Palabras

11 de septiembre de 2018  

Además de gambetas magistrales y goles antológicos, Diego Maradona ha sabido producir frases que se volvieron legendarias, como aquella de "la pelota no se mancha". Pero, a diferencia de la pelota, cuyos caprichos entendía como nadie, las palabras no siempre se le revelaron dóciles ni maleables. La picaresca que ha escondido detrás de expresiones como "cabeza de termo", "se le escapó la tortuga" o "le tomó la leche al gato", incorporadas al lenguaje popular, se le rebela en circunstancias más formales. Como con Bielsa, cuyas conferencias de prensa son mucho más atractivas que los partidos que disputan sus equipos, las exposiciones de Maradona generan cierto morbo, relacionado con su probada eficacia para causar sensación y -también- con la comprobación de que en esa escena las palabras se le vuelven en su contra.

En su presentación como entrenador de los Dorados de Sinaloa, ayer, en México, soltó expresiones como esta: "Asumo esta responsabilidad como quien tiene un hijo en sus brazos". O, hablando del espíritu, como esta otra: "Si yo les puedo inyectar eso a los jugadores, va a ser bravo ganarnos". Son expresiones con las que no podía más que hacerse daño a sí mismo. Con la pelota, en cambio, el daño se lo infligía a los rivales.

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