Córdoba: en fallo inédito, condenan a un músico a 14 años por acoso, aunque nunca hubo contacto físico

Franco Carignano
Franco Carignano Crédito: archivo
Gabriela Origlia
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11 de septiembre de 2018  • 16:55

CÓRDOBA. El músico Franco Carignano fue condenado a 14 años de cárcel por seducir y extorsionar a nueve mujeres a través de las redes sociales. El fallo es novedoso porque se reconoció la existencia de los abusos sexuales aunque en ningún caso hubo contacto físico. El extecladista del grupo Trulalá está detenido desde fines de 2016.

El juez de la Cámara 8ª del Crimen, Juan Manuel Ugarte, condenó a Carignano por coacción calificada por anonimato, abuso sexual gravemente ultrajante calificado por el grave daño a la víctima, facilitación o producción de imágenes pornográficas y corrupción de menores. De las víctimas, cuatro son menores de edad.

El fiscal Hugo Almirón había solicitado una condena de 15 años de prisión, por las mismas figuras penales que se impusieron en la sentencia.

La acusación contra Carignano comenzó en 2009, cuando la primera de las víctimas denunció que había empezado a recibir mensajes extorsivos a través de Messenger. Casi siete años de horror vivió la joven, que acudió a la Justicia en 2012; el músico fue detenido en 2016. Tenía decenas de perfiles y, en su computadora, cientos de fotos íntimas de más de 50 mujeres, muchas de ellas, menores.

El número de damnificadas no tiene precedente en el país. Carignano, de 28 años, no tenía conocimientos avanzados de informática y usaba tecnologías comunes. Desde un perfil falso entablaba una relación con una mujer y, cuando lograba cierto grado de confianza e intimidad, le pedía que le enviara fotos de ella desnuda; con ese material en su poder empezaba a extorsionarla diciéndole que si no le mandaba otras publicaría las que tenía. En algunos casos, cuando fue desobedecido, cumplió con su amenaza.

La primera denunciante nunca conoció personalmente a Carignano ni sabía quién era. "Después del primer envío, consentido, le aparecían perfiles distintos -incluso de mujer- diciéndole: «Soy el de las fotos» y pidiendo más", se explicó. El reclamo era en tiempo real: daba indicaciones sobre qué pose debía adoptar la víctima o qué gesto hacer. De esa manera evitaba que le enviaran cualquier imagen.

La investigación se complicó porque el primer proveedor de Internet de Carignano se negó a identificar al usuario; las empresas no están obligadas a dar esa información. El caso desembarcó a inicios de 2016 en el área de Coordinación y Seguimiento de Cibercrimen y allí comenzó de nuevo el análisis de todo el material que había aportado la denunciante.

Los especialistas agradecieron que la joven hubiese conservado todo el material y hubiera hecho capturas de pantalla; eso les permitió avanzar. En este tipo de investigaciones no se permite que los agentes se hagan pasar por la víctima (lo que se conoce como "agente provocador") y ese factor complicó aún más todo el proceso.

Lograron identificar que el ciberacosador era Carignano a fines de 2016, mientras extorsionaba a la joven; lo detuvieron y le secuestraron todo el material que había en su casa. Las fotos de las víctimas no estaban identificadas por sus nombres reales. Apenas fue apresado se lo acusó de extorsión, pero después la imputación se agravó.

Cuando Carignano quedó preso la mujer denunciante contó en una carta abierta que había pensado en suicidarse: "Cuando no le contestaba me enviaba mensajes privados como: '¿No pensás contestar? Mirá la foto de perfil que subí, acá comienza todo si no contestás'. Siempre recalcando que iba a subir mis fotos y videos etiquetando a mi familia y amigos (?). Le pedía por favor que me dejara tranquila, pero a él nada le importaba, sólo le interesaba que le enviara fotos y videos y me describía las posiciones que él deseaba".

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