Azúcares: galletitas y alfajores, los snacks más consumidos por los chicos en el recreo

Según un informe de la UCA, lo hace el 70% de los alumnos; recomiendan generar costumbres sanas desde la niñez
8 de septiembre de 2018  

Están de acuerdo en el punto de partida: que los hábitos alimentarios pueden cambiar a lo largo de la vida, pero la base de su formación se establece en la infancia. Los expertos en nutrición también coinciden en que los hábitos se aprenden con la experiencia y la exposición reiterada. Es decir que cuanto más familiar sea un alimento para un niño, más fáciles serán su aceptación y su consumo.

La escuela, por ejemplo, es uno de los lugares donde los niños toman a diario varias decisiones relacionadas con su alimentación, como comprar en el quiosco alguna colación para la merienda. Allí, siete de cada diez chicos de 2 a 17 años consumen galletitas, barritas de cereal y alfajores. Otro 20% no come nada, y apenas uno de cada diez respondió que elige una fruta. Este es uno de los resultados que arrojó el estudio Infancia y comensalidad, hábitos y prácticas en relación con las comidas, hecho por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). "Hay dos grupos de alimentos: los que hay que limitar, y los que hay que promover. Aprender sobre nutrición es tan importante como leer o aprender matemática. El conocimiento ayuda a realizar elecciones saludables. Pero si después la escuela no ofrece en el quiosco ese tipo de alimentos, no hay manera de adquirir esos hábitos", advierte el pediatra y gastroenterólogo Patricio Kenny, director de la Escuela de Nutrición de la UCA.

Para Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, de la UCA, hay una gran dificultad para socializar a los chicos en los consumos saludables. "Creo que la regulación en torno a los quioscos escolares es buena [en referencia a la ley 26.396, que incorpora una normativa acerca del expendio de alimentos en esos lugares]. Pero tiene que ganar protagonismo, porque los consumos más frecuentes durante los recreos siguen siendo de alto valor calórico". De todas formas, Tuñón está convencida de que el espacio escolar es una gran oportunidad para propiciar un cambio. "El 26 % de los chicos compra en los quioscos, pero hay otro 20% que recibe alguna colación gratuita en la escuela, y aunque las políticas existen estamos lejos de pensar que los refrigerios sean saludables".

Sin embargo, más de la mitad de los chicos de entre 5 y 12 años lleva desde la casa lo que va a consumir durante los recreos, y esto es mucho más probable entre los estudiantes de escuelas privadas laicas y religiosas que en las estatales. De alguna manera, este escenario podría facilitar la elección de productos más valorados en su composición nutricional. Pero no siempre ocurre.

De lunes a viernes, el despertador de Mariana Arregui suena a las 6.50. Desde que se levanta hasta que traspasa la puerta de su casa rumbo al colegio con sus hijos, tiene exactamente 50 minutos para hacer una serie de actividades que se suceden en cadena, y sin pausa. Preparar la ropa de sus hijos para la escuela, despertarlos, hacer el desayuno, la vianda para el almuerzo y los dos refrigerios para los recreos: uno para media mañana y otro para la tarde. "De todo lo que hago en ese tiempo que se pasa volando, la parte que más me estresa es tener que resolver la comida de los recreos. Lo fácil es chatarra, un alfajor, galletitas o una bolsita con cereales azucarados, y para las opciones saludables no se me ocurren muchas más cosas que una manzana o una banana. Lo que pasa es que casi siempre vuelven sin que las hayan probado", confiesa Arregui, madre de Joaquín y Valentina, de 11 y 8 años respectivamente, que asisten a un colegio privado y laico en el barrio de Belgrano.

"En primer lugar, todos [las galletitas, las barritas y los alfajores] son alimentos chatarra, incluso las barritas que con frecuencia se compran en el quiosco como opción saludable. Es un mito, porque son carbohidratos simples que se metabolizan rápido y no aportan nada", señala Kenny, y considera que la escuela debería ser un ámbito de promoción de hábitos saludables.

El trabajo también desmenuza la información según la estratificación social de los chicos, lo que demuestra que, a medida que desciende el segmento social, baja la propensión a llevar alimentos del hogar a la escuela y se incrementa la posibilidad de que accedan a lo mismo de modo gratuito en el espacio escolar. Mientras que el consumo en quioscos se eleva entre los niños de clase media.

Entre la charla y la TV

¿Dónde comen y con quiénes comparten las comidas los chicos? ¿Qué hacen mientras comen? ¿Picotean entre comidas? En la encuesta se relevaron el año pasado un total de 5860 hogares de todo el país, y se indagó también sobre estas costumbres.

El doctor Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, considera que un aspecto fundamental para impulsar la sana nutrición tiene que ver "con la importancia de hacer de las comidas una ocasión de encuentro familiar, propicio para el diálogo y para tomar distancia de los dispositivos tecnológicos durante las comidas: un desafío para niños, adolescentes y adultos".

En esta misma línea, Tuñón cuenta que se quedó sorprendida por algunos resultados del estudio: "Hay hábitos que atraviesan a todas las infancias, independientemente de sus estratos socioeconómicos. Por ejemplo, en todas las casas de los argentinos, mientras se come se mira la televisión". Para Tuñón, esto es al mismo tiempo un dato relevante y una práctica difícil de modificar. "La TV reúne a la familia, especialmente en la cena, que aunque la recomendación es que sea una comida liviana, para nosotros es la más importante".

La tecnología en los adolescentes también está presente. "La mitad dice hacer sus comidas con un celular en la mano, algo más recurrente en los chicos de clase media y alta", aporta Tuñón.