Juan Luis Bour: "Da la sensación de que en el Gobierno no ha habido un economista a cargo"

El economista jefe de FIEL dice que se cometieron muchos errores de diagnóstico, que no hay riesgo de hiperinflación y que la dolarización no es una solución
El economista jefe de FIEL dice que se cometieron muchos errores de diagnóstico, que no hay riesgo de hiperinflación y que la dolarización no es una solución Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Carlos Manzoni
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9 de septiembre de 2018  

Al escuchar a Juan Luis Bour, se tiene la impresión de que la turbulencia que atraviesa la economía local no es más que la crónica de una muerte anunciada. Con lo cual, la siguiente pregunta que se viene a la mente es si la actual administración tenía o no un diagnóstico certero de la situación y una proyección acertada. Es entonces cuando el economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) afirma que se partió de varias hipótesis equivocadas y se cometieron varios errores. "Da la sensación de que en el Gobierno no ha habido un economista a cargo", opina.

-¿Cómo se llegó a esta nueva crisis de la economía argentina?

-Llegamos porque periódicamente cometemos los mismos errores. La Argentina tiene una historia de décadas de desequilibrios, tanto domésticos como de cuentas con el exterior, y necesita financiamiento para su indisciplina. Alguien tiene que financiarnos y al comienzo la cosa funciona, pero cuando la deuda se hace grande dejan de prestarnos y se produce un frenazo repentino de entrada de capitales. Este es un proceso que nos genera crisis cada diez años o menos, y por eso nos hemos convertido en un país muy riesgoso.

-Ahora, se supone que el Gobierno debía saber esto. ¿Por qué no se hizo nada al respecto?

-Bueno, un gobierno no es una cosa completamente homogénea, sino que es una coalición. Y dentro del Gobierno había algunos que creían que parte de la devaluación que había habido en el tipo de cambio libre ya estaba tomada por los precios y se pensaba que devaluar hasta $15 no tendría impacto. Ese pensamiento chocó con la realidad, porque mientras se está con la cotización blue de $15 o cerca, se traslada solo una parte a precios, pero cuando ya es oficial que el dólar está a $15 se traslada todo.

-Imagino que esa no fue la única cosa que se calculó mal...

-No, claro. Además, se creyó que el crecimiento arreglaba todo. Esta es una hipótesis típica de los políticos. Si yo tengo que hacer un ajuste fiscal porque tengo las cuentas mal, ¿voy a cortar el gasto o voy a apostar a que la economía crezca? Los políticos siempre van por la segunda opción. De hecho, el programa económico suponía que se iba a crecer durante años a más del 3%. Pero esto no era más que una hipótesis que necesitaba ser testeada en los hechos y que nunca se concretó.

-Pero además ¿no se confió mucho en que todo lo solucionaría el financiamiento externo?

-Esa es la tercera hipótesis equivocada, porque se creía que el mundo nos iba a financiar los desequilibrios todo el tiempo que fuera necesario. Pero uno se daba cuenta de que lo que se necesitaba eran US$45.000 millones anuales. Teniendo en cuenta lo que son los mercados emergentes, el peso que tiene la Argentina en esos mercados y los flujos de capitales a emergentes, uno sabía que esa hipótesis era muy arriesgada. Y lo que podía sobrevenir era lo que sucedió en los últimos 70 años, que es que los mercados dejan de prestarle al que necesita la plata. Por eso, hubo que ir al Fondo Monetario Internacional.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

-¿Cree que este gobierno pecó por inacción?

-Es que, otra vez, se sacaron conclusiones erradas, como que un gobierno no puede hacer ajustes importantes, porque eso hace perder imagen al presidente y que lo que conviene es ir adelante sin hacerle pagar esos costos a él. Pero ese razonamiento es erróneo: es probable que uno pague algún costo cada vez que reta a sus hijos o avisa que la plata no alcanza, pero el costo es mucho mayor si uno no hace eso y la plata no alcanza en el momento que uno más la necesita. Cuando uno no hace el ajuste por las buenas, lo hace por las malas. Finalmente, las cosas ocurren igual. La lista de errores de este gobierno es muy larga y se creyó que todo se podía solucionar con parches.

-Pero algunas cosas intentó hacer el Gobierno y no le salieron.

-Es que en 2017 empiezan a observarse los problemas generados por la propia gestión y comienzan a hacerse correcciones. Pero, por más que uno se dé cuenta de los errores, si los advierte tarde, es mucho más difícil corregirlos. El Gobierno fue corrigiendo algo, pero siguió cometiendo otros errores: por ejemplo, el Banco Central fogoneaba la expansión crediticia al 60% anual, cuando se pretendía tener una inflación del 15%. En ese contexto, uno sabe que va a tener dificultades para lograr bajar la inflación; sobre todo, si al mismo tiempo tiene que subir tarifas al 50% o al 100%. Da la sensación de que en el Gobierno no ha habido un economista a cargo.

-En este contexto en el que hay que ajustar sí o sí, ¿dónde hay margen para recortes?

-Una de las medidas posibles, que no tiene un gran costo político y social, es eliminar vacantes en el empleo público; es decir, no tomar más a nadie y no reponer los puestos de los que se van jubilando. Esto, sostenido en el tiempo, puede achicar mucho el gasto público. Pero claro, todo esto hay que consensuarlo con las provincias, donde el empleo público es mucho y está ligado al clientelismo.

-¿Está de acuerdo con el aumento de las retenciones al comercio exterior?

-Gravar con impuestos al comercio exterior nunca es bueno, menos cuando uno tiene la necesidad de abrir la economía. Dicho esto, aclaro que era la solución clásica para este momento. Es más: la oposición (el peronismo) hoy lo critica, pero siempre se sintió muy cómoda con las retenciones. Si estuvieran en el gobierno, no dudarían un segundo en imponerlas. Otra cosa que hay que aclarar es que la competitividad por tipo de cambio les mejoró mucho a los exportadores, con la última devaluación. Igual, repito que tiene que ser una medida temporaria.

-Su colega Guillermo Calvo opinó que la dolarización es algo que habría que pensar seriamente más adelante, ¿está de acuerdo?

-En la Argentina, la dolarización no es garantía, porque acá no se cumple la ley. No digo que sea algo malo per se, solo digo que aplicada en este país no ha dado muestras de ser una herramienta eficaz para evitar una crisis. Lo vivimos, sin ir más lejos, durante la convertibilidad. La paridad peso/dólar no evitó la debacle de 2001, por la simple razón de que acá no se cumplen los contratos. El problema de fondo es ese. Nos endeudamos más de la cuenta, después se empezó a emitir, hasta las propias provincias emitían su moneda. Fue un descontrol. En un país donde se cumplan los contratos y la ley, puede ser una solución la dolarización, pero no acá.

-Hay dos palabras que dan terror: hiperinflación y plan Bonex, ¿ve riesgo de que eso suceda?

-No creo que haya riesgo en ninguno de los dos casos. Por el lado de la hiperinflación, si bien hay fuga de divisas y la gente se desprende de sus pesos, la situación no es extrema. Además, para que se produzca una hiperinflación tiene que haber también un gran colapso político, como en Venezuela. No veo eso acá. En cuanto al plan Bonex, la tranquilidad es que los bancos tienen los dólares; los dólares de la gente están.

-¿Hay lugar para creer que hay una luz al final del túnel?

-Sí, siempre que, cuando pase este incendio, se hagan las cosas que se deben hacer, con consistencia en el tiempo: asegurar estabilidad política, achicar el Estado, firmar tratados de libre comercio y avanzar con reformas estructurales. Además, debemos invertir más, y para eso se necesita ahorrar más y consumir menos.

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