Empezó a volar con su padre, fumiga campos y sueña con hacer acrobacias en el avión

Elio Skare sobre el ala de su avión de más de 20 años
Elio Skare sobre el ala de su avión de más de 20 años
Mariana Reinke
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11 de septiembre de 2018  • 03:15

MARCOS JUÁREZ, Córdoba.- Ni bien Elio Skare pudo sostener la cabeza, su padre lo subió a un avión del que nunca más iba a bajarse. No tenía más de ocho meses cuando Nicolás, su progenitor y un aplicador aéreo fanático de los aviones, lo montó en su falda en la pequeña cabina de su avión para hacer el vuelo inaugural de su pequeño hijo.

Elio, con 34 años, es de estatura baja pero con una fisonomía corpulenta y tiene un enorme tatuaje maorí que va del brazo y le rodea todo el omóplato. Es la tercera generación familiar de croatas en la Argentina. Vive en la ciudad bonaerense de Salto junto a su mujer Alina y su pequeña beba Aurora, de siete meses.

La historia se remonta cuando un día su padre, con 21 años, mientras trabajaba en un campo como ayudante de contratista vio pasar cerca del lote a un avión fumigador. En ese instante, preguntó dónde se podía aprender ese oficio. "Mi padre vuela desde 1977 y en los 80 se hizo aeroaplicador", contó Elio a LA NACION. Y agregó: "Recuerdo que cuando iba sentado a cococho de él a la cabina la veía enorme".

Durante su infancia, la cabina del avión se convirtió en su juguete predilecto. Las simulaciones de vuelo se hacían cotidianas. "De muy chico, a los trece años empecé a volar, cosa que no se debería", recordó entre sonrisas.

Su padre no quería que fuera aeroaplicador como él, sino que pretendía que siga una carrera comercial. "El campo tiene esa cosita que te atrapa, todos los días son diferentes; no hay rutina en los vuelos y eso me gusta", comentó.

Elio vino trabajando junto a su padre en la empresa familiar hasta que hace un par de años decidió tomar su camino. Fue ahí que junto a su primo Eric, montó su propio emprendimiento: S.A.E.S. (Servicios Aéreos Elio Skare). Hace un año se sumó a la empresa Pablo Skare, otro primo más. Hoy, preside la Cámara de Aeroaplicadores de la provincia de Buenos Aires (Capba) con casi 100 socios.

Este oficio, si bien es una actividad de riesgo, es su vida. Son muchas cosas la que uno, aparte del vuelo, tiene en la cabeza. "Durante el vuelo, a 200 kilómetros por hora, a tres metros del suelo, donde los obstáculos van desde los árboles hasta los cables de luz de la ruta, se piensa en los costos, en los bancos, en los cheques que se deben pagar", indicó el aviador.

Si bien ha pasado por situaciones de riesgos importantes, las ganas de volar siguieron intactas: "He vivido momentos feos pero nunca fueron suficientes para dejar de volar, solo una semana de temor y, potenciado, salía de nuevo al ruedo", precisó.

La conversación con LA NACION, que se dio en el marco del 2° Congreso Nacional de Fitosanitarios que organizó la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) en Marcos Juárez, se interrumpió por un rato. Tuvo que subir al avión para hacer una demostración de las buenas prácticas agrícolas (BPA) que él también pregona para la actividad. En la exhibición mostró cómo debe hacerse una pulverización en zonas periurbanas. Para Elio, las buenas prácticas ambientales y la protección del medio ambiente son fundamentales, por eso hace estas demostraciones de capacitaciones.

Elio Skare hace demostraciones de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)
Elio Skare hace demostraciones de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)

Skare, con 3200 horas reales de vuelo y más de 2500 horas aeroaplicando, todos los días se levanta y va al hangar. Le dice buen día a su avión pintado de amarillo con franjas azul y negra que lo atraviesa. "Este color es para que haga contraste con la naturaleza", aclaró.

Como su avión ya tiene 20 años, se lo debe "mimar mucho" y, cuando lo lava, pasar por todos los recovecos. "Esa es la mejor inspección", dijo.

La actividad es estacional. Las campañas son cortas. Empieza con la campaña fina (trigo) en octubre y noviembre, en tanto que para la campaña gruesa (soja, maíz y girasol) se vuela de diciembre hasta marzo.

En temporadas buenas ha llegado a pulverizar cerca de 50.000 hectáreas (2006/2007 y 2008/2009). Pero eso no sucede hace mucho tiempo. Hoy, en promedio, pulveriza 20.000 hectáreas por campaña. El precio del servicio prestado ronda entre 11,50 y 12 dólares la hectárea.

Los costos del servicio son altos. Incluyen la amortización, un seguro todo riesgo, pilotaje (aunque es él mismo), combustible (200 litros de kerosene blanco por hora), entre otros. El valor del costo por hora asciende a US$1040.

En su tiempo ocioso, los hobbies de Skare son variados. Vuela en el planeador de su padre que para él es una actividad placentera y relajante. "Uno se conecta con la naturaleza, donde solo se escucha el viento y parecés un pájaro", contó.

También practica karate (primer dan) , krav magá (arte marcial israelí), caza menor y el gimnasio es de visita diaria. Una meta pendiente para su vida es hacer acrobacia aérea, como hoy lo hace su padre. Y, hacia el futuro, el vuelo que empezará a surcar.

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