La corrupción que desborda los cuadernos

Las anotaciones del chofer Centeno son apenas una parte de la radiografía del total de actos dolosos que se perpetraron para saquear las arcas del Estado
(0)
8 de septiembre de 2018  

El escándalo por los cuadernos del chofer Centeno ha levantado el velo sobre parte de lo que se sabía y presumía acerca de la corrupción que ha campeado en la obra pública en la Argentina. Ahora bien, ¿es eso todo lo que quedaba por revelar sobre cómo fue esquilmado el país por un maridaje ruin de políticos, pseudoempresarios, jueces y sindicalistas? ¿Se agota en las páginas de cuadernos ya famosos la revelación total de actos dolosos que se acometieron en tal cantidad y significado como para configurar un régimen cleptocrático?

El listado de los males perpetrados es aún mucho más extenso. Queda mucho por poner en evidencia en los estrados judiciales sobre ese gigantesco asalto al país, más allá de las cuestiones que tienen en vilo a una parte considerable de la opinión pública. Es cierto que no todo puede abarcarse simultáneamente. Sin duda, antes que ampliar con precipitación la investigación en marcha sobre tan graves hechos ocurridos a lo largo de más de 12 años, será preferible cerrar de modo convincente, dentro de la ley, desde luego, el círculo que aúna tantas complicidades identificadas entre corruptos y corrompidos en nuestra sociedad.

Queda claro que la obra pública ha sido uno de los botines más codiciados para quienes han usado el Estado en su exclusivo beneficio privado, pero no debemos olvidar decenas de causas aún con escasísimos avances o con condenas que no están firmes.

El área de transporte ha sido otro de los objetivos del saqueo. Se han comprado trenes a Europa pagados con sobreprecios o que quedaron inutilizados mientras las formaciones en uso no garantizaban la más mínima seguridad, como ocurrió con la tragedia de Once. Del mismo modo, se adquirieron aviones con enormes sobreprecios, lo cual debe ser investigado.

¿Cómo no mencionar el caso de intentos de sobornos y sobreprecios en el caso Skanska, reabierto recientemente como producto de la declaración de un arrepentido que reconoció haber hecho pagos ilegales a funcionarios kirchneristas? O la causa que debería ser reabierta en función de los dichos de otro de los arrepentidos: los más de 800.000 dólares que ingresaron en el país a través de la valija de Antonini, cuyo destino era la campaña presidencial de Cristina Kirchner .

También, el falseamiento de los datos del Indec y todas las operaciones que el gobierno precedente hizo desde la intervención de ese organismo tomando como base aquellas cifras groseramente manipuladas. Y cuando las estadísticas no fueron manipuladas terminaron silenciadas, como en el caso de las vinculadas a la criminalidad, cortadas en 2009 para hacer aparecer como una mera "sensación de inseguridad" lo crímenes y demás delitos que asolaban las calles del país.

Los cuadernos de las coimas refieren tan solo a una parte de la megaestructura de corrupción legada por quienes terminaron con el autoabastecimiento energético del país, por quienes armaron licitaciones a medida de grupos de oferentes que ahora se conoce que actuaban con información privilegiada y se repartían las adjudicaciones a cambio de coimas a funcionarios. Hay que agregar rutas que nunca se hicieron y peajes que fueron solo pillajes, pues se cobraron montos para realizar obras que jamás se concretaron. También, compensaciones inadecuadas, desvirtuación de contratos originales, negociaciones permanentes que abrieron espacios a ventajas para los concesionarios y solo apremios para los usuarios. Y, además, viviendas sociales inconclusas porque los fondos iban a parar a bolsillos de particulares o a financiar campañas y gastos proselitistas del Frente para la Victoria y sus ocasionales aliados.

La confesión de otro arrepentido respecto del pago de coimas por 600.000 dólares para que el gobierno de Cristina Kirchner renovara por decreto la concesión de la explotación de la hidrovía, vía navegable a través de la cual se moviliza la mayor parte del comercio exterior argentino, es otro de los derivados de los cuadernos del chofer Centeno.

Hace pocas horas, la diputada nacional Elisa Carrió reclamó a Eduardo Eurnekian que se convirtiera en arrepentido para que "diga todo lo que pagó de coimas" al gobierno kirchnerista. "Él mismo me dijo que me quedé corta con los 10.000 millones de pesos que denuncié", sostuvo la legisladora en el programa Desde el llano.

Una de las primeras investigaciones de alto impacto, previa a la de los cuadernos, fue el caso de la apropiación de la eximprenta Ciccone, de cuyo reciente juicio oral derivaron varias detenciones; entre ellas, la del exvicepresidente Amado Boudou.

La causa conocida como "la ruta del dinero K" tiene mucho por revelar aún; también el enriquecimiento ilícito del matrimonio que gobernó el país entre 2003 y 2015, causa cerrada velozmente por el juez que, ahora, dice haberlo hecho por presiones de exfuncionarios y exagentes de inteligencia.

La manipulación de los medios a través de la publicidad oficial, el escandaloso esquema de subsidios ineficientes y, en algunos casos, superpuestos; el copamiento de los organismos de control por figuras políticas que garantizaran que nada sería controlado; el incumplimiento de sentencias de la Corte Suprema, la confiscación de Aerolíneas y su pérdida de millones y millones de pesos por día son otros ejemplos.

Está también el caso de lo sucedido en 2007 con la Oficina de Control Comercial Agropecuario (Oncca) y, después de 2011, con su sucesora, la Unidad de Coordinación y Evaluación de Subsidios al Consumo Interno. Fueron mecanismos de regulación de la actividad agrícola, industrial y exportadora, que terminaron utilizándose como instrumentos de subsidios más que oscuros.

Cuando disolvieron la Oncca, el exministro y por ese tiempo precandidato presidencial por el peronismo federal Felipe Solá dijo que "la corrupción no se disuelve por decreto", tras lo cual anunció que reclamaría se investigara lo allí actuado. Recordemos que no fue más limpio que la Oncca el desenvolvimiento del Registro de Operadores de Exportación (ROE), con sus franjas verde, para los granos; roja, para las carnes, y blanca, para la leche. Los ROE eran permisos para exportar entre los que había cupos cuya distribución corría por cuenta de cámaras más que sensibles a la influencia compulsiva del kirchnerismo. En su momento se hicieron sobre las arbitrariedades cometidas en el otorgamiento de los ROE denuncias tan fuertes en medios agropecuarios como para preguntarse por qué no se canalizan hoy en forma debida ante la Justicia.

Nada debe hacernos olvidar de esos y de otros siniestros capítulos abiertos durante la gestión kirchnerista. Lo exige la necesidad de que su entramado e inevitables derivaciones se conviertan en lección de lo que es irrepetible en un país que quiera desenvolverse sobre las bases de decencia institucional establecidas por la Constitución.

La obra pública dio lugar a las situaciones escandalosas que han encontrado en la Justicia el lugar apropiado para su resolución. Pero en otras actividades como las aquí mencionadas y cuyo listado excede largamente esta opinión editorial se vivieron experiencias que deberían exponerse de forma aleccionadora ante los tribunales del país.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.