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Bienestar

Encontró su pasión por los alimentos gracias a una decisión de su mamá cuando tenía 12 años

Jimena Barrionuevo
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11 de septiembre de 2018  • 00:34

"Ahora soy vegetariana. Así que si quieren comer carne, se la cocinan ustedes", le dijo su mamá a Eva Henderson y su hermana una tarde de verano que anunciaba vientos de cambio. Tenía tan solo 12 años y aunque había advertido algunos cambios en el estilo de vida de su mamá -que había comenzado a practicar yoga y se mostraba muy interesada en la meditación- en ese momento no supo comprender que para ser coherente con esa práctica que había incluido en su vida, su madre necesitaba claridad mental. Por lo menos eso era lo que le había explicado cuando le informó su decisión acerca de eliminar las carnes de su dieta.

"En ese entonces estaba en séptimo grado y recuerdo que volvía de la escuela con mucho hambre. Ponerme a cocinar a esa edad no parecía una buena idea, por lo que al tiempo desistí de comer carne y me sumé a lo que mi madre preparaba. Así fue que atravesamos la famosa transición sin muchos conocimientos. Al principio comíamos las típicas verduras hervidas (insulsas y nada atractivas), ensaladas con arroz (siempre había arroz) y por supuesto, lo clásico del vegetariano no informado que recién comienza: muchas harinas".

Por esos años el hambre era una constante en sus días. Eva estaba en plena etapa de desarrollo y necesitaba acostumbrarse a la nueva ingesta que estaba teniendo. Pero con el paso del tiempo el malestar fue cediendo. "Siempre había sido constipada, así que lo primero que observé era que iba mucho más de cuerpo. Al dejar la carne, que de por sí es muy saciante, uno come un volumen mucho mayor de vegetales y frutas que aportan fibras". En el colegio se había convertido en el "bicho raro", objeto de burlas y gastadas. "Me decían la vegetariana como un rótulo y en la secundaria nunca faltaba el chiste machista y sexual: ¿no comés carne de ningún tipo? Por su parte, los médicos tampoco contaban con información, ni sabían orientarte sobre cómo cubrir recomendaciones de hierro o calcio. Si te hacías un análisis y estabas anémica, lo único que se les ocurría decirte era volvé a comer carne".

Eva enfrentó períodos de fuertes anemias. Como tenía menstruaciones intensas, sus niveles de hierro no eran los necesarios, así que tuvo que tomar algunos suplementos. Además, como no tenía una buena planificación en la dieta, las harinas ocupaban más lugar que las legumbres, y las deficiencias estaban a la orden del día. Visitó diferentes consultorios médicos y se hizo análisis de todo tipo. Pero nunca logró dar con un especialista en dietas vegetarianas. "La sugerencia siempre era volvé a comer carne, posibilidad que ya no me planteaba, porque además de el sólo hecho de ver sangre, carne cruda y sentir su olor me causaban impresión y repulsión".

El alimento como medicina

Aunque no había sido una elección consciente en su momento, a medida que Eva fue creciendo y notando los beneficios de la dieta vegetariana -desaparecieron la constipación y los dolores intestinales, por ejemplo- lo adoptó como un estilo de vida que fue perfeccionando a lo largo de su vida. A los 21 años fue mamá de Malena y llevó adelante su embarazo vegetariano con éxito. Su hija nació a término y en perfectas condiciones de salud. "Pero como los médicos sabían que yo era vegetariana nos tuvieron un día más internadas para hacerle estudios por las dudas".

Por aquellos años también estudió y ejerció la docencia en la escuela secundaria, enseñaba Biología. Ese fue su primer acercamiento a las ciencias. Ahí aprendió y le gustó enseñar sobre nutrientes: hidratos de carbono, proteínas, grasas. "Tiempo después sentí que esa no era mi vocación, que había que seguir buscando y que la cosa venía por eso que más me gustaba: la nutrición. Corría 2012 y me propuse hacer la carrera de Nutrición en la Universidad con el objetivo de poder brindarles a otros lo que yo no tuve: asesoramiento profesional con aval científico para vegetarianos y veganos. Me propuse romper con los prejuicios, derribar los mitos sobre dietas basadas en plantas: ni los lácteos son los únicos alimentos que aportan calcio, ni la carne es la única fuente de proteínas".

El camino no fue fácil, tuvo sus idas y vueltas pero su deseo por aprender y mejorar cada día su salud y bienestar la fueron llevando a investigar las propiedades de cada alimento. Cursó la carrera en cuatro años y medio sin jamás haber dudado de que ese fuera su camino y con la firme creencia de que toda dolencia debe ser sanada desde el interior.

Eva logró cumplir su objetivo y superarlo con creces. Asegura que hoy en su consultorio de nutrición consciente no sólo recibe pacientes que quieren ser vegetarianos o veganos, también promueve un estilo de vida con base en una alimentación consciente dando charlas y conferencias y que su objetivo es que el otro logre identificar y sanar patrones reactivos de conducta hacia la comida, ayudando a cultivar la alegría y el placer de comer la cantidad justa. "Es increíble ser testigo del cambio que estamos experimentando, pasamos de ser los raros, a formar parte de una tendencia que no para de sumar adeptos. Somos testigos de las nuevas generaciones de adolescentes y jóvenes preocupados por el cambio climático y el sufrimiento animal. Hoy hay niños que les dicen a sus padres que no quieren comer animales. Hoy hay una mayor sensibilidad y conciencia en ese sentido".

Eva asegura que ser vegetariana cambió por completo su vida hasta volverse su propia identidad y que eso le permite ayudar a otros a experimentar una transformación. "Finalmente, después de todo este camino recorrido puedo comprender lo que mi mamá intentó transmitirnos en aquel entonces. Ya lo decía Hipócrates, el gran padre de la medicina, con la famosa frase que tu alimento sea tu medicina. Pero también desde hace unos 5 mil años el Ayurveda, que clasificó a los alimentos según promuevan ciertos estados o Gunas mentales: satvicos, rajasicos y tamásicos. A las carnes y los alimentos procesados como fiambres los pusieron como tamásicos, porque promueven un estado letárgico, de inercia y pesadez mental. Por el contrario, los alimentos satvicos son los que promueven claridad mental, un estado pacífico y benevolente. Dentro de esta clasificación están las frutas, los vegetales, las semillas y los frutos secos activados. Mi mamá necesitaba claridad mental y su búsqueda fue hacia ese lado".

Tres generaciones de vegetarianas: Malena, hija de Eva y la mamá de Eva
Tres generaciones de vegetarianas: Malena, hija de Eva y la mamá de Eva

La voz del especialista

Gabriela Martínez Castro es Licenciada en Psicología egresada de la Universidad de Belgrano , Máster en Psicología Clínica, (MN 18627) y Directora de CEETA (Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad). En este audio reflexiona acerca del bullying ante situaciones como las de Eva cuando era chica y cómo afecta a los pre-adolescentes que en esa etapa de su vida necesitan funcionar en grupo y sentirse parte del mismo.

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