Del Potro y el dulce sabor de volver a disputar una gran final y en su territorio preferido

José Luis Domínguez
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7 de septiembre de 2018  • 19:52

NUEVA YORK - Fue en abril de 2016. Juan Martín del Potro rondaba el puesto 340° del ranking, y todavía daba los primeros pasos en su regreso al circuito. En una mañana lluviosa y gris, grabó un video para sus amigos, mientras recorría la cinta en el gimnasio. "Esto es así, chicos. Uno está solo acá en el gimnasio, no hay nadie. Afuera llueve, diluvia en Buenos Aires. Las ganas de entrenar y salir de la cama son muy pocas. No tener a nadie que te motive, a nadie que te acompañe. Con esas cosas se hace mucho más difícil todo. Pero el orgullo y el amor propio es más fuerte, y yo estoy acá gracias a ustedes, que son mis amigos, y siempre me bancaron cuando yo estuve muy mal. Entonces, todo el esfuerzo que yo hago es para que puedan disfrutar de verme jugar y para que durante muchos años más estemos todos juntos, peleando para que yo pueda ser feliz adentro de una cancha. Les mando un abrazo, y que cada uno, en lo que haga, deje todo. Si sale bien, buenísimo; si no, que se queden tranquilos que lo dieron todo", habló por entonces.

Su grupo de amigos lo acompañó por completo, por primera vez, hasta esta aventura en Nueva York. Su torneo preferido, con sus afectos. Del Potro se abrió camino con autoridad, con la confianza de quien conoce la ruta hacia los grandes momentos. Con perfil bajo y con la ilusión encendida, se animó a otro sueño, el de volver a vivir el día mágico, ese 14 de septiembre de 2009 en el que enfrentó a una leyenda viva, la venció, y se abrazó a la gloria. En el mismo escenario, nueve años después, ha vencido a otro gigante del tenis. La epopeya está ahora a un partido, tan cerca y tan lejos a la vez.

El ascenso a las cumbres requiere de sacrificios, de una entrega sin límites, de muchísimas horas de entrenamientos, dolores y frustraciones. Rafael Nadal , como Roger Federer y Novak Djokovic , lucen imponentes. Más difícil es apreciar todo aquello que han dejado atrás alcanzar el firmamento del deporte. Detrás de cada talento hay cientos de horas de esfuerzo y tenacidad, de búsqueda de detalles para mejorar cada día un poco más. Del Potro regresó desde cuatro operaciones (tres en la muñeca izquierda) para volver a estar entre los mejores.

Han pasado casi dos años y medio desde aquel video casero que ensayó Del Potro. En el medio, han pasado muchos partidos y varios títulos; una Copa Davis , y enormes batallas en los Grand Slams, y el ascenso hasta el número 3 del mundo, la posición más elevada de su carrera. Le ha tocado compartir época algunos de los mejores tenistas de la historia; algunos lo verán como una situación que le ha impedido llegar más lejos, y desde otro punto de vista, esto no ha hecho más que realzar lo mucho que ha conseguido. Y por supuesto, ha vuelto a disfrutar del tenis, de estos increíbles partidos. El domingo, volverá a paladear el dulce sabor de disputar una final grande, en su terreno preferido, en ese gigantesco Arthur Ashe donde hizo (y puede hacer otra vez) historia.

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