La anestesia de la corrupción

10 de septiembre de 2018  

Una ciudad universitaria, de diseño racionalista, cuna de vanguardias culturales, académicas y científicas, orgullosa de su identidad plural y su progresismo histórico, es "invadida", un buen día, por bandas mafiosas que, subrepticiamente, aunque sin demasiado disimulo, usurpan lugares de poder, se enquistan en la Justicia y toman instituciones por asalto.

Podría ser la idea para el guion de una serie de Netflix si no fuera, penosamente, una radiografía de lo que le ha ocurrido a La Plata; una ciudad capital que cultivó durante décadas los valores fundacionales del vanguardismo urbanístico y cultural y que, en las últimas décadas, se convirtió en una gigantesca "zona liberada" para el delito de guante blanco y no tan blanco.

El "caso Melazo" viene a escribir un nuevo capítulo de esta triste y asombrosa realidad que habla, en rigor, de una degradación que ha arrasado a la Argentina.

César Melazo no fue una excepción en esta capital infectada de corrupción a gran escala. Fue uno de los jueces (no el único) que ostentó enorme cuota de poder y de influencia durante décadas. Sería tranquilizador pensar que el problema fue Melazo, pero la verdad es que la podredumbre excede en mucho el fuero penal; excede también al propio Poder Judicial y ha colonizado las mismas raíces de una ciudad que ha mirado para el costado frente a la audacia y el desparpajo de una casta enviciada que se apoltronó en lugares estratégicos del poder institucional.

Después de los cuadernos, de los jueces "Alí Babá" y del revoleo de bolsos con millones de dólares en un convento, nuestra capacidad de asombro ha quedado anestesiada. Hemos comprobado que la ficción suele ser más moderada y sobria que la realidad argentina. Pero el caso de La Plata quizá merezca ser estudiado en laboratorios académicos dedicados a examinar la metástasis que puede provocar la corrupción en un tejido social.

Melazo pertenece a una casta en la que también amasaron millones, poder e influencia "figuras" como Juan Pablo el "Pata" Medina, Marcelo Balcedo o los hermanos Trusso, por mencionar solo algunos nombres rutilantes. Pudieron hacer y deshacer durante demasiado tiempo. Crearon "escuelas" de corrupción; apañaron a "escuadras" de discípulos que siguen enquistados en estamentos de poder; causaron daños irreparables y traicionaron los valores de una ciudad que antes había brillado por los Almafuerte, los Vucetich, los Spegazzini, los Ameghino o los Alejandro Korn, aquellos sabios fundacionales a los que luego honraron Favaloro, Mainetti, Balbín, Petorutti y tantos otros, muchos de ellos sin fama ni celebridad, pero con apego a esa tradición de honradez, seriedad, talento y sobriedad que fueron marcas registradas de la ciudad de Dardo Rocha.

¿Alcanza con sacar del cajón las "manzanas podridas"? ¿O habrá que admitir que las bases mismas del cajón han sido infectadas? ¿Hasta dónde llega el "melazismo" en la Justicia bonaerense que tiene su cabecera en La Plata? ¿Hasta dónde penetraron los métodos de Balcedo y Medina, no solo en el sindicalismo? ¿Hubiera sido posible que se encumbraran y permanecieran tanto tiempo sin una ciudad anestesiada ante el avance de la corrupción y sin instituciones cooptadas por la degradación ética? ¿Se han desarticulado las mafias lideradas por estos personajes por el solo hecho de que ellos estén presos? ¿Por dónde empieza la regeneración?

Por supuesto que no todo es lo mismo ni todos tenemos los mismos niveles de responsabilidad. Los ejemplos "de arriba" han abonado la indiferencia o la complicidad "de abajo". Pero los ciudadanos de La Plata tenemos que hacernos cargo de una ciudad que ha traicionado su esencia; de una ciudad que, por acción de varios y omisión de muchos, se ha convertido en una "pantalla" para cubrir negocios inconfesables. Tendremos que empezar por defender sus valores; al menos defender su nombre antes de que a alguien se le ocurra sincerar las cosas y llamarla "La Plata sucia".

La degradación de esta ciudad quizá sea -después de todo- una triste y penosa metáfora de la Argentina.

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