Macri, ante un desafío más importante que el del dólar

Mauricio Macri
7 de septiembre de 2018  

Un cauto optimismo se posó sobre funcionarios y dirigentes de la coalición Cambiemos en las últimas horas, luego de las sacudidas del mercado cambiario y de la incertidumbre política que precedió los recientes anuncios del gobierno nacional. En las últimas 72 horas, avanzó positivamente la renegociación del acuerdo con el FMI , sorprendió el tan explícito apoyo de Donald Trump a Mauricio Macri en la difícil coyuntura actual y se conocieron algunas declaraciones contemporizadoras de gobernadores peronistas que pueden ser vitales a la hora de discutir el presupuesto 2019 en el Congreso. Como si esas señales políticas hubieran llevado calma a los operadores, cayó el dólar y disminuyó el riesgo país.

Nadie puede pronosticar que estemos frente al final de la volatilidad cambiaria ni ante el principio del retorno del riesgo país a niveles más normales. Pero sí hay coincidencia en que, sin un mínimo de fortaleza política del Gobierno, no habrá tranquilidad en el corto plazo.

Durante el primer año de la gestión de Macri, el oficialismo se las ingenió para aprobar un gran número de leyes pese a estar en franca minoría parlamentaria. Pero en todo momento el Gobierno fue incapaz de acordar políticas de Estado de largo aliento con otras fuerzas políticas.

Lograr un consenso en torno de la ley de presupuesto para el año próximo es el gran desafío de la hora. No será un presupuesto más. Será, más que nunca, la ley de leyes. Porque por primera vez en muchos años se propicia un equilibrio fiscal primario. A muchos les hubiera gustado que el peso del ajuste para reducir el déficit fiscal del 2,7% del PBI al 0% pasara por una más drástica disminución del gasto público antes que por la imposición de nuevas retenciones a las exportaciones y por postergaciones en reducciones de los impuestos a las ganancias. Pero, superada la discusión, lo que más mirará el mundo financiero será la capacidad del gobierno macrista para persuadir a su propia tropa y a sectores de la oposición de acompañarlo con la sanción de una ley que suena exigente para un país acostumbrado al derroche y a gastar mucho más de lo que ingresa.

Macri fue claro y también autocrítico cuando afirmó en su mensaje del lunes pasado que creyó con "excesivo optimismo" que podían ir resolviéndose los desequilibrios de a poco. Fue la lápida formal para el plan gradualista.

Dijo también el Presidente que esta crisis no es una más, sino que debe ser la última. Y que cualquier estrategia tiene que empezar por un Estado que gaste menos de lo que ingresa.

¿Puede un gobernante que sabe perfectamente que la Argentina arrastra desde hace setenta años un déficit fiscal crónico pensar que podrá emprender con éxito aquella difícil tarea en soledad?

Si su gobierno no fue hasta ahora capaz de avanzar más rápidamente en reformas estructurales, como el propio Macri lo reconoció, ¿puede tener alguna chance de hacerlo en esta etapa en la que su liderazgo comienza a ser cuestionado? Dentro de Cambiemos, hay dirigentes que tienen claro que eso no será factible sin el concurso de un sector del peronismo y que para reunir un aval de esa parte de la oposición, además la coalición oficialista deberá exhibir cohesión.

La mera tentación de polarizar con Cristina Kirchner rindió sus frutos, pero es claramente insuficiente para ordenar la economía.