Scaloni: cuando la selección argentina entra en riesgo de default

Pablo Vignone
Pablo Vignone LA NACION
Lionel Scaloni presenta una selección completamente renovada
Lionel Scaloni presenta una selección completamente renovada Fuente: AFP
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8 de septiembre de 2018  • 02:12

¿Se cumplió con las expectativas? ¿Que expectativas? Lo futbolístico se explica en otro lado pero no es esa la cuestión primordial. Esta primera presentación de la selección argentina tras la penosa eliminación en octavos de final del Mundial de Rusia estuvo rodeada de una inusual atención. Como si se tratara del arranque de un nuevo ciclo, otro más en la historia reciente del combinado nacional, en procura de una gloria perdida hace décadas. Cuando en realidad no pasa de ser un estertor de honra escasa que no termina de apagarse.

Como la selección es el principal activo de la AFA, y despierta mucho más entusiasmo en el planeta que, por ejemplo, los partidos de los domingos a las 11 de la Superliga, y sus compromisos están vendidos con suma antelación (aunque sin Messi sea a otro precio), de manera que no había manera de detenerse en zonceras tales como que la selección no tiene un entrenador designado. No es necesario repasar aquí esa novela: los técnicos más encumbrados disfrutan en sus actuales equipos lo que lo que la dirección del seleccionado no puede ofrecerles, los que vuelan más bajo no terminar de ser la opción deseada.

Habría sido lo más sensato aceptar que, en esa encrucijada, se convocaba a un entrenador interino para cumplir con los compromisos contraídos: la AFA precisa ese dinero, algunos jóvenes aprovechan para calzarse la albiceleste, se prolonga de la manera menos dolorosa posible el cierre de un padecimiento que se inició tras la renuncia de Gerardo Martino. Mientras tanto, los dirigentes ganan tiempo para perfilar su plan maestro para el seleccionado, encuentran luego el profesional que encaja con esa idea y se puede arrancar definitivamente rumbo a Qatar 2022. Un esquema -dentro de todo- razonable.

Pero no está suficientemente claro si Scaloni es un DT interino o un entrenador sin experiencia que aspira a que los resultados de estos partidos acaben consagrándolo por default como la continuación de una línea que tuvo a Menotti, Bilardo, Basile, Passarella o Bielsa, entrenadores capacitados que habían llevado a sus equipos al título de Primera división antes de ser ungidos con el cargo más atractivo que el fútbol argentino supo atesorar. Asusta la naturalidad con la que se acepta esa chance.

Scaloni parece haberse movido en esa dirección durante este tiempo. Llevó un plantel exagerado para un par de encuentros sin demasiado rigor, sugiere que quiere utilizar estos partidos para probar distintos jugadores... ¿Tiene el guiño de Claudio Tapia para mostrar su capacidad como una posible alternativa? La Selección Argentina no puede operar como un banco de ensayos de entrenadores. Proponerlo carece completamente de seriedad.

Mientras la AFA no sepa cómo sacar adelante a la selección y no encuentre al conductor indicado para este tiempo, seguirán sufriéndose las secuelas del proceso de degradación que capotó en Rusia, pero que aún no alumbró una renovación. No hay que engañarse: en Los Ángeles no empezó un nuevo ciclo. Como mucho, es una transición, para ver jugadores jóvenes.

Que no confunda el holgado resultado ante un discretísimo oponente. No se discute la posibilidad de que, con el tiempo, Scaloni acabe siendo un entrenador destacado, pero desde ya que no son estos la ocasión ni el momento para demostrarlo. Su interinato no puede prolongarse, ni enmascararse como un proceso formal que acabe siendo la única alternativa. Por default. Un riesgo que la Selección Argentina debe evitar.

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