La violencia política aumenta la inestabilidad en Brasil ante las elecciones más inciertas

Alberto Armendáriz
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6 de septiembre de 2018  • 20:34

Frente a los comicios más inciertos en Brasil desde el retorno de la democracia, si había un elemento que faltaba para aumentar la inestabilidad era el estallido de la violencia política en plena campaña. El atentado contra el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, candidato presidencial mejor ubicado en las encuestas para las elecciones, intensifica las tensiones y eleva el riesgo de que corra más sangre en el camino hasta las urnas.

Ya habíamos tenido un adelanto de los peligros que acechaban en el horizonte cuando el 27 de marzo, en una ruta del estado de Paraná, dos balas impactaron contra uno de los ómnibus de la caravana del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, entonces aspirante a la postulación del Partido de los Trabajadores (PT), cuya candidatura fue finalmente impugnada la semana pasada debido a su condena en segunda instancia a 12 años de cárcel por corrupción. Por fortuna, nadie resultó herido esa noche, pero el ataque atizó la polarización política.

"Lula quiso convertir a Brasil en un gallinero y está recogiendo los huevos", ironizó en aquel momento Bolsonaro, cuyos simpatizantes festejaron el hasta hoy confuso episodio.

Excapitán de paracaidistas del ejército, Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), ha hecho de sus palabras incendiarias una marca registrada. Mientras promete combatir la corrupción de la clase política y aboga por la liberalización del porte de armas, ha ofendido a los más diversos grupos con comentarios a favor de la dictadura, en contra de las mujeres, los gays, los negros y los indígenas, y no deja pasar ninguna oportunidad en lanzarse agresivamente contra los simpatizantes de los partidos de izquierda, especialmente del PT.

El sábado último, en un acto en Río Branco, capital del estado amazónico de Acre, tomó un trípode como si fuera una metralleta y dijo: "¡Vamos a fusilar a todos los petistas de Acre!". Anteayer, durante un evento en Brasilia, cuando desde el público le acercaron un muñeco inflable de Lula con traje de presidiario, arrancó aplausos al patearlo con toda su fuerza.

"Brasil prosigue su zambullida en la barbarie. Tuvimos tiros y cuchillazos en la campaña. Ya llegó la hora de que los candidatos presidenciales brasileños hagan una declaración conjunta condenando la violencia contra adversarios y, naturalmente, paren ellos mismos de incitarla", exhortó el politólogo Mauricio Santoro, profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

No será tarea fácil en un país en el que la violencia en general alcanzó un nivel récord el año pasado, con 63.880 homicidios, de acuerdo a datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública. Y la violencia política está en alza: según un estudio de la Universidad Federal de Río de Janeiro, desde 2008 hasta ahora han sido ultimados 79 candidatos durante el período electoral.

En los últimos comicios municipales, en 2016, el Tribunal Superior Electoral registró 45 ataques a tiros contra aspirantes a cargos electivos y 28 resultaron en muertes. En lo que va de este año, ya fueron asesinados 40 concejales y alcaldes, entre ellos la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco, ejecutada a tiros la noche del 14 de marzo, mientras volvía a su casa en auto.

Es difícil predecir qué impacto tendrá el atentado contra Bolsonaro en su candidatura. Hay analistas que creen que puede ayudarlo a ganar más votos, luego de haberse estancado en torno al 20%-22% de las preferencias. Apodado de "mito" por sus seguidores, el diputado podría volver el ataque en una narrativa de victimización, como ha hecho Lula con las denuncias de corrupción en su contra, consideradas parte de una "persecución política" que busca su "proscripción".

Otros observadores, en cambio, apuntan que el atentado contra Bolsonaro podría llevar a que muchos de sus simpatizantes se replanteen su voto. Quienes se sienten indignados contra los políticos tradicionales por las revelaciones de corrupción de la Operación Lava Jato y habían decidido aventurarse a respaldar a Bolsonaro, podrían reconsiderar el camino elegido al ver la división y los efectos violentos que genera su discurso de odio.

En este sentido, la última encuesta de Ibope, ayer, apuntó que el rechazo a Bolsonaro creció significativamente desde el mes pasado: del 37% pasó al 44%, el mayor entre todos los candidatos presidenciales, que rondan el 20%. Quien hasta julio tenía la segunda mayor tasa de rechazo detrás del diputado ultraderechista era Lula, con un 30%, a pesar de que su apoyo llegaba al 39% antes de que su candidatura fuera impugnada. Así, todavía quedan esperanzas de que, luego de todo lo sucedido, las posturas radicales den lugar a alternativas más tolerantes en el mes que resta de campaña hasta las elecciones.

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