Cristina Kirchner, Del Potro y una llamada para la historia

8 de septiembre de 2018  • 23:59

NUEVA YORK - "¡Hola, Juan Martín", dijo Cristina Kirchner . Del otro lado, la expectativa era enorme. Juan Martín Del Potro había puesto el teléfono en modo altavoz y todos los que estaban en la habitación podían escuchar lo que la presidenta de la Nación quisiera decirle al sorprendente campeón del Abierto de los Estados Unidos 2009. Ninguno podía imaginar lo que estaba a punto de suceder.

Era el año 2009, el choque entre el gobierno y el campo ya se había producido y la tensión política en el país era fuerte. Daniel Del Potro, padre del tenista, no veía con buenos ojos la política de la administración kirchnerista, una postura que le traería no pocos problemas, entre ellos minuciosas inspecciones de la AFIP.

Pero aquello no fue un factor que obstruyera el deseo de la presidenta de felicitar al campeón de 20 años, que evitó por todos los medios ir a Olivos o a la Casa Rosada, pese a que fue invitado. Tampoco llegó a atender una primera llamada de la jefa del Estado.

Nueve años después, Del Potro está por segunda vez en la final del US Open y la presidencia es de Mauricio Macri, al que nadie en sus cabales acusaría de ser "anti-campo". Ahí no hay similitudes, ¿dónde las hay?

"En la previa y la expectativa -dijo Del Potro tras su victoria sobre Rafael Nadal en semifinales-, en lo pendiente que está la gente. Son cosas únicas que sólo pasan en estos momentos. El del domingo es el partido en el que todos quieren estar, y solo vamos a estar nosotros dos".

"En el 2009 era un pibe, tenía 20 años y no sentía dolores. Hoy el revés no es el mismo, porque en aquel entonces era casi igual que la derecha. El saque quizá no era tan bueno como el de hoy.".

Lo que sí permanece son los amigos. Varios integrantes de la "Banda del salamín" que apoyan al tandilense en Nueva York, estaban nueve años atrás en aquella habitación en la que la voz de Cristina Kirchner sonó por el altavoz. Y todos, sin excepción, contuvieron la risa, también Del Potro, cuando la presidenta, absolutamente ajena al tenis, lo felicitó por ser "el campeón de Wimbledon" y se extendió en lo grandioso del logro. ¿Qué hacer cuando una llamada tan trascendente como la de un jefe de Estado sale tan mal? Quizá la receta sea la que aplicaron Del Potro y sus amigos: nadie la corrigió. Y Cristina habló feliz hasta el final.