Europa, aliviada por la drástica caída del número de víctimas del terrorismo

La creciente debilidad de Estado Islámico en su base de Siria e Irak y la cada vez mejor capacidad operativa de los servicios de inteligencia son las principales causas de la tregua que vive el Viejo Continente con el extremismo jihadista
La creciente debilidad de Estado Islámico en su base de Siria e Irak y la cada vez mejor capacidad operativa de los servicios de inteligencia son las principales causas de la tregua que vive el Viejo Continente con el extremismo jihadista Fuente: Reuters
Luisa Corradini
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9 de septiembre de 2018  • 03:18

PARÍS.- Las cifras y los expertos lo confirman. Los atentados islamistas en Europa registraron una drástica reducción en número y en gravedad: 73 personas perdieron la vida en ese tipo de ataques en 2017, contra 148 muertos en 2016, según el Estudio de Terrorismo y Respuestas al Terrorismo (START, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Maryland.

A título comparativo, basta con recordar que, en 2015, el número de víctimas fatales que dejó el terrorismo islámico en el Viejo Continente había alcanzado la cifra récord de 162.

En 2017, además, los ataques fueron considerablemente menos letales, y también fracasaron o se lograron evitar muchos más que en años anteriores.

Esto último confirma varias tendencias: que Estado Islámico (EI) -principal responsable de la violencia radical- ha sido seriamente debilitado en Siria e Irak, lo que afectó directamente su capacidad de destrucción; que su fuerza de atracción disminuyó considerablemente y la marca EI ya no tiene el mismo valor; que los países europeos se han dotado de medios para prevenir y que, sobre todo, la violencia terrorista ha cambiado de naturaleza.

"Los ataques terroristas son más numerosos, pero menos sofisticados y, afortunadamente, provocan menos víctimas", afirmó en marzo Manuel Navarrete, director del Centro de Contraterrorismo de Europol, al presentar el balance de 2017 y las tendencias para 2018.

Esto no quiere decir que la violencia islámica desaparecerá de Europa de la noche a la mañana. Especialistas y expertos coinciden en que el fenómeno terrorista perdurará años. Pero la amenaza cambió. Tanto, que la mayoría de los servicios oficiales de análisis de amenaza en materia de extremismo y terrorismo han reducido en los últimos meses sus niveles de alerta.

Sin embargo, los numerosos ataques aislados, cometidos por individuos armados de cuchillos o al volante de un vehículo, que consiguen segar la vida de uno o varios transeúntes, es el ejemplo perfecto de que esa amenaza sigue presente. Los especialistas, sin embargo, insisten en que es necesario interesarse en las tendencias, sin dejarse engañar por los hechos aislados.

Los servicios de inteligencia y las fuerzas de policía dirán que 2017 fue un año "intenso" con unos 33 atentados en Europa, incluida Gran Bretaña. Pero, fuera del Reino Unido, solo ocho ataques fueron reivindicados por Estado Islámico, contra 11 en 2016.

Muchas de esas reivindicaciones son, además, completamente inverosímiles y oportunistas, como la última agresión cometida por un desequilibrado, que mató a su madre y su hermana en la ciudad francesa de Trappes el 23 de agosto. El episodio, provocado por motivos exclusivamente familiares, fue reivindicado de inmediato por EI, que ni siquiera fue capaz de mencionar el nombre de su supuesto mártir.

"Con excepción de los atentados de Barcelona y del London Bridge, todos fueron ataques cometidos por individuos solos. El problema es que ahora la amenaza es más difusa, más difícil de evitar, porque las señales son muy débiles", explica el investigador belga Thomas Renard, del Instituto Egmont, especializado en terrorismo.

Otro ejemplo perfecto de esa nueva forma de terrorismo es el ataque cometido el 23 de marzo por Radouane Lakdim, que dio muerte a cuatro personas en un supermercado de Trèbes, cerca de la ciudad francesa de Carcassonne.

Ese franco-marroquí de 25 años coincide perfectamente con los perfiles observados en los autores de atentados entre 2016 y 2017: nunca viajó a Siria, tenía un nutrido prontuario policial por delitos comunes y estaba registrado como un potencial islamista radicalizado. Pero las señales eran demasiado débiles como para que las fuerzas de seguridad pudieran prever su ataque. Lakdim no actuó impulsivamente, es verdad, pero todo parece indicar que tampoco estuvo guiado por una lógica operatoria clara.

"Por regla general, los atentados cometidos en 2017 estuvieron marcados por un fuerte nivel de improvisación", señala Renard.

En todo caso, sería un error dormirse en los laureles, porque Europa enfrenta ahora dos nuevos desafíos: un número considerable de islamistas que dentro de poco tiempo comenzarán a salir de prisión y -sobre todo- el eventual regreso de muchos de esos jihadistas de origen europeo que en su momento viajaron a Siria e Irak. En este momento están agrupados en la ciudad siria de Idlib, esperando la batalla final contra las fuerzas de Bashar al-Assad.

Los servicios de inteligencia occidentales estiman que allí hay entre 12.000 y 15.000 miembros de Estado Islámico y probablemente unos 25.000 de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), compuesto -entre otros- por el grupo Al-Nusra, que juró fidelidad a Al-Qaeda.

Esa nueva amenaza se cierne en momentos en que los expertos se alarman por los signos de "desaliento contraterrorista" que parece apoderarse de los europeos.

Esa expresión fue acuñada por Gilles de Kerchove, coordinador de la Unión Europea (UE) para la lucha contra el terrorismo a fines de los años 2000, después de constatar que, en aquellos países donde la problemática terrorista provocó una fuerte tensión, la atención política se debilita, los medios de lucha disminuyen y, naturalmente, las sociedades se vuelven más vulnerables.

Esa ecuación pareció confirmarse ayer en Alemania cuando se divulgó el sondeo anual de la compañía de seguros R+V Versicherung: 69% de los encuestados se declararon más asustados por Donald Trump que -en ese orden- por el terrorismo, la inmigración o los desastres naturales.

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