Contribuir a la mesa de los más necesitados

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7 de septiembre de 2018  

Muchos son los temas que nos llevan a reflexionar sobre el valor de la labor social y educativa de la Iglesia Católica en nuestro país. La situación socioeconómica que atravesamos de cara a un horizonte aún más oscurecido, con un porcentaje de compatriotas por debajo de la línea de pobreza en preocupante crecimiento obliga a redoblar el esfuerzo.

Las necesidades aumentan y, una vez más, es el tercer sector el que debe salir al encuentro de los más castigados de nuestra sociedad. Es en este escenario que el ejemplo de la labor de Cáritas o de la Comisión de Ayuda a las Regiones más Necesitadas que depende de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se agiganta por el aprovechamiento y la optimización de recursos, fruto de las generosas contribuciones voluntarias de muchos, así como por la transparencia en la rendición de cuentas.

Este próximo domingo tendrá lugar la 49» edición de la tradicional Colecta Más Por Menos con el lema: "Sumemos juntos a la mesa de todos". La mesa grande del comedor comunitario, del colegio o la parroquia suple las enormes carencias que aquejan a tantas familias argentinas, mucho más en las regiones más necesitadas.

Y como "no solo de pan vive el hombre", los fondos se destinan también a educación y formación, vivienda, apoyo a microemprendimientos, mejoramiento de salones e infraestructura comunitaria, hogares de niños y adultos mayores, centros de ayuda contra adicciones, entre muchas otras acciones. Da gusto ojear el material de difusión distribuido con motivo de la colecta y ver todo esto en imágenes. Muchas veces cuesta imaginar que un pequeño aporte económico pueda movilizar tantas voluntades y congregar a los más excluidos. En lugares como Orán, Añatuya, Presidencia Roque Sáenz Peña, Humahuaca o Formosa, los primeros de la lista con mayores necesidades, las contribuciones no solo alimentan, sino que también motorizan esperanzas.

El presidente de la Comisión Más por Menos, monseñor Pedro Olmedo, nos alienta a no dejar enfriar la solidaridad. Si salimos de la queja individual y encaramos el desafío colectivo de trabajar por el bienestar de todos, entonces descubriremos la alegría y el valor de una solidaridad activa. Para que no haya excluidos y la mesa sea de todos, colaboremos.

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