La soja, ejemplo de bioeconomía

La soja está presente en un sinnúmero de alimentos
La soja está presente en un sinnúmero de alimentos Fuente: Archivo
Rodolfo Luis Rossi
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8 de septiembre de 2018  • 02:00

La Argentina es el tercer productor mundial de soja y mantiene liderazgo en las exportaciones de harina y aceite de soja. También cuenta con una importante capacidad para generar biodiesel, hoy comprometida por el cierre de mercados externos. Esta posición nos permite diversificar mercados, ya que la exportación de grano se orienta especialmente al mercado chino.

Si bien nuestra industria es una gran generadora de recursos, el uso interno que hacemos de ellos es muy pobre si se compara con otros países productores. En harinas consumimos menos del 8% de lo producido (Brasil casi un 50% y Estados Unidos supera el 70%) y en aceites ocurre algo similar pese a que se trata de un insumo estratégico en el mundo para una gran multiplicidad de usos.

Como producto natural, el principal destino de la soja es la alimentación, con probadas propiedades para la salud. En torno a esto, en el mundo hay miles de pequeñas y medianas industrias con tecnologías de proceso más o menos complejas que vienen creciendo. Los alimentos tradicionales de soja como el tofu, la leche de soya, el miso y el tempeh han sido consumidos durante siglos por las poblaciones asiáticas.

La proteína de soja contenida en las harinas es prácticamente insustituible en la alimentación animal, pero también es utilizada en la alimentación humana en base a concentrados y aislados de la harina, y tiene infinidad de usos industriales y cosméticos.

Para la industria de los alimentos, las proteínas de la soja tienen la capacidad de formar geles a través de distintos mecanismos basados en el fenómeno de asociación-disociación de las proteínas. Con estas proteínas fibriladas como base y con la adecuada adición de grasas, nutrimentos, colorantes, saborizantes, etcétera, se pueden desarrollar productos con formas y tamaños que asemejan las estructuras de diferentes carnes. A su vez, la industria alimentaria aprovecha de la soja algunas de sus propiedades funcionales tales como adherencia, coagulación, control del color, cohesión, estabilidad coloidal, dispensabilidad, elasticidad, emulsificación, absorción de grasas, formación de espuma / aireación, gelificación, capacidad de hidratación, rehidratación, solubilidad, viscosidad, absorción de agua y unión.

En el caso de los aceites de soja, su refinación permite amplios usos alimenticios e industriales, de consumo o como ingredientes. Además, entre los otros productos del procesado aparece la lecitina como un insumo básico para distintos tipos de industrias, entre ellas la alimenticia. Es oportuno recordar que las nuevas variedades de aceite de soja con alto contenido de ácido oleico son naturalmente más estables que el aceite de soja tradicional, reduciendo la necesidad de antioxidantes y otros aditivos costosos.

La soja es una opción natural para los desarrolladores de productos interesados en promover la química verde. Los fabricantes usan aceite de soja como reemplazo de insumos petroquímicos para hacer que sus productos sean más renovables y más respetuosos con el medio ambiente mientras mantienen o, en algunos casos, incluso, exceden el rendimiento. Los productos de soja generalmente son más biodegradables y contienen menos compuestos orgánicos volátiles que los tradicionales. Existe una larguísima lista de productos nuevos tales como lubricantes y fluidos multipropósito, productos de limpieza, selladores, grasas, uso personal, bioplásticos, supresores de polvo, tintas, etc., adonde las patentes y marcas están a la orden del día.

Varios esfuerzos se vienen haciendo en el país para incentivar la generación de productos a base de soja. Las nuevas políticas externas, que están favoreciendo las exportaciones de carnes, nos presentan un inmenso mercado para nuestras harinas de soja. Tenemos las tecnologías y los especialistas en nutrición que nos permitirán en poco tiempo agregar valor de manera significativa. Los crecientes volúmenes de maíz que venimos generando se acoplan perfectamente con la soja en una situación de ganar-ganar. Esos esfuerzos han llevado a que hoy existan en el país más de 400 unidades instaladas con transformación en lugares de origen que generan miles de puestos de trabajo.

Un trabajo realizado por el Centro Regional Rosario de la Universidad de Concepción del Uruguay en conjunto con ACSOJA logró captar el notable crecimiento local de los derivados de la oleaginosa en productos alimenticos en menos de 10 años. En el relevamiento se encontraron 1018 productos.

Todo lo descripto es bioeconomía en su máxima expresión y debería ser un incentivo para generar empresas de valor agregado teniendo en cuenta que una cosa es capturar valor y otra enfrentar el gran desafío que implica crearlo.

El autor es expresidente de la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja)

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