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Palacio Ortiz Basualdo: un tesoro Beaux Arts en el corazón de Buenos Aires

La casa que perteneció al matrimonio Ortiz Basualdo-Zapiola es hoy la sede de la Embajada de Francia. Construido entre 1912 y 1918, está considerado uno de los edificios que mejor representa la arquitectura del academicismo francés. Guarda una gran variedad de estilos que reflejan el valor artístico
La casa que perteneció al matrimonio Ortiz Basualdo-Zapiola es hoy la sede de la Embajada de Francia. Construido entre 1912 y 1918, está considerado uno de los edificios que mejor representa la arquitectura del academicismo francés. Guarda una gran variedad de estilos que reflejan el valor artístico Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones
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11 de septiembre de 2018  • 16:43

En 1910, un sólido progreso económico respaldaba el "milagro argentino" y eso era evidente en el joie de vivre de la alta sociedad. Los campos y sus cosechas marcaban liderazgo en los mercados internacionales y, con solo un siglo de vida, la joven república se posicionaba como el granero y la primera exportadora de carnes del mundo.

El estilo inglés se manifiesta con fuerza en la escalera de honor, donde se destacan formas de los siglos XVII y XVIII. Las barandas en línea Chippendale -con enormes fruteros tallados en madera que fueron hechos por la casa inglesa Waring Gillow- conducen al hall del primer piso.
El estilo inglés se manifiesta con fuerza en la escalera de honor, donde se destacan formas de los siglos XVII y XVIII. Las barandas en línea Chippendale -con enormes fruteros tallados en madera que fueron hechos por la casa inglesa Waring Gillow- conducen al hall del primer piso. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

La decoración del imponente vestíbulo circular con sus mármoles policromos, las paredes revestidas en madera tallada y las pilastras corintias.
La decoración del imponente vestíbulo circular con sus mármoles policromos, las paredes revestidas en madera tallada y las pilastras corintias. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

La fachada lateral, donde se destaca la torre cilíndrica en el ángulo izquierdo, coronada con una cúpula recubierta de pizarra.
La fachada lateral, donde se destaca la torre cilíndrica en el ángulo izquierdo, coronada con una cúpula recubierta de pizarra. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

Llevados por ese período de bonanza, los Ortiz Basualdo y otras familias patricias edificaban suntuosas casas y adquirían los gustos y el estilo de vida de la Belle Epoque. Así fue que en 1911, Daniel Ortiz Basualdo -quince años después de haberse casado con Mercedes Zapiola Eastman- empezó a buscar a la promesa del atelier parisino de Edmond Paulin -la prestigiosa escuela de arquitectura a la que acudían estudiantes de todo el mundo- para que le construyera su mansión en Buenos Aires. Los hijos del matrimonio Ortiz Basualdo-Zapiola -Magdalena, Daniel y Mercedes- ya habían nacido y era necesario tener una residencia a la altura de las circunstancias.

La sala de música es de estilo Luis XV. Los motivos chinescos -que completan el salón- se usaron en la decoración de palacios y castillos franceses de mediados del siglo XVIII.
La sala de música es de estilo Luis XV. Los motivos chinescos -que completan el salón- se usaron en la decoración de palacios y castillos franceses de mediados del siglo XVIII. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

La entrada a la sala de música, epicentro del edificio. El marco de madera tallada es un ejemplo de la lujosa decoración que eligieron los Ortiz Basualdo.
La entrada a la sala de música, epicentro del edificio. El marco de madera tallada es un ejemplo de la lujosa decoración que eligieron los Ortiz Basualdo. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

El hall circular del primer piso, con su cielo raso y el meticuloso diseño del parquet, tiene en sus paredes reproducciones de obras del pintor francés Joseph Vernet (1714-1789) que representan puertos de Francia y vistas de Italia.
El hall circular del primer piso, con su cielo raso y el meticuloso diseño del parquet, tiene en sus paredes reproducciones de obras del pintor francés Joseph Vernet (1714-1789) que representan puertos de Francia y vistas de Italia. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

En pocos lugares de Argentina puedo sentir tan cerca a Francia como en este palacio
Jean-Pierre Asvazadourian

Así se originó el proyecto de uno de los mejores exponentes de la influencia francesa en Buenos Aires. En 1912, Daniel contrató al arquitecto francés Paul Eugene Pater (1879-1966) para que desplegara su fantasía y edificara un ejemplar único. Solamente le dio una consigna: la fachada debía ser monumental como un palacio, para que evidenciara su fortuna. La ubicación no podía ser mejor, ya que el dueño logró comprar un terreno frente a la Plaza Carlos Pellegrini, justo en la esquina de Arroyo y Cerrito.

Como las grandes residencias de la época, siguió el modelo del hôtel particulier francés de cuatro niveles que se popularizó en el siglo XVII, cuyas versiones más grandiosas emulan los castillos del "período de los Luises", como Vaux-Le-Vicomte y Maisons- Laffitte: sótano, doble planta, piso de dependencias particulares y mansarda para el servicio. Fiel a las consignas, Pater logró un equilibrio entre el exterior y los espacios interiores, para recrear los elementos arquitectónicos de la tradición francesa. Daniel y Mercedes estrenaron su residencia en 1918.

La grande salle de bal interpreta una versión más temprana del estilo Luis XV. En ella resaltan las doradas boiseries, decoradas con instrumentos musicales, las arañas de cristal y los detalles de hierro forjado de las puertas y ventanas.
La grande salle de bal interpreta una versión más temprana del estilo Luis XV. En ella resaltan las doradas boiseries, decoradas con instrumentos musicales, las arañas de cristal y los detalles de hierro forjado de las puertas y ventanas. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

LOS MEJORES ANFITRIONES

Como muchas de las familias de la época, los Ortiz Basualdo llevaban un sofisticado estilo de vida, marcado por copiosos gastos en objetos, ropas y viajes. Pasaban los inviernos en Europa y se daban el lujo de llevar una vaca a bordo del barco para tener leche fresca durante la travesía. Y en verano, se instalaban en Mar del Plata, ese "Biarritz argentino" que sorprendía por su belleza y sofisticación. En Buenos Aires, Mercedes visitaba a sus amigas en una coupé Ford Victoria y era una de las damas que mejor ejercía el arte de recibir. No en vano, las fiestas de los Ortiz Basualdo eran el lugar para ver y ser visto. En 1925, ofrecieron el palacio de Cerrito y Arroyo como residencia oficial del príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, heredero de la corona británica, que en diciembre de 1936 abdicó para poder casarse con el amor de su vida, Wallis Simpson. El tío de Isabel II quedó maravillado por la hospitalidad de Daniel y Mercedes y por la arquitectura y decoración de la residencia. Tanto, que años después -cuando asumió el trono solamente por 325 días bajo el nombre de Eduardo VIII- encargó la redecoración de varios ambientes del Palacio de Buckingham a las mismas casas contratadas por los Ortiz Basualdo: Jansen de París y Waring & Gillow de Londres.

El jardin d'hiver -devenido en un living- sobresale por la luminosidad y el piso damero de mármol. Este salón de grandes ventanales estilo Tudor era el lugar en el que Mercedes Zapiola de Ortiz Basualdo (izquierda) tomaba el té con sus amigas.
El jardin d'hiver -devenido en un living- sobresale por la luminosidad y el piso damero de mármol. Este salón de grandes ventanales estilo Tudor era el lugar en el que Mercedes Zapiola de Ortiz Basualdo (izquierda) tomaba el té con sus amigas. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

La gran chimenea de la sala de billar. El arquitecto Pater se inspiró en el Renacimiento francés para diseñarla.
La gran chimenea de la sala de billar. El arquitecto Pater se inspiró en el Renacimiento francés para diseñarla. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

Mercedes Zapiola de Ortiz Basualdo
Mercedes Zapiola de Ortiz Basualdo Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

Me encanta caminar por la casa y sentir que estoy viajando por toda Europa. La mezcla de estilos es fantástica y la maestría con la que fueron combinados es extraordinaria
Jean-Pierre Asvazadourian

L'AMBASSADE EN ARGENTINA

En 1929, Daniel -el único hijo varón de los Ortiz Basualdo- murió a los 28 años, y eso hundió a Mercedes en una profunda depresión. Desde entonces, ella decidió pasar más tiempo en sus estancias que en Buenos Aires, por lo que en 1939 el matrimonio vendió la residencia al gobierno de Francia para que la convirtiera en sede de su embajada. Allí, Jean-Pierre Asvazadourian, el actual embajador, recibió a ¡Hola!

-¿Cómo es vivir en semejante palacio?

-Es realmente una experiencia única, ya que por momentos siento que estoy en Quai d'Orsay. Debo decir que más allá de que esta sea la Embajada de Francia, en pocos lugares de Argentina puedo sentir mi país tan cerca como en este palacio. Es uno de los edificios de la ciudad que guardan la gran tradición francesa de la arquitectura beaux arts. Recuerdo que cuando crucé por primera vez la puerta de entrada, quedé maravillado por la suntuosidad del edificio y el refinamiento de los ambientes. Realmente existen pocas ciudades en el mundo en la que se vivió a imagen y semejanza de París, y Buenos Aires es una de ellas.

-¿Qué es lo más atractivo de esta casa?

-Me encanta caminar por ella y, en el recorrido, ir sintiendo que estoy viajando por toda Europa. La mezcla de estilos es fantástica y la maestría con la que fueron combinados es extraordinaria.

La biblioteca combina revestimientos de madera y los cielos rasos de estilo Tudor, con una importante chimenea sobre la que se ve un retrato del mariscal Ferdinand Foch (1851-1929), comandante en jefe de los ejércitos aliados durante la Primera Guerra Mundial.
La biblioteca combina revestimientos de madera y los cielos rasos de estilo Tudor, con una importante chimenea sobre la que se ve un retrato del mariscal Ferdinand Foch (1851-1929), comandante en jefe de los ejércitos aliados durante la Primera Guerra Mundial. Fuente: HOLA - Crédito: Tadeo Jones

-¿Y de Argentina?

-Este es un país maravilloso por el que viajo todo el tiempo. Tengo mucho afecto por Argentina y su diversidad me enamoró desde el primer día. Su riqueza, su geografía y su naturaleza es algo que realmente cautiva. El día que tenga que irme voy a extrañar muchas cosas, pero sobre todo a la gran cantidad de amigos que he hecho aquí, porque en estos cuatro años he generado vínculos muy fuertes. Como diplomático, mi profesión me ha dado muchas cosas, pero creo que el haber sido designado embajador en Argentina fue una de las más gratificantes.

-¿Cómo es ser embajador de Francia en un país tan francófilo como este?

-Creo que en pocos lugares me he sentido tan cómodo. El recibimiento por parte de los porteños fue realmente muy cálido, porque los argentinos valoran enormemente la cultura de mi país.

-Tengo entendido que la embajada se abre una vez al año para que pueda ser visitada.

-Así es. Lo hacemos a mediados de septiembre, el mismo día que en Francia se celebran las Jornadas del Patrimonio, cuando se abren todos los edificios históricos que son propiedad del Estado. Es muy grato ver que cada año aumenta la cantidad de visitantes. Este año, por ejemplo, hubo cuatro mil personas. Se organizan recorridos con guías especializados para que la gente pueda conocer la historia del edificio y los distintos estilos de decoración. Estoy convencido de que es muy importante que los argentinos valoren su patrimonio y se sientan orgullosos.

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