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Televisión

Carina Zampini revela su dura infancia: "Hubo tiempos donde no había ni para comprar un caramelo"

Pablo Mascareño
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10 de septiembre de 2018  • 00:14

Dice la Real Academia Española sobre la definición de "Premio": recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio. Carina Zampini paladea en el nuevo desafío que desde hoy le tocará timonear por eltrece ese sabor a reconocimiento. Luego de su logrado paso por Morfi, todos a la mesa, junto a Gerardo Rozín; y por Despedida de soltero, junto a Marley, ambos proyectos por la pantalla de Telefe, esta tarde, a las 17.15, la actriz devenida en conductora debutará con El gran premio de la cocina, su primer proyecto en el que se posiciona como la conductora central del show. Además, se tratará de su regreso al canal en el que compartió éxitos como Malparida, la última tira que estelarizó en esta emisora. Esta vez no será a través de Pol-Ka sino de Boxfish, la productora de Diego Guebel, ex socio de Mario Pergolini, que ahora desembarca con sus productos en el país.

Cuenta regresiva

"Alegría, felicidad, entusiasmo y un poco de ansiedad. Así estoy ante el estreno", explica Carina Zampini a LA NACION, en un alto del último ensayo general antes del estreno en vivo en la tarde de hoy. Está radiante. Esbelta y simpática. Con ganas de hablar en medio del estrés de la previa. Buena figura, quizás por eso solicita una gaseosa que no es light, que degusta como un manjar en una de las oficinas del histórico edificio del canal de Constitución.

Los pasillos de eltrece son un hervidero. No solo por la habitual actividad de la emisora, sino por lo que conlleva la previa a un estreno. Productores, guionistas, técnicos, y responsables de estilismo corren de un lado al otro en medio de las pruebas finales, los ensayos preliminares para que el estreno sea prolijo, aceitado. Al panorama habitual de todo debut en la tele se suman chefs, carritos con frutas y verduras acarreados por los responsables gastronómicos, y un set en el que conviven cámaras, tachos de luz, pantallas led y paredes ficticias, con heladeras, mesadas y utensilios de cocina.

Es que El Gran Premio de la Cocina retoma la fórmula de la competencia televisada, pero a partir de la destreza de los concursantes para elaborar tres platos en menos de una hora. El formato, original de Boxfish, no contiene situaciones de encierro de participantes, pero sí la tensión propia de un certamen con eliminaciones que se extenderá a lo largo de 13 semanas para dejar atrás a 15 participantes y erigir un ganador. "Me entusiasmó el formato y trabajar con Boxfish, productora-que venía desarrollándose en España y ahora abre una sede acá. También me interesó volver a eltrece, donde estuve mucho tiempo, sobre todo de la mano de Pol-Ka. El proyecto es muy interesante. Si bien hubo, y habrá, muchos programas de competencia de cocina, este es sumamente original porque transcurre en tiempo real, sin edición, y en forma diaria. Esto es una característica nueva".

La competencia se inicia con dos equipos enfrentados de ocho participantes cada uno, que deberán no solo mostrar la habilidad individual y colectiva frente a la elaboración de platos, sino también la capacidad de liderazgo, compañerismo y destreza para lograr los objetivos en tiempo y forma. Cerca de la etapa definitoria, la competencia, que no es un reality de encierro, pasará a ser individual, luego de varias semanas de eliminaciones. "Tienen que tener una estrategia clara de elaboración y manejar bien la habilidad y los tiempos para poder ofrecerle para degustar al jurado los tres platos diarios que deben preparar", explica la conductora. El jurado a seducir estará integrado por los reconocidos Christian Petersen y Felicitas Pizarro, mientras que la prestigiosa cocinera Narda Lepes será la encargada del diseño de producción gastronómica. Juan Marconi acompañará a la actriz en la conducción del show que, además, colaborará con el Comedor Fundación Madres de Constitución, que recibirá los alimentos que no se utilicen y los platos terminados.

"La cocina está vinculada con lo emocional. El que cocina, en general cocina para otro", sostiene Carina Zampini
"La cocina está vinculada con lo emocional. El que cocina, en general cocina para otro", sostiene Carina Zampini Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

-La cocina siempre genera un vínculo amoroso, ¿será esa la razón del éxito de estos formatos?

-La cocina siempre es atractiva porque nos toca de cerca: todos comemos y cocinamos algo. Alguien puede ser un gran chef y otros solo sabrán hacer un plato de arroz, pero nadie escapa a cocinar algo alguna vez. Y mucho menos a comer. Es un tema diario que todos tenemos que resolver.

-Los sabores, los aromas, las recetas ancestrales están ligados a la identidad de cada uno y a la historia familiar y social.

-La cocina está vinculada con lo emocional. El que cocina, en general cocina para otro. Hay amor en la cocina. Alguien me convida tortilla de verduras y eso me recuerda a una tía que las hacía. Siempre es así.

-¿Sabés cocinar?

-Sí, lo hago muy bien. Hay etapas que me pongo obsesiva con los postres hasta el cansancio, y entonces busco recetas, pruebo opciones. Me encanta la repostería porque me gusta todo lo que tiene el trabajo manual muy cuidado. Por eso también amaso y hago muy buenas pastas. Cuando tengo tiempo invito a mi familia o a mis amigos.

-Me contaron que sos muy buena asadora.

-Sí, te dijeron muy bien. Me divierte la ceremonia que se genera en torno al asado: prender el fuego, organizar la reunión alrededor de la parrilla, todo eso me fascina.

-Lo espacial también cuenta mucho en la seducción de la cocina.

-¡Es mi lugar de la casa! ¡Me encanta la cocina! Me gusta este espacio más allá de estar cocinando. Cuando llegan mis amigas a casa, la charla es en la cocina. Tengo un lugar en la mesada donde me siento y me pongo a tomar mate. No me sacan de ahí por nada del mundo.

Desarraigos

La conductora y actriz sufrió innumerables mudanzas en su infancia: "Mi papá era un busca y siempre estaba viendo nuevas propuestas de trabajo"
La conductora y actriz sufrió innumerables mudanzas en su infancia: "Mi papá era un busca y siempre estaba viendo nuevas propuestas de trabajo" Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

Quien fuera una de las grandes villanas de las telenovelas locales -¡cómo olvidar su calculadora Carla Lucero de Ricos y Famosos!- es una mujer sumamente sencilla. Una rara avis del show business. Se aparta del deber ser de la industria y vive lo suyo en "modo perfil bajo". Pocas veces se la ve en eventos sociales o en los restó frecuentados por la farándula. No es lo suyo. Lo suyo es Haedo, la coqueta barriada donde vive con su hijo Manuel, que ya tiene 20 años. La placidez actual se contrapone con un pasado más cruel. No siempre fue todo color de rosa en su vida. ¿Quién podría acreditar una vida completa entre algodones? La Zampini padeció lo suyo en sus primeros años de vida. Pero no hay rencor. Ni broncas. Mucho menos resentimiento. Al contrario. Recuerda con amor aquella etapa nómade que la incluía en el universo de los que no son de aquí ni de allá: "Hasta los diez años viví en muchos lugares diferentes. Nací en Capital Federal, y luego pasé por San Clemente del Tuyú, Ramos Mejía, y Córdoba Capital".

-¿Por qué tanto movimiento familiar?

-Mi papá era un busca y entonces siempre estaba viendo nuevas propuestas de trabajo. Estuvimos de un lado para el otro. Hizo de todo, hasta tuvo una bicicletería y una chopería. Todos lo acompañábamos y trabajábamos con él.

Ese todos es su madre y sus tres hermanos. Un clan unido que se movilizaba en plan de búsqueda de bienestar. En poder sostener un mejor pasar y salir de un día a día de economía ajustada.

-Un emprendedor tu papá.

-Yo diría un busca, un osado. Pero llegó un momento en el que mi madre se cansó. Era muy difícil sostener esa vida. Con mis hermanos cambiábamos permanentemente de colegio, siempre era un volver a arrancar. Tengo 25 mudanzas encima y no exagero. Es literal. Nunca nos pasó de alquilar diez años seguidos en un mismo lugar. Cada dos años nos mudábamos.

Cambiar de colegios era duro, siempre era la nueva, y más de una vez llegaba a una escuela a mitad de año

-¿Por qué decías que tu madre se cansó?

-No era fácil para ella ese ritmo de vida. Mis viejos se separaron cuando yo tenía 17 años.

Haedo es el lugar donde finalmente se afincó la familia y el que Carina eligió para transitar su madurez. Allí, en el Oeste, armó su mundo. "Necesitaba sentirme de un lugar, arraigar, lograr un espacio propio".

-En lo positivo y en lo negativo, ¿cómo te atravesó esa vida nómade?

-No me marcó en lo malo. Sí debo reconocer que cambiar de colegios era duro. Siempre era la nueva, y más de una vez llegaba a una escuela a mitad de año. Entonces todos me miraban y ahí tenía que volver a establecer vínculos cuando ya los tenía establecidos en otro lado. Pero nunca tuve demasiada dificultad para sociabilizar. Eso me ayudó.

-De lo contrario hubieras sufrido el doble.

-Esa vida nómade me hizo más desarraigada del apego físico con las cosas. Y eso está muy bien. Uno es uno con uno, viviendo donde sea. Eso te va formando, te da seguridad. Para mí no fue negativo ni traumático. No lo tengo así en mi inconsciente.

-¿Atravesaron necesidades importantes?

-Siempre. Éramos una familia de clases media muy ajustada. Como mi papá siempre estaba a la búsqueda de algo nuevo, nunca sobraba nada. Siempre se estaba empezando, nunca había algo estable. Fui al colegio del Estado y mi mamá nos hacía o nos arreglaba la ropa cuando no se podía comprar. Si un pantalón quedaba grande, mi mamá lo achicaba. Hubo tiempos donde no había ni para comprar un caramelo, pero nunca nos faltó ni el techo, ni el plato de comida, ni el cuaderno para estudiar. Nunca tuvimos esas faltas, pero sí fue muy luchado todo.

-En la madurez llegó la revancha. ¿Cómo te encuentra ya de adulta la vida más holgada fruto de tu carrera exitosa?

-Eso te da una tranquilidad mental. Logré la casa propia, algo que mis viejos jamás tuvieron porque alquilaron toda la vida, y tengo mi autito. Pero, más allá de eso, vivo como una persona común y no hay gran diferencia con la vida anterior. Me hace feliz poder darle todo a mi hijo. Lo acompaño emocionalmente, pero también le puedo dar materialmente lo que necesita: un buen colegio, cursos, deportes. Pero soy muy poco consumista, no necesito estar renovando las cosas todo el tiempo, no sé de marcas, no viajo mucho. Soy muy de mi casa, llevo una vida muy tranquila.

Afincada a la tierra

"Soy muy poco consumista, no necesito estar renovando las cosas todo el tiempo, no sé de marcas, no viajo mucho", cuenta Zampini, quien prefiere cenar con sus amigos en su casa de Haedo que ir a los lugares de moda
"Soy muy poco consumista, no necesito estar renovando las cosas todo el tiempo, no sé de marcas, no viajo mucho", cuenta Zampini, quien prefiere cenar con sus amigos en su casa de Haedo que ir a los lugares de moda Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

En contraposición a esa vida nómade, Zampini se muestra bien firme en sus convicciones. Y plantada en esa vida que eligió bastante lejos de los ruidos artificiosos de un trabajo poco convencional. La fama y el dinero no le han hecho mella en su vocación por la austeridad.

-A pesar de la exposición pública de tu actividad, llevás una vida muy diferente a lo que marcaría el statu quo de la figura conocida y exitosa. ¿Cómo hacés para sostener el perfil bajo en un mundo de redes y tan invasivo?

-Sucede así porque así soy. No es una estrategia. No pienso en eso. Así me sale y así soy. No siento la restricción de no hacer cosas para que no me vean. Desde ya, me mido y sé a qué lugares ir si quiero tener una salida pública tranquila y no estar expuesta. Pero me vinculo con naturalidad con la gente, con los medios. Por otra parte, me gusta poco salir. Prefiero invitar a casa o ir yo a la de mis amigos, o estar con mi hijo.

-¿Tenés amigos en el medio?

-Muy pocos, y la mayoría trabajan detrás de cámara. Mis amigos de toda la vida son los de Haedo, los del colegio.

-Eso también te ancla y te sitúa.

-Esas cosas colaboran. El mantenerte en eje o en equilibrio tiene que ver con una mirada de la vida en general. Trato de ver con la mayor certeza posible de qué se trata todo. Yo no puedo ser diferente trabajando en la tele o en una fábrica de repostería, porque eso no me define a mí. Yo soy la misma. Con los mismos valores.

-Estamos de acuerdo, pero el medio marea por el nivel de ingresos, por la fama que acarrea. Es un trabajo con un alto costado tóxico.

-Es un medio en el que todo lo que sucede es particular. Es fuerte ser conocido y recibir el amor de la gente. Si uno no tiene la vida clara, en general, se puede comer el cuento que quiera. Es una elección. Esto es un trabajo, a mí me encanta, pero soy consciente que hoy está y mañana puede no estar o que me puede ir mal. Trato de tener presente el tiempo que yo me tengo que construir y eso va más allá de todo eso y eso se lo transmito a mi hijo. Es buscar el equilibrio entre lo que digo, lo que pienso y lo que hago. Lo que nos define no es lo que hacemos sino cómo hacemos lo que hacemos. Llego temprano, soy respetuosa, me llevo bien, hago a conciencia mi trabajo.

Es fuerte ser conocido y recibir el amor de la gente. Si uno no tiene la vida clara, se puede comer el cuento que quiera

-Venimos hablando de perfil bajo. Y tal es tu discreción que poco se supo de tu último noviazgo y tu ruptura.

-Tiene que ver con lo que venimos hablando. Pero sí, efectivamente estoy separada desde hace dos meses.

-¿Te llevás bien con la soledad?

-Suelo estar bien cuando estoy sola, mucho más ahora que voy a cumplir 43. Me fui descubriendo a mí misma. Es un trabajo que hago, que me interesa hacer. Eso hace que no necesite llenar espacios. Si estoy acompañada es porque también estoy bien y porque estoy mejor que sola. Mi concepto de las relaciones tiene que ver con el aprendizaje. El otro te aporta y te hace aprender algo. Y a la inversa. Esos cruces pueden durar diez minutos o veinte años. El tema es ser consciente para qué apareció esa persona en la vida.

-¿Sos de rápida resolución a la hora de las rupturas?

-No me gusta sostener algo porque tiene que durar para siempre. Hago balances y me permito cambiar o romper una relación.

-¿Te permitís esos duelos?

-No lloro ni hago los duelos cuando corto porque eso lo vivo antes. Me interesa analizar con el otro qué le sucede a la pareja, qué cosas no funcionan, y si existe un futuro compartido o no.

-Como con las mudanzas, en el amor siempre es un volver a empezar.

-Jamás me cierro al amor. Estar en estado de amor es lo más hermoso que le puede suceder a una pareja. Y esto va más allá del amor de pareja, es el amor al otro. El amor pone al ser humano en el mejor estado. En una pareja está ese amor con el aditamento de la pasión. Jamás me cerraría a eso. Es lo que todos queremos y necesitamos y nos hace ser mejores.

-Te percibo poco afecta a la convivencia.

-No voy a decir nunca jamás, pero en este momento de mi vida no elijo convivir bajo el mismo techo. Si elegiría convivir de a ratos y que la otra persona se pueda quedar, pero que también se vaya a su casa y me permita conservar el espacio individual.

Empoderamientos

"Hay muchos hombres que trabajan para que la mujer pueda vivir en un plano de equidad", sostiene Carina Zampini
"Hay muchos hombres que trabajan para que la mujer pueda vivir en un plano de equidad", sostiene Carina Zampini Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

-Hoy la mujer vive una etapa de saludable empoderamiento. Se ha hablado mucho sobre situaciones de acoso o violencia ejercida sobre las actrices en el trabajo en los medios. ¿Te ha sucedido alguna experiencia desagradable al respecto?

-Jamás me sucedió. No me pasó.

-¿Qué opinás de los movimientos feministas?

-Estoy a favor de la equidad. El empoderamiento de la mujer se produce porque la mujer no tenía ese lugar, se lo fue ganando, pero es importante rescatar a los hombres. Si bien necesitamos salirnos de la cultura machista y hay muchas mujeres que lo son, también reconozco que hay muchos hombres que trabajan para que la mujer pueda vivir en un plano de equidad. Hay mucho hombre que acompaña y quiere eso, y que entiende que está bien que a la mujer se la respete y que no se aproveche de la desigualdad física para ejercer violencia.

-Es interesante porque trocás igualdad por equidad.

-Igual no hay nadie. Ni siquiera dos mujeres son iguales. Cada individuo es diferente al otro. Por eso hablo de lo equidad.

La conducción fue una revelación tardía y descubrí que me gusta

Es tiempo de regresar al trabajo. Carina almuerza frugalmente antes de volver al set para el ensayo general del programa. Quedan pocas horas para el estreno. Un debut esperado con ansias por quien parece haberse adueñado de este rol que la aparta de la ficción. Un personaje sin ficción que transita con comodidad.

-¿Extrañás interpretar a las villanas de las telenovelas?

-No, pero siempre tengo ganas de actuar Es lo que hago desde que tengo 9 años.

-La conductora le ganó a la actriz, al menos en este tiempo.

-La conducción fue una revelación tardía y descubrí que me gusta. Amo actuar, pero en la conducción soy yo, sin personajes.

-Es un riesgo.

-En Morfi decidí correr el riesgo.

-¿Por qué te corriste de aquel ciclo en el que te iba tan bien?

-Sentía que era una etapa cumplida por diferentes razones, sobre todo luego de un año y medio.

-¿Tenías buen vínculo con Gerardo Rozín?

-Sí, aunque tuvimos nuestras diferencias y discutimos lo que teníamos que discutir. Pero pudimos conversar todo. Le estaré siempre agradecida a Gerardo por la oportunidad que me dio. Fue el primero que se animó a ofrecerme una conducción.

-Finalmente, veamos si te puedo dar El Gran Premio de la Cocina. Si voy a tu casa en Haedo un domingo, ¿qué me preparás?

-Un asado.

-¿Y si llueve?

-Pasta rellena. Unos buenos raviolones.

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