Declaró un testigo clave en el segundo juicio contra 11 policías por un asesinato

Los padres de Fabián Gorosito
Los padres de Fabián Gorosito Crédito: Télam
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11 de septiembre de 2018  • 13:27

El 15 de agosto de 2010, el cuerpo de Fabián Gorosito apareció flotando boca abajo en la zanja de un descampado de Mariano Acosta, Merlo. La primera hipótesis hecha trascender por la policía fue que se había ahogado. Pronto se supo que, efectivamente, había muerto por asfixia, pero no accidental, sino provocada: lo habían asesinado. La investigación posterior atribuyó el crimen a 11 policías de la zona, una supuesta venganza contra el joven, que tenía 22 años, porque mantenía una relación sentimental con la esposa de uno de ellos. Hubo un juicio en el que todos los acusados salieron absueltos. Pero en 2014 la Cámara de Casación bonaerense anuló ese fallo por la "valoración arbitraria de la prueba" y ordenó un nuevo proceso. El segundo juicio comenzó hace tres meses y ayer declaró un testigo clave para la acusación.

Se trata de un hombre que estaba preso en la comisaría de Mariano Acosta cuando, afirma, vio que varios agentes ingresaban a la seccional con un joven al que tiraron al piso y, mientras unos lo retenían sosteniéndolo de brazos y piernas, otros le pagaban salvajemente; tanto, que cuando los vio un subcomisario les dijo que "pararan" porque "se estaban pasando". Ese joven, según la fiscalía y la querella, era Gorosito.

Este testigo sufrió amenazas antes y durante el primer juicio. De tal tenor eran que fue puesto preventivamente bajo el sistema de protección de testigos y, en consecuencia, debió irse de donde vivía a un lugar no revelado. Actualmente vive en otro lugar del país, donde reconstruyó su vida, y viajó especialmente para declarar ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Morón, según explicó a LA NACIÓN Margarita Jarque, abogada de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) de la provincia de Buenos Aires, que actúa como veedora del proceso.

María Teresa Viera, madre de Fabián, sostiene que su hijo había sido víctima de hostigamientos e incluso del armado de una causa por robo y violación antes de aquella venganza final a la que atribuye la motivación del crimen por la cual responsabiliza a Adrián Giménez, Pablo Nievas, Raúl Ortiz, Cristian Fortunato, Luis Fernández, Hernán Oviedo, Gabriel Sánchez, Leonardo Ose, Rubén Villalba, Marcelo Dipierro, Gonzalo Cueli y Aixa Soledad Sosa (pareja de Giménez y, supuestamente, amante de Gorosito).

En 2013, el Tribunal Oral Nº 5 de Morón, integrado por los jueces Carlos Thompson, Susana De Carlo y Angélica Parera, los absolvió a todos (incluidos cinco agentes que habían llegado al debate con prisión preventiva). La CPM pidió el jury de los magistrados por su mal desempeño a lo largo de las audiencias. No prosperó porque dos se jubilaron y uno de ellos -Thompson- murió.

Había otro imputado: el oficial Ángel Manuel Sosa; no fue parte de ese juicio porque alegó problemas psiquiátricos. Un año después, y cuando el fallo del TOC 5 había sido objetado por la fiscalía y la querella, el TOC 1 lo condenó a 13 años de prisión como coautor de los delitos de sustracción y retención de personas, allanamiento ilegal de morada y aplicación de tormentos contra Maximiliano Silva y los hermanos Daniel y José Mancini. Estos tres jóvenes fueron detenidos tres días antes del asesinato de Gorosito. No habían hecho nada, salvo ir a comprar unas cervezas; el verdadero motivo de su detención fue "apretarlos" para que revelaran el paradero de Fabián, el "objetivo mayor".

Según explicaron fuentes judiciales, durante el proceso se pudo reconstruir que existieron dos grupos: el que participó en la venganza de forma activa -Gorosito fue "levantado" de la calle y llevado a la seccional, donde le aplicaron una intensa sesión de "submarino seco", entre varios tormentos- y el que se encargó de encubrirla. En su alegato, la fiscalía consideró que "lo que rompió ese cerco de encubrimiento fue nada más que una circunstancia: Fabián tiene un tío que es policía y toda la Departamental de Merlo hablaba del tema".

Jarque explicó a LA NACIÓN, los hermanos Mancini y Silva ya declararon en este nuevo juicio y ratificaron que fueron víctimas de torturas graves en la seccional de Mariano Acosta entre el 11 y el 12 de agosto de 2010. Los tres (además de una chica que fue novia de uno de ellos hace ocho años) cuentan con custodia. Tres días después, finalmente, el que cayó fue Gorosito. En este punto es donde cobra relevancia la declaración del testigo protegido que viajó especialmente para dar su testimonio.

Este testigo relató que estuvo detenido durante ocho meses en una de las dos zonas de calabozos de la comisaría de Mariano Acosta. Que desde donde estaba pudo ver cómo ingresaban a un joven y lo tiraban boca abajo al piso y lo tenían de los brazos y las piernas mientras le pegaban. Dijo que a ese joven -al que identificó como Gorosito- lo ingresaron a un calabozo enfrente del suyo, aunque rápidamente lo sacaron.

Según se pudo reconstruir, a Fabián lo encontraron, lo corrieron por un descampado, de noche, lo atraparon y lo llevaron a la comisaría, donde aparece en escena el testigo.

Más tarde, el cuerpo de Gorosito sin vida en una zanja, donde se pretendió simular que había caído.

"Las tres víctimas del apriete previo al asesinato de Fabián fueron muy contundentes en sus dichos. Están muy afectadas. Uno de ellos tiene ataques de pánico. Ellos iban a comprar cerveza y creyeron que esos hombres de civil que los interceptaron les querían robar los celulares. Pero eran policías, los llevaron a la comsaría, los torturaron y, como estaban muy golpeados, los llevaron a otra seccional. Recién los liberaron una semana después, cuando ya habían bajado las marcas de los golpes que les habían dado", dijo Jarque.

Hoy se realizó un reconocimiento en la comisaría de Mariano Acosta- Lo hizo la madre de Maximiliano Silva, que es quien fue durante la madrugada a buscar a su hijo a la comisaría de Mariano Acosta. La mujer, en la instrucción, declaró que los policías le negaron que estuviera allí. En el juicio contra el policía Sosa se probó que era mentira.

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