Las ventajas de tratarnos de usted

Miguel Espeche
Miguel Espeche PARA LA NACION
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7 de septiembre de 2018  

Las siguientes líneas apuntan a la labor de valorar el usteo, que es la forma de comunicación entre las personas que usan la palabra "usted" en el intercambio. Sabemos, por supuesto, que esa forma de interactuar va quedando de lado de manera creciente, y esto es así por causa de la arrasadora e imperativa presencia del tuteo en las conversaciones de cada día. Sin embargo, deseamos rendirle el homenaje que corresponde, apuntando a sus virtudes antes que, por moda o por ceguera, se pase al olvido una modalidad que tiene un sinnúmero de sanos atributos.

Algunos pensarán que es nostalgia este rescate del "usted". No lo negamos y hasta nos congratulamos de ese sentimiento. Se extraña esa comodidad de la sana distancia, de la buena forma que protege de confluencias no deseadas y del clima de respeto que propicia el intercambio que otrora formaba parte de tantos diálogos. El "usted" signa cierta distancia, que en todo caso deberá ser atravesada en un proceso de acercamiento sin atajos, una confianza creciente que no se da por decreto ni por moda. El tránsito desde el "usted" hacia el "vos" es grato si así se lo sabe ver, y a veces nos perdemos ese proceso por apelar al imperativo de la "cercanía" desde el vamos a través de un "vos" prematuro.

La rigidez y pacatería que antes se colaba en las conversaciones serias y formales no habilitan, a nuestro entender, la creciente e injusta eliminación del maltratado usteo.

No negamos por supuesto que la fluidez que permite el "vos" es grata y amable en una gran cantidad de casos. Pero tampoco negamos que el "confianzudismo" a veces hace de las suyas y termina, para variar, siendo más imperativo que el más recalcitrante de los formalismos, además de ser invasivo e incómodo en muchos casos.

El "igualismo" también ha sido generador del decaer del "usted" en las interacciones cotidianas. Esa idea de igualdad como sinónimo automático de virtud supone, en términos de prejuicio, que la desigualdad es un pecado de por sí, siendo que lo que puede ser nocivo no es la desigualdad, sino cómo y en nombre de qué esa desigualdad es ejercida.

Un ejemplo de lo anterior es el hecho de que un profesor no es más cálido, bueno, confiable, sabio y cercano solo porque se tutee con los alumnos. Hubo y quizá siga habiendo excelentes docentes que no necesitan del "vos" para serlo, y que usan el "usted" como algo que diferencia los lugares, sin que eso signifique marcar superioridades.

Señor lector, usted elegirá cómo tratar al prójimo en sus conversaciones. Pero no se olvide por favor de las virtudes de la palabra "usted". No vaya a ser que termine creyendo que la cercanía y la confianza dependen de la palabra "vos" para existir.

Sabemos que el usteo no garantiza tampoco respeto, pero al menos lo simboliza. Y como de símbolos está también hecha la vida humana, vale el homenaje al "usted" para que no sea tirado por la borda sin más, perdiéndonos de todo su aporte por causa de una distracción cultural imperdonable.

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