Microcréditos, con el desafío de incluir a partir de las finanzas

Preocupa el impacto del nuevo escenario económicoy social; hoy hay 94.000 pequeños créditos dados por 62 entidades
Silvia Stang
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9 de septiembre de 2018  

En 1755 un terremoto destruyó en gran medida la ciudad de Lisboa. Viendo el desastre, el rey ordenó actuar según tres prioridades: cerrar los puertos, enterrar a los muertos y cuidar a los vivos. La historia fue reseñada por Denise Ferreyra, presidenta de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), para trazar un paralelismo con la coyuntura argentina y su impacto en el sector de las microfinanzas, dedicado principalmente a otorgar pequeños préstamos en poblaciones que sufren la pobreza, con metodologías que implican una garantía solidaria y recíproca que asumen los integrantes de un grupo de prestatarios y, muchas veces, la conformación de bancos comunales de autogestión entre personas de un mismo barrio. Cerrar los puertos, describió Ferreyra, es trabajar sobre los riesgos; enterrar a los muertos es dejar de lado lo que ahora no será viable, y cuidar a los vivos es ocuparse de los recursos disponibles pero, prioritariamente, de las personas que son parte de este sistema.

"En estas situaciones tienen un lugar de preeminencia los rescatistas y en ese lugar está el sector de las microfinanzas", dijo Ferreyra, también directora de Pro Mujer (una entidad que trabaja en el norte argentino), quien destacó una particularidad: el sector trabaja "para que la inclusión financiera lleve a la inclusión económica", una dinámica que, por lo general, se piensa al revés. La directiva inauguró la jornada anual del sector, organizada por Radim, que se realizó el jueves pasado en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en la que no estuvo ausente la mención al nuevo escenario que, con una suba de la tasa de inflación, dificultades en el mercado laboral y una caída del poder adquisitivo, tenderá a empeorar los indicadores de la realidad social.

El último mapeo sectorial, con datos a marzo, permitió relevar que en el país hay 62 instituciones de microfinanzas, con 94.364 préstamos (corresponden a 88.238 prestatarios) por un total de $2452 millones. El 89% de las entidades son asociaciones sin fines de lucro y el 11%, sociedades anónimas. El relevamiento fue realizado por Radim, la Comisión Nacional de Microcréditos (Conami) y Foncap Finanzas Inclusivas, una empresa con participación estatal que hoy fondea con $100 millones a 27 organizaciones.

"Nuestro trabajo se dirige a los que llamamos los trabajadores de la economía popular, y una de las líneas de trabajo es la del autoempleo -describió el secretario de Economía Social, Matías Kelly, sobre su función-. Abordamos el tema en cuatro dimensiones: acompañar con programas una mejora productiva, crear puentes para la comercialización, fortalecer vínculos y generar acceso al crédito".

En el área de la Secretaría funciona la Conami, que desde 2016 le aportó unos $250 millones a 200 organizaciones. Según contó a LA NACION su coordinador, Julián Costábile, tres meses atrás se lanzó una línea de mesocréditos, de entre $50.000 y $150.000 y con plazos de 6 meses a un año, que se otorgan a grupos asociativos. Hasta ahora, señaló, hay préstamos a unas 200 unidades productivas en las que trabajan unas 2000 personas.

Las poblaciones a las que apuntan las microfinanzas son generalmente las que tienen un nulo acceso al crédito tradicional y un escaso acercamiento al sistema financiero, aun cuando se cobren prestaciones a través de una cuenta en un banco. Según el último informe de Global Findex difundido por el Banco Mundial, poco más de la mitad de la población local dijo tener una cuenta en una entidad financiera.

"En el país, el 80% de la población tiene cuenta bancaria y también hay quienes, por ejemplo, empiezan a manejarse con una tarjeta prepaga o con una app de billetera electrónica, lo cual abre una puerta de acceso al sistema financiero. La paradoja es que el 50% de la gente dice que no está bancarizada, y para nosotros eso no es un dato menor, porque hay personas que están subincluidas en el sistema; tienen cuenta, pero no la usan", dijo Jimena Zúñiga, asesora de la presidencia del Banco Central.

¿Y por qué sería útil esa inclusión, más allá de qué tipo de entidad la logre? Según la funcionaria, porque la posibilidad del ahorro (algo que promueven las entidades del microcrédito) permite resistir mejor a los embates de la coyuntura, sobre todo en un contexto de vulnerabilidad. Y además, porque se otorga comodidad para hacer pagos o, incluso, porque se permite mejorar la capacidad de trabajo de los emprendedores.

Un rasgo asignado a las instituciones de microfinanzas es su cercanía con quienes pueden ser prestatarios, para conocer sus necesidades. En lo que se refiere a los emprendimientos, Marta Bekerman, presidenta de la asociación civil Avanzar y economista de la UBA, mencionó cuatro aspectos que suelen ser problemáticos: financiamiento, capacidad de organización, acceso a mercados y necesidad de innovación social, "que debería ser tan importante como otro tipo de innovaciones".

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