Crece la ultraderecha sueca, pero no llegaría al poder

Jimmie Akesson, del partido demócrata
Jimmie Akesson, del partido demócrata
Luisa Corradini
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9 de septiembre de 2018  • 20:30

PARÍS.- Aunque el partido de extrema derecha Demócratas de Suecia fue el gran triunfador de la elección legislativa de hoy, fracasó en su intento de obtener 20% de votos y llegar al poder, en un país dominado por la socialdemocracia, que gobernó 65 de los últimos 82 años.

Tal como pronosticaban los sondeos -entre 17% y 20% de los sufragios-, el movimiento que dirige Jimmie Akesson totalizó 17,9%, según los primeros sondeos a boca de urna divulgados por la televisión pública SVT. De ese modo, el movimiento racista y xenófobo ganó más de seis puntos con relación a la consulta de 2014.

Los socialdemócratas del primer ministro Stefan Löfven, por su parte, ocuparon el primer lugar con 28,3% de votos. Pero esas cifras significan una victoria pírrica porque representan 3% menos que hace cuatro años, que ya había sido el peor resultado en un siglo. Con el respaldo de sus aliados, la coalición de centroizquierda dirigida por la socialdemocracia totalizaría 39,4% de los votos y podría conservar el poder durante otros cuatro años.

La alianza de centroderecha, que dirige el líder del partido de los moderados (conservadores), Ulf Kristersson, reunió 19,8% de los votos, pero ninguna de las dos coaliciones podrá alcanzar la mayoría absoluta, según las proyecciones de los institutos de sondeo.

El primer ministro Löfven interpretó los resultados como un "referéndum a favor del Estado-providencia". Durante la campaña, el líder de la extrema derecha Jimmie Akesson había presentado la elección como un plebiscito contra la política migratoria del gobierno.

Akesson convirtió la delincuencia y la violencia en las dos estrellas de la campaña, afirmando que hubo un aumento del índice de delitos, más de 300 tiroteos, enfrentamientos entre bandas criminales rivales y quema de automóviles en los suburbios. Las cifras de la policía demostraban lo contrario, pero una parte de la opinión pública sigue persuadida de que el país vive sumergido en una de violencia sin precedente.

"La inmigración pervierte todos los argumentos. La vinculan con el delito, a las listas de espera en la salud pública, a los problemas educativos y a las pensiones", explica Anders Sannerstadt, investigador de la Universidad de Lund.

El ejemplo de esa distorsión se advirtió en Lindesberg. Esa pequeña ciudad se transformó en uno de los bastiones de la extrema derecha, a pesar de que su población solo tiene 0,8% de extranjeros.

Akesson -joven dirigente de 39 años, de aspecto siempre impecable- tuvo la osadía de arrebatarle a la socialdemocracia algunos de sus temas tradicionales.

En su plataforma propone restaurar el gran proyecto social que llevó a la socialdemocracia al poder en 1932: el folkhemmet (hogar del pueblo), una "comunidad nacional uniforme y protectora", basada en una "etnicidad compartida, una cultura homogénea y un Estado fuerte".

En todo caso, la presencia de 1,9 millones de inmigrantes en este país de 10 millones de habitantes se transformó en los últimos años en un tema político urticante.

Estimulados por la retórica inflamada de Akesson, una parte del electorado -modestos asalariados, jubilados y nuevos electores- reprochó a Löfven haber hipotecado el bienestar de los suecos abriendo las fronteras del país a los refugiados. "Los inmigrantes son percibidos como una amenaza económica y cultural para la homogeneidad de la comunidad nacional", según la interpretación de Jens Rydgren.

Con 400.000 inmigrantes desde 2012, Suecia es el país que proporcionalmente recibió más extranjeros en Europa.

En la actual situación de empate entre las dos grandes coaliciones, la alianza de centroderecha tendrá que ceder la prioridad de formar gobierno a la socialdemocracia que fue el partido más votado.

Según la ley electoral de Suecia, no es necesario contar con la mayoría absoluta para gobernar y alcanza con no tener una mayoría en contra. Kristersson tiene la posibilidad de aliarse con la ultraderecha para impedir que la coalición de centroizquierda permanezca en el poder.

Pero no será fácil de poner en práctica ese recurso, porque los partidos del arco democrático coinciden tácitamente en mantener un "cordón sanitario" para neutralizar el acceso de la extrema derecha al gobierno.

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