El anónimo deja a la vista una crisis democrática que va más allá de Trump

Aaron Blake
Aaron Blake MEDIO: The Washington Post
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7 de septiembre de 2018  

WASHINGTON.- Insertada en el editorial de opinión publicado en The New York Times por un alto funcionario anónimo del gobierno de Donald Trump hay una breve mención a la 25» Enmienda a la Constitución de Estados Unidos , ese espejismo que en la era Trump muchos norteamericanos no dejan de atisbar mientras atraviesan con la lengua afuera sus propios desiertos personales.

"Dada la inestabilidad presenciada por muchos, dentro del gabinete hubo incipientes rumores sobre invocar la 25» Enmienda, que daría inicio al complejo proceso de sacar al presidente", escribió el funcionario anónimo.

Y no se quedó ahí: "Pero nadie quería precipitar una crisis constitucional, así que haremos lo que podamos para pilotear el gobierno en la dirección correcta hasta que, de una manera o de otra, termine".

¿Entonces la persona que dice que hay miembros del gabinete que están operando activamente en contra de Trump para que no actúe según su propio criterio es la misma persona que supuestamente no quiere que esto se transforme en una crisis institucional?

Ahí es donde muestran la hilacha. La idea de que estamos ante una crisis constitucional es demasiado rebuscada, pero el resto del editorial anónimo y algunas anécdotas relatadas en el nuevo libro de Bob Woodward describen lo que podría calificarse justificadamente como una crisis democrática.

El autor anónimo dice que "muchos altos funcionarios de su propio gobierno están trabajando diligentemente desde adentro para frenar parte de la agenda de Trump y sus peores inclinaciones". Agrega que hay organismos y dependencias que "trabajan para aislar su funcionamiento de los caprichos" de Trump. Y habla de algunos "héroes" de la Casa Blanca que habrían ido muy lejos "para lograr que las malas decisiones no salieran de las paredes de la Oficina Oval".

Ya sea por azar o debido a un creciente clima de desesperación y/o amotinamiento, todo eso suena muy parecido a lo que describe Woodward en su libro, sobre el comportamiento de algunos funcionarios de la cúpula de gobierno.

Según Woodward, el exasesor económico en jefe Gary Cohn, y el exsecretario de gabinete Rob Porter se ocupaban de sacarle papeles a Trump de su escritorio para impedir que actuara.

Woodward también cuenta que el secretario de Defensa, Jim Mattis, en determinado momento directamente incumplió la decisión de Donald Trump de asesinar al presidente sirio Bashar el-Assad y, tras hablar con el mandatario, salió diciendo: "No vamos a hacer nada de eso".

En poco más de 24 horas, tuvimos cuatro ejemplos de funcionarios de alto rango que recurren a subterfugios, ponen obstáculos o directamente desoyen lo que el presidente quiere hacer. Es notable. De tratarse de cualquier otro gobierno, sería un escándalo en sí mismo.

Imaginen si Rahm Emanuel y Robert Gates simplemente hubiesen decidido no obedecer las directivas de Barack Obama. Imaginen si Karl Rove y Ari Fleischer hubiesen decidido impedir que George W. Bush no hiciera, bueno?, cosas presidenciales. Estamos hablando de gente no elegida por el voto que pasan por arriba de la voluntad del debidamente elegido presidente de Estados Unidos.

Resguardo

Tal vez la mayoría de los opositores se alegren, porque Trump no les gusta, y tal vez los mentados funcionarios se justifiquen a sí mismos y a sus colegas afines recordándonos lo calamitosas que podrían ser las otras alternativas. Pero en ese relato que se arman, los funcionarios básicamente están cambiando un tipo de crisis por otro, o tal vez están tratando de convencerse de que cuando los colaboradores y asesores de un presidente le hacen "la resistencia", no estamos en realidad frente a una crisis.

Si estuviesen tan preocupados, uno pensaría que la sensación de alarma los haría salir a hablar públicamente sobre lo que está pasando. En cambio se atajan, parecen querer resguardarse, y esperan que al final todo salga bien. Les parece mejor lidiar improvisadamente con una crisis democrática que de hecho podría convertirse en una crisis estadounidense, que poner en funcionamiento el mecanismo constitucional que está previsto, precisamente, para una circunstancia como la que ellos mismos describen.

Porque acá la verdadera incógnita es hasta qué punto las cosas están tan mal como ellos dicen.

Traducción de Jaime Arrambide

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