Las razones de la derrota de Juan Martín del Potro: un drive forzado, la dificultad para tomar la iniciativa y las respuestas de Djokovic

10 de septiembre de 2018  • 08:00

NUEVA YORK. - Allí está Juan Martín del Potro , bajo las luces del estadio Arthur Ashe, en el centro de un escenario montado en pocos minutos. Emocionado, tiene en sus manos el plato de finalista del US Open . Atrás quedan dos semanas increíbles, tiempo en el que se abrió paso hasta el partido decisivo. La ilusión de conquistar nuevamente el Abierto de los Estados Unidos, nueve años después de aquella hazaña contra Roger Federer, naufragó ante la superioridad de Novak Djokovic . El serbio, un enorme campeón, hizo todo bien en la batalla decisiva, y se impuso por 6-3, 7-6 (7-4) y 6-3, en 3 horas y 16 minutos de acción.

Más allá de la satisfacción de haber llegado a la final, y de plantearle combate en varios pasajes a Djokovic, le dolerá esta derrota a Del Potro. Y está bien que lo sienta así en su espíritu competitivo. Pero, sobre todo, el tandilense debe quedarse con todo lo bueno que ha hecho hasta aquí, que lo ha llevado casi hasta la cima en uno de los torneos más trascendentes del circuito. El tiempo demostrará que Del Potro ha cumplido aquí una actuación excepcional, al margen de la frustración lógica por no quedarse con el trofeo principal, con esa copa a la que se abrazó en 2009. Esto también, en cierto modo, entra en la historia.

Le toca festejar a Djokovic, que a su modo también emprendió el camino de regreso. El serbio no estuvo mucho tiempo al margen, más allá de la lesión en el codo derecho por la que debió operarse, pero sí había perdido la motivación y el hambre de leyenda. Se lo vio extraviado en sus primeros partidos de este año. Una derrota contra Marco Cecchinatto, en los cuartos de final de Roland Garros, pareció marcar el punto de inflexión, ya con algunos rasgos del "viejo" Nole a la vista. Llegó a la final de Queens, en Londres; dio el gran impacto en Wimbledon después de ganarle una tremenda semifinal a Nadal, y se consagró en el Masters 1000 de Cincinnati, a modo de aperitivo. Ya se sabía que el serbio iba a llegar como un gran favorito a este torneo, en el que había jugado previamente siete finales. Frente a Del Potro consiguió su tercera corona neoyorquina (las anteriores, en 2011 y 2015), y su 14º título de Grand Slam, con lo cual alcanzó a Pete Sampras como el tercero máximo ganador de todos los tiempos en las citas mayores, todavía por detrás de Roger Federer (20) y Rafael Nadal (17).

Djokovic vs Del Potro - Highlights - Fuente: YouTube

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Como si el tiempo no pasara, los tres grandes se han repartido los cuatro torneos mayores: el suizo en Australia, Nadal -cuándo no- en Roland Garros, y el césped del All England y el cemento de Nueva York para el serbio. Entre los tres, acumulan 51 títulos grandes en los últimos 15 años, toda una proeza que habla de un dominio casi hegemónico. El triunfo en este Open también le permitió a Djokovic saltar del sexto al tercer puesto del ranking, una posición más acorde con su momento y su historia; además, claro, de desplazar del podio a Del Potro.

Más allá de que el serbio era el candidato natural, quedaba por ver qué podía hacer el tandilense en la final, ante la posibilidad de repetir un impacto como el que había logrado nueve años atrás. Sobre todo, porque Del Potro había conseguido llegar hasta las etapas cruciales en gran forma, con actuaciones que no dejaban lugar a dudas, con un juego ascendente. Claro que Djokovic -como Nadal, como Federer- iba a convertirse en una exigencia bastante más elevada. Ya desde los primeros golpes del partido -bajo techo, con una temperatura ideal, sin calor- quedaron expuestas las tácticas. El serbio planteó un duelo de revés contra revés cruzado, de manera de arrinconar al tandilense sobre su lado menos hábil, para luego cambiar de ritmo y definir por la derecha; una propuesta inteligente, con la misión de que Del Potro se sintiera incómodo, se viera obligado a pegar el drive siempre forzado. También buscó inquietar con devoluciones profundas, haciendo todo lo posible para no dejarle la iniciativa.

Ante ese desarrollo, Del Potro fue quedándose escaso de variantes. Cada vez que enviaba uno de sus clásicos derechazos, encontraba una respuesta más de Djokovic, que "traía" todo lo que podía, y cuando encontraba un resquicio, contraatacaba. Tampoco lastimó con el saque, y de a poco se enredó en la telaraña que tejió el serbio. Del Potro ganaba 40-0 el octavo game, pero abrió la puerta con un par de errores no forzados; Nole acertó con un par de cambios del revés a la derecha, y provocó la equivocación del argentino; quiebre y set abajo. El argentino volvió a mirar el partido desde abajo con un break prematuro, pero sus derechazos empezaron a encontrar las líneas, Djokovic bajó un poco la intensidad y Del Potro pudo entrar en el partido; pasó del 1-3 al 4-3. Acaso el de Tandil se lamente una y otra vez ese larguísimo octavo game del segundo (22 minutos), en el que tuvo tres chances para quebrar, escaparse en la cuenta y cerrar el parcial. Dejó un revés en la red, luego se le fue larga una derecha, y Djokovic jugó a la perfección el tercer break-point. No lo consiguió en su mejor momento, y el duelo desembocó en un tie-break, en el que las bombas de Del Potro no encontraron los flejes; más consistente, Nole capitalizó los errores del argentino, y con el segundo set en el bolsillo, empezó a saborear el título. Una sensación que se acentuó con el 3-1; hizo un último intento Del Potro, pero la búsqueda ya demandaba riesgos excesivos, y pronto Djokovic sentenció todo en el primer match-point, con determinación para arrinconar a Delpo y martillar ese smash que cerró la noche, entre la alegría del serbio y la tristeza del tandilense.

A Del Potro le ha tocado batallar en una era de leyendas: cuando no es Federer, es Nadal, o Djokovic. Le toca el mérito de pelear varias veces de igual a igual contra ellos, pero no siempre puede festejar. Deja Nueva York entre el dolor de perder una final grande en el torneo de sus sueños, pero también con la certeza de atravesar una magnífica temporada. No pudo ser esta vez; en el futuro, seguramente Del Potro recordará con una sonrisa esta aventura en la Gran Manzana.ß