Independiente: la terapia urgente de Holan para recuperar el juego

Ariel Holan Crédito: infiernorojo
11 de septiembre de 2018  • 23:59

¿Cuándo fue la última vez, Independiente? Seguro no la noche del 1-0 a Boca en Avellaneda, por más euforia que haya despertado, ni la del Maracanazo ante Flamengo, logrado con mayor actitud competitiva que fútbol de nivel. Hay que ir más atrás, a la goleada ante Nacional en Asunción, cuando empezó a fraguarse la conquista de la Sudamericana, o quizás al 3-1 en el debut contra Huracán en la Superliga pasada.

En todo caso, la memoria necesita retroceder casi un año para recordar un partido redondo del Rojo, uno de esos encuentros donde se mezcla un control del juego prácticamente de principio a fin, la contundencia ofensiva, la seguridad en la retaguardia y hasta una pátina de brillantez. Demasiado tiempo para un equipo edificado sobre la base del buen fútbol y la pelota tratada con cariño.

La pretensión de "pelear en todos los frentes", pregonada desde el comienzo de la temporada, desbarrancó más rápido de lo previsto. Eliminado sorpresivamente por Brown de Adrogué en la Copa Argentina y a los tumbos en el torneo local, el equipo de Ariel Holan se aproxima al duelo ante River por los cuartos de final de la Libertadores envuelto en un inesperado manto de preocupación y con los números en contra: la última victoria sobre el césped fue hace más de un mes, en Osaka y con un pálido 1-0. Desde entonces se acumulan 5 empates y una caída ante Defensa y Justicia, pero sobre todo, una deuda con el juego que lleva muchos meses acumulándose en la columna del debe.

"Lo más doloroso es que no jugamos como yo quiero", disparó el técnico minutos después del cachetazo recibido el lunes en cancha de Lanús. Su catarsis, por primera vez en mucho tiempo, dejó de apuntar al cansancio por la acumulación de partidos, el ya lejano viaje a Japón o la complicidad arbitral con la violencia o la mezquindad empleada contra los suyos. Ni siquiera hizo demasiado hincapié en la ausencia de cinco titulares: Bustos, Franco, Meza y Hernández, convocados por sus selecciones; y Francisco Silva, lesionado.

Esta vez, sus dardos fueron clavándose en el rendimiento individual y colectivo de sus dirigidos: "Me preocupan los rendimientos individuales cuando tenemos que hacer cambios"; "este fue un partido para sacar conclusiones"; "para jugar en la Primera de Independiente hay que ganarse el puesto", fueron algunas de las frases que utilizó para expresar su desencanto.

La realidad indica que Independiente no completa una actuación convincente desde el brindis que saludó la llegada de 2018. Aquel equipo del primer semestre de 2017 que cautivaba por su fútbol ofensivo, agresivo en la recuperación, rico en variantes de ataque y cuyo único defecto era la falta de contundencia se fue diluyendo y las cualidades que enamoraron a propios y extraños se transformaron en un aura, una declaración de intenciones que muy pocas veces alcanza a concretarse.

"El fútbol argentino es muy parejo, muy friccionado, y se hace difícil jugar bien", sostiene Martín Campaña. No se le puede negar la razón, pero en todo caso su argumento solo explica una parte del proceso, porque en aquellos primeros encuentros con Holan al mando los rivales eran los mismos y el juego, otro muy diferente.

Un poco como River en el ciclo Gallardo -sorprendente y brillante durante un par de meses; lleno de altibajos después, competitivo y de dientes apretados en ocasiones puntuales-, el Rojo lleva todo el año moviéndose por ráfagas. Alterna momentos de enorme intensidad y altura futbolística con otros de ritmo lento y errores constantes, incluso dentro de un mismo partido.

El frenético primer tiempo ante Corinthians en San Pablo en mayo o incluso los largos minutos de inferioridad numérica frente a Gremio en los dos partidos de la Recopa en febrero no guardan ninguna relación con lo visto contra Estudiantes o Brown de Adrogué en las últimas semanas ni en muchos otros partidos de nivel semejante.

Solo que en esta ocasión Ariel Holan entendió el momento de manera instantánea y comenzó su terapia de reconocimiento y autocrítica severa en la misma puerta del vestuario de Lanús. ¿Será esta la receta necesaria para que Independiente recupere la memoria del juego perdido? En siete días, cuando River visite Avellaneda, podrán evaluarse los primeros resultados...