Claves para que mi sueño profesional se haga realidad

Andrea Churba
Andrea Churba PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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11 de septiembre de 2018  • 00:17

¿Qué quiero conseguir? ¿A dónde quiero llegar en mi trabajo, con mi profesión? ¿Qué me gusta, qué me hace feliz?

En un entorno cambiante y competitivo, si quiero crecer y evolucionar, lo peor que puedo hacer es quedarme esperando a que se alineen los planetas o a que alguien me acerque una oportunidad. Probablemente, nada de eso vaya a pasar. También es idealista e ingenuo ese enfoque, tan difundido hoy, que pregona que "Todo lo que te propongas lo podrás lograr". Claramente, no todo depende de mí. Pero las probabilidades de llegar a donde quiero aumentan cuando me asumo como protagonista de mi propio desarrollo, salgo a provocarlo y lo gestiono como mi mejor proyecto.

Mi proyecto de autodesarrollo = sueño + plan

Magdalena sueña con tener un trabajo creativo y variado. Hoy está en Producción, y cree que el área de Marketing es más acorde a sus intereses y sus habilidades, ya sea en la compañía química en la que trabaja o en otra.

El sueño de Guillermo es liderar un proyecto grande y multidisciplinario. También le gustaría viajar y vivir experiencias fuera del país. Convertirse, algún día, en gerente de Nuevos Negocios, equipo del cual hoy forma parte, le daría acceso al tipo de rol y al estilo de vida que elige.

Joaquín se ve en el futuro como un emprendedor independiente. Cree que tiene los conocimientos, la habilidad y el empuje para emular a los líderes que admira y llegar, quizás en unos años, a ser el dueño de una compañía tecnológica innovadora y global.

Tener claro el lugar al que quiero llegar, al menos como próximo paso, me motiva y me encamina en una dirección determinada. Sin embargo, no es suficiente para que mi sueño se convierta en realidad. Si no tengo un plan, es posible que se quede en deseo, se evapore en las urgencias y distracciones cotidianas o quede a la deriva del contexto, o de lo que otros elijan para mí.

Tres claves para transformar mi autodesarrollo en un proyecto

Hay tres condiciones genuinas para tomar las riendas de mi propia evolución:

1.Que el objetivo sea iniciado y mantenido por mí:

Es útil creer que yo soy el responsable de tomar la iniciativa y llevar adelante mi propio objetivo. De nada sirve pensar que, para lograr acceso al rol que busco, "mi jefe tiene me tiene que ver" o "la compañía me tiene que valorar". Para activar ese cambio es mejor pensar cómo me estoy mostrando, y qué puedo hacer para volverme más visible, más atractivo e interesante.

2.¿Puedo? ¿Quiero?

Los objetivos utópicos, demasiado ambiciosos y lejanos, suelen conducir al desánimo y a la frustración. ¿Cómo puedo dividir mi objetivo en desafíos más pequeños, que sean factibles y alcanzables en el corto plazo? ¿Cuáles son las acciones y los pasos concretos para dirigirme al lugar que quiero con consistencia?

Es difícil no dispersarse cuando abrimos demasiados frentes a la vez. ¿Cuánto tiempo estoy dispuesto y puedo dedicar a invertir en mi propio desarrollo? ¿Qué, de lo que hago hoy, puedo dejar de hacer para enfocarme más en mi desarrollo? Graduar la energía me ayuda a sostener el esfuerzo en el tiempo y me mantiene motivado para no tirar la toalla ante las dificultades.

Por otra parte, es bueno preguntarse de antemano por las consecuencias que puede traer, para mí mismo y para mi entorno, el plan para lograr lo que quiero. ¿Cómo va a afectar mi estilo de vida, mis otras actividades y la relación con mi familia? Y si encuentro conflicto: ¿Cómo podría adaptar mi proyecto para conciliar estos aspectos y minimizar los posibles costos?

3.Sé cómo hacerlo, y tengo los recursos necesarios:

Preguntarme qué, cuándo y con quién me permite tomar el control y ordenar el proyecto en pasos específicos. En cada caso, definir CÓMO lo voy a hacer "baja" el plan ideal a acciones concretas que se traducen en resultados tangibles.

QUÉ: ¿En qué aspectos me tengo que transformar para alinearme con lo que deseo, con las demandas del contexto, la empresa y el negocio? Por ejemplo: si hoy lidero un equipo chico, ¿qué competencias necesito mejorar o aprender para liderar proyectos más ambiciosos? ¿Cómo lo voy a hacer?

CUÁNDO: ¿En qué plazo preveo que voy a lograr mi objetivo? No es lo mismo decir "quiero ocupar X rol", que decir que lo quiero en el plazo de dos años. Establecer una fecha estimativa me ayuda a enfocarme y mantenerme en movimiento. ¿Cómo lo voy a hacer?

QUIÉN: ¿A quiénes necesito convertir en aliados estratégicos? ¿Quién puede ser mi patrocinador o mi mentor? ¿A quién podría ir preparando para que me reemplace, de modo que esa cuestión no se vuelva un obstáculo en mi camino de crecimiento? Mirar sistémicamente, crear lazos, cultivar relaciones y ampliar mi red de contactos es imprescindible para que mi plan pueda avanzar. ¿Cómo lo voy a hacer?

¿Y QUÉ MÁS? ¿Alcanza con lo que pensé? ¿Qué otras alternativas existen y no estoy viendo?

Seguir avanzando con flexibilidad

Los planes de autodesarrollo no tienen un final. No existe más decir: "Basta, hasta acá llegué". A medida que voy cumpliendo el objetivo, voy mirando el contexto, o tal vez cambien mis deseos, y voy adaptando mi proyecto con flexibilidad: lo reviso, lo modifico, lo actualizo o lo descarto, porque quizás ya se volvió obsoleto.

Aunque no dependa totalmente de mí ni tenga garantías de llegar adonde quiero, diseñar y gestionar mi proyecto de autodesarrollo me da más control sobre mi futuro y hace más probable que se abran las oportunidades que necesito.

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