatro de la Comedia -sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el lugar que hay que conocer si se quiere asistir a una puesta escena de los grandes autores españoles- y el Teatro Español, heredero del Corral del Príncipe, en la Plaza de Santa Ana. Porque eso eran los teatros por aquel entonces: un corral de vecinos, un patio habilitado para una puesta en escena entre las casas de los residentes.

También por eso era habitual el teatro ambulante, que tuvo su mundo propio y una larga vida hasta que los escenarios se hicieron sedentarios. El Teatro Español tiene un linaje ilustre: aquí estrenaron sus obras de Calderón de la Barca a Tirso de Molina, de Federico García Lorca a Jacinto Benavente. Pero naturalmente también tenía su rival: era el Teatro de la Cruz, que estaba ubicado justo enfrente.

Quien hoy mira hacia el teatro es Federico García Lorca, desde la estatua ubicada en la Plaza de Santa Ana (un poco más lejos está también la estatua de Calderón de la Barca). En la Cervecería Alemana, a pocos metros, solían reunirse Lorca, Salvador Dalí y varios escritores de la Generación del 27.

Dejando la plaza, sobre la Calle del Prado se encuentra el Ateneo de Madrid, que vio pasar desde premios Nobel a ministros, de filósofos a presidentes de gobierno. El primer socio de la institución fue el periodista Mariano José de Larra, en 1836: le seguirían muchos otros ilustres, desde el propio Lorca a Miguel de Unamuno a Ramón Menéndez-Pidal.

Su Galería de Retratos -desde allí observa al visitante Larra, pero también Antonio Machado- es un recordatorio de los nombres que signaron la evolución del pensamiento y la cultura española durante los últimos dos siglos.

Fuente: LA NACION

El oasis de la Gran Vía, literalmente

Las habitaciones están decoradas con citas de grandes autores españoles Fuente: LA NACION

El Iberostar Las Letras fue inaugurado a principios de año. Es uno de los hoteles de la nueva gama de establecimientos urbanos de la cadena española hasta ahora más conocida por sus resorts en el Caribe. Las habitaciones están decoradas con citas de grandes autores en lengua española (Cortázar y Borges incluidos).

El centenario edificio del hotel tiene muchos recovecos que llevan al pasado de la ciudad, como una escalera azulejada o detalles como el bar en el ático y la pileta en el sexto piso, ambos con vistas sobre Madrid desde las alturas.

El Iberostar Las Letras está a solo unas cuadras de la Calle de las Huertas, pero hace tiempo que forma parte indiscutiblemente de la vida literaria de la capital española. Funciona en un edificio centenario inaugurado en 1917. La propiedad es patrimonio de la comunidad de Madrid y fue todo un desafío para la cadena armar una propuesta muy moderna en las 103 habitaciones y conservar al mismo tiempo el legado histórico del edificio.

El corazón del hotel es un salón-biblioteca, donde los huéspedes pueden leer y tomar un café en un oasis de silencio a metros solamente del bullicio de la Gran Vía.

Gran Vía 11, www.iberostar.com

datos útiles

Qué visitar

Casa de Lope de Vega: abre de martes a domingos, de 10 a 18. El acceso es gratuito, pero solo en visitas guiadas grupales (máximo 15 personas) y con reserva previa por el teléfono +34 91 429 92 16 o el correo casamuseolopedevega@madrid.org. Calle de Cervantes 11. www.casamuseodelopedevega.org.

Convento de las Trinitarias Descalzas: entrada gratuita, concertar visita al tel. +34 91 429 56 71. Calle de Lope de Vega 18.

Imprenta de Juan de la Cuesta: organizan visitas guiadas y teatralizadas y el visitante puede imprimir por sí mismo un pliego del Quijote. Pedir informes por imprenta@sociedadcervantina.es. Calle de San Eugenio 7.

Ateneo de Madrid: visitas por pedido previo de lunes a viernes por la mañana. Duran unos 45 minutos, cuestan tres euros y se pueden reservar al tel. +34 91 429 17 50 (interno 124). Calle del Prado 21.

Cervecería Alemana: Plaza Sta. Ana 6. Abierto de 11 a 0.30; viernes y sábados, hasta las 2.

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