Volver a leer gracias a los smartphones

Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
Laura Marajofsky
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8 de septiembre de 2018  

Es innegable que vivimos en una época en la que estamos, cada vez más, rodeados de palabras ya sea en el medio digital o físico. Por ejemplo, los sitios en formato Wordpress a lo largo del mundo publican más de 77 millones de posteos cada semana, The New York Times, uno de los diarios más populares del planeta, da 150 historias cada día, y pese a las continuas declaraciones de que la industria del libro está muerta el año pasado se vendieron 687,2 millones de libros en los EE.UU. Claro que no todas las palabras son creadas iguales y los hábitos en torno a la lectura difieren de generación en generación; pero contrario a lo que se cree con los usuales prejuicios ante la tecnología, nuevas apps y programas podrían estar devolviendo el placer por la lectura a aquellos que le rehuían al celular o al Kindle, e incluso captando a las nuevas generaciones. ¿Cómo? Creando experiencias de lectura más directas, en algunos casos más limpia y sin distracciones, en otros casos dosificada y adaptada al tiempo y recursos del lector moderno, y además sumando features atractivos, pero por lo general, diversificando y apuntando a nichos de interés puntual.

Al fin y al cabo, era cuestión de tiempo para que esta estrategia, ya generalizada por los servicios de streaming como Netflix, llegara al ámbito de la lectura.

La revancha del lector

Una vez rebatido el axioma de que las nuevas generaciones ya no leen (en todo caso leerán de otras maneras), y entendiendo que el objeto libro como único soporte posible ya ha sido desmitificado, el mayor desafío para el lector contemporáneo parece ser la continuidad en el tiempo. Vivimos a las corridas, y así como nos pasa que dejamos artículos o aquel meme simpático para ver luego, los libros sufren la misma suerte, si no una peor.

Un especial reciente de la revista Wired daba cuenta de la dificultad para retornar al hábito placentero de la lectura, regenerando esa predisposición en los tiempos que corren. No es que no queramos, es que siempre pareciera haber algo mejor para hacer. "Leer es difícil, no el acto en sí sino la motivación. Siempre hay algo más fácil, más grande, más ruidoso, algo que te hace sentir mejor (o que te hace sentir peor, como las redes sociales) que hacer. Pero eso no cambia el hecho fundamental de que todos queremos ser lectores", reflexiona el periodista Peter Rubin sobre la cuestión aspiracional de fondo. Será por eso que seguimos comprando y acumulando libros aunque no los leamos, chusmeando los nuevos títulos en las librerías, leyendo reseñas, haciendo listas (qué libros queremos leer este año, cuáles llevarnos de viaje), y hasta nos sentimos un poco mal cuando no podemos terminar una novela.

Graciosamente, los japoneses tienen una palabra particular para aquella compulsión por la acumulación de libros que nunca se han leído, y que se apilan casi arquitectónicamente en mesas de luz u otros rincones de la casa: tsundoku ('doku' de leer, 'tsumu' de apilar).

A su vez, los editores y productores de contenido nunca tuvieron tanta información sobre sus lectores y los hábitos de los mismos, tanto para bien como para mal. Hoy en día los medios digitales pueden determinar cuánto o cómo se lee al dedillo, es decir, cuántas veces se leyó un artículo, cuánto tiempo te llevó, cómo llegaste ahí, en qué parte abandonaste la lectura, etcétera. Y así, con este pequeño estudio de mercado y perfil, trazar estrategias para mejorar la experiencia. o no perder la atención del público.

Imaginemos por un instante los desafíos actuales de un editor de libros, teniendo que luchar con las numerosas distracciones de la web, la falta de tiempo, la conveniencia cotidiana. Por eso en adición a la estrategia de "netflixear" la lectura (modelos por suscripción, nichos de interés específico, rotación de contenidos, control del usuario sobre sus tiempos), se suma un incipiente fenómeno en sintonía con la posibilidad de hacer multitasking: el flamante auge de los audiobooks.

Quizás por sintonizar con esta sensibilidad actual, y gracias a que los mismos permiten "leer" mientras se hacen otras cosas, pero también a tono con el aumento en el consumo de podcasts y símiles, el audiobook está haciendo una reentrada en el consumo de cultura. Sin ir más lejos las ganancias por esta clase de libros reportó en EE.UU. un aumento de más del 30% del 2017 a este año. Google comenzó a ofrecer soporte para audiolibros en GooglePlay y ahora Apple ha revivido su servicio equivalente, al tiempo que el exitoso servicio de audiolibros de Amazon ya estaba haciendo lo suyo mucho antes.

Y es que de una u otra forma, todos hemos recibido nuestras primeras historias narradas por algún familiar o maestro ya sea en nuestra casa o el colegio. A la vez, algunas de las ventajas que ofrece el audiolibro (que en el caso de la app Audible funciona como un Netflix de audiolibros) es lograr el punto justo de acompañamiento mientras que permite realizar otras tareas. Puede escucharse solo o socializando la lectura (por ejemplo en un viaje en auto), y además puede escucharse desde cualquier lugar y en diversos formatos.

Ideal para aquellos impacientes, con horarios hécticos o que simplemente quieren descansar la vista de la marea de internet y los dispositivos físicos, sea un celular o inclusive un libro. Aunque también cabe preguntarse: ¿qué tipo de experiencia de lectura es aquella que no requiere total inmersión? (Tal vez una nueva forma de leer acorde al zeitgeist).

Mientras tanto, otra manera de aggiornarse es experimentar con la oferta de nuevas apps. Algunos chapados a la antigua en cambio plantean una premisa mucho más simple: si no podés terminar un libro, dejalo un tiempo y volvé luego. No sos vos, puede ser el libro o el timing. El mismo libro puede atraparte y no soltarte un buen tiempo después. El punto es que los libros siempre encuentran la forma de llegar al lector correcto.

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