Alentadoras señales del oráculo de Los Abrojos

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION
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8 de septiembre de 2018  

Desde tiempos inmemoriales, gobernantes de todo tipo han interrogado al destino frente a situaciones cruciales. Pitonisas, astrólogos, videntes o quiromantes; a todos ellos y más han recurrido y recurren líderes de todo el planeta cuando su futuro está en juego.

Mauricio Macri suele ser visto como un ingeniero que ejerce de presidente. Sin embargo, ejercita cierta espiritualidad budista y, también, cultiva cábalas, en instancias decisivas deportivas o políticas.

El domingo parecieron unirse sus mundos. Mientras funcionarios y aliados trataban de acertar con algunas medidas y de consensuar cambios para ponerle freno al deslizamiento vertical de su gobierno, él encontró en el deporte señales alentadoras.

En su quinta particular, con el ingreso del Presidente su equipo revirtió un 0-2 y, al fin, se impuso por 3 a 2. Poco después la noticia se celebraba en Olivos. No era el oráculo de Delfos, sino la cancha de Los Abrojos, pero en tiempos de sombras cualquier rayo de sol templa el ánimo, al menos el de Macri y los suyos.

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